Por Merche Mas

Os quería hablar de un tema que he descubierto por casualidad y que me ha hecho avergonzarme de ser española. Vivo en Italia y un día me llega un mensaje de amigos que piden ayuda para acoger en casa a perros salvados de las perreras españolas. En particular galgos. No me lo puedo creer: en Italia existe un movimiento enorme de personas que se autotasan para pagar el viaje, la alimentación y las terapias para rehabilitar a galgos torturados, ¡maltratados! Les buscan familias y los sacan de España en avión… increíble. Me he puesto a investigar y he descubierto que España es el único país europeo donde aún se permite la caza con galgo, por este motivo su reproducción exagerada es cuestión de dinero, pero los galgos viejos o débiles son abandonados o sacrificados porque cuesta mantenerlos y no dan dinero. La gravedad de su situación ya llegó, incluso, al Parlamento Europeo, que citó a la Comisión Europea para exigir explicaciones acerca del maltrato a esta raza.

Decenas de galgos son colgados cuando termina la temporada de caza. FOTO / Eva Cuenca

Cada año, miles de galgos mueren en España a manos sus dueños. Los matan a tiros, los arrojan vivos a pozos, los ahorcan o, simplemente, los abandonan para que mueran lentamente de hambre, de sed o atropellados agonizando en una cuneta. Muchos miles más son sacrificados cada año en perreras municipales (que son centros de exterminio) sin la más mínima oportunidad de adopción (en algunos casos, incluso gestionados por el servicio municipal de recogida de basuras, como única solución que ponen cientos de ayuntamientos a la cría indiscriminada de galgos y al incumplimiento reiterado de las leyes de protección animal). Pero este es solo el tristísimo desenlace que culmina el infierno que estos animales (casi nunca reconocidos como fiel amigo del hombre, sino solo como objeto lucrativo) sufren durante su vida útil como cazadores, fruto del encierro, el hambre, el frío, el dolor, la soledad a la que son sometidos.

En muchas zonas de España, incluso en grandes ciudades de Andalucía, Extremadura y Castilla, pasear con un galgo es como pasear con un cerdo atado a una correa. Las asociaciones han conseguido que más de 1.500 galgos hayan sido adoptados por familias.

[quote_right]Este es solo el tristísimo desenlace que culmina el infierno que estos animales (casi nunca reconocidos como fiel amigo del hombre, sino solo como objeto lucrativo)[/quote_right]

Actualmente, ver galgos paseando por Barcelona, Madrid, Girona o Bilbao empieza a ser algo “normal”. Dichos galgos proceden de algunas protectoras de España pero, en la mayoría de los casos, son rescatados directamente de carreteras donde su vida corre peligro o son, literalmente, “descolgados de los árboles”, donde sus propietarios pretendían ahorcarlos. Una vez rescatados, los galgos reciben las primeras atenciones en casas de acogida donde consiguen recuperarse del raquitismo, de sus lesiones y/o enfermedades (leishmania, erlichia, filaria, etc., fruto del mal cuidado de sus propietarios). En dichas casas de acogida, también se rehabilitan emocionalmente y aprenden a vivir en familia. A menudo los galgos, cuando llegan a las familias, están aterrados y se esconden debajo de las camas por temor a ser maltratados.

SOS Galgos, por ejemplo, rescata anualmente unos 200 galgos, una tarea nada fácil. Hasta el momento de su fundación, las protectoras sólo conseguían enviar unos pocos galgos al extranjero para conseguir que no fueran eliminados o abandonados.