América Latina: la pobreza se viste de mujer

Entre los días 18 y 21 de enero se desarrollará, en Santiago de Chile, la III Cumbre de Agendas Locales de Género “Mujer y Ciudad”, en donde se reflexionará críticamente sobre la inequidad de género existente y se plantearán propuestas para intentar superarla.

En Latinoamérica el 28% de la población vive en la pobreza y el 12%, en la indigencia. Pero estos flagelos, que menoscaban la dignidad e integridad humanas en general, no afectan a hombres y mujeres por igual ya que, entre éstas últimas, se encuentra la mayor cantidad de personas con derechos vulnerados.

Las causas de esta irrefutable realidad no se encuentran en maldiciones divinas o caprichos del azar sino que, por el contrario, la mayor exposición de las mujeres a la pobreza debe comprenderse en el interior de un sistema machista en el que ellas, que tienen estereotipado un rol de subordinación frente a los hombres, sufren los mayores niveles de inseguridad, precariedad y vulnerabilidad.

En la región, según expuso recientemente la presidenta chilena Michelle Bachelet, “el escenario es francamente desalentador: a pesar de que la pobreza ha ido disminuyendo en nuestras sociedades, se ha ido generando una feminización de la pobreza» bajo la cual las mujeres padecen cotidianamente la violación de sus derechos y sufren el deterioro progresivo de sus condiciones de vida.

Una mujer haitiana acarreando agua. Foto. Living Water International
Una mujer haitiana acarreando agua. Foto. Living Water International

El ejemplo quizá más obsceno de estas asimétricas relaciones de género se vive en las zonas campesinas del continente. En efecto, según la FAO, «en América Latina el 40% de las mujeres rurales mayores de 15 años no tienen ingresos propios y más de la mitad de las trabajadoras agrícolas en la región viven por debajo de la línea de pobreza» sin poder acceder a la educación, a la salud, a una vivienda digna y, muchas veces, siendo víctimas de maltrato físico y psíquico.

Este conjunto de situaciones provoca un proceso de «feminización de la migración» en el que las mujeres, muchas de las cuales son cabezas de familia y tienen a su cargo hijos o hermanos, se trasladan del espacio rural a las ciudades buscando mejorar su realidad. Sin embargo, con frecuencia las grandes capitales latinoamericanas reproducen las mismas condiciones que padecían en sus lugares de origen, ya que habitan barrios vulnerados y continúan inmersas en relaciones laborales precarias.

Ahora bien, que la mujer latinoamericana alcance mayores niveles de igualdad frente a los hombres, además de significar un justo reconocimiento de sus derechos, también disminuiría la pobreza regional. En relación a este tema, la CEPAL afirma que se lograría “un descenso en los niveles de pobreza de hasta 12% en el caso de Nicaragua y El Salvador. Lo mismo ocurriría con la eliminación de las brechas de ingresos entre varones y mujeres, lo que, en el caso de Bolivia, permitiría disminuir la pobreza en 14%”.

A diferencia de lo que acontecía siglos atrás, donde se encontraban naturalizados los roles de cada sexo, hoy en día la mujer comprende que, como dijera Frida Kahlo, “amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”. Por ese motivo es importante el encuentro que se realizará en Chile este mes, porque en él sus participantes anudarán sueños e incertidumbres, trenzarán utopías y esperanzas y, colectivamente, hilvanarán propuestas teñidas de igualdad e inclusión.

Autoría

  • Daniel Benadava

    Nací en 1973 en "una tierra hermosa, de América del Sur, mezcla gaucha de indio con español" llamada Argentina.  Además de psicólogo y catequista, soy docente y referente pedagógico en barrios vulnerados en sus derechos por el Estado.  Desde hace más de una década, y siempre con "un oído en el pueblo y otro en el Evangelio", escribo en Alandar intentando dar cuenta del entramado de esperanzas y fragilidades por el que transita Latinoamérica. 

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