Hace más de una década, un grupo de profesores de la Universidad de Extremadura con inquietudes sobre moral y ética y la Delegación de Pastoral Universitaria, dependiente del Arzobispado de Mérida-Badajoz, creían que era necesario la creación de un grupo que tratara aspectos de la ética profesional tanto para los alumnos como para los propios docentes.

Por Carlos Díaz Caro

El grupo se montó con 35 profesores de distintos ámbitos. Foto: Unsplash

El desarrollo del trabajo elaborado por el Movimiento de Profesionales Cristianos de la Acción Católica Española constituye uno de los pilares de la reflexión en torno a la ética en el trabajo. Por su parte, la creación e implantación reciente del Espacio de Educación Superior supuso un nuevo reto universitario que situaba a la formación ética como un claro eje trasversal en la formación de cualquier estudiante.

Este hito tuvo su exposición en el curso 2010-2011, en la escuela de Ingenieras Industriales en el que se desarrolló un Grupo de Innovación docente para desarrollar por competencias las diferentes titulaciones académicas. De este entorno se descubrió la necesidad de atender competencias transversales y de forma particular, las de carácter moral y éticas en cada uno de los grados. Fruto de ello, se creó el grupo de innovación docente “Ética del Profesorado Universitario” que, año a año ha ido construyendo y aportando su grano de arena, hasta llegar a consolidarse como grupo de referencia de ética en la universidad.

El grupo se constituyó con un total de 35 profesores universitarios de diferentes campos, como la ingeniería, la economía, la educación, el derecho, etc. abarcando más de 20 áreas de conocimiento diferentes. Para el desarrollo efectivo del grupo se creó un grupo motor de 4-5 personas para la dirección y liderazgo del mismo. El resto de miembros participan ya sea con un grado de compromiso más continuo o con aportaciones puntuales.

Apuesta por la ética

¿Por qué apostar por la ética? En la actualidad, la vida tal y como la conocemos es un constante cambio en todos los sentidos, con una velocidad que llega a desconcertar al más moderado de los mortales, junto con la enorme interconexión que la globalización ha creado. Unido a estos cambios, cabe dejar presente la reciente crisis económica y financiera, que tiene tras de sí una verdadera crisis de valores y moralidad. Este contexto constituye un marco en el que el ciudadano, el estudiante, la persona necesita obtener cierta formación para resolver dilemas que se le plantean en cada momento de sus vidas. Esta formación, cultura, competencias, no son ofrecidas en casi ninguna etapa de desarrollo universitario. 

Por otra parte, la Universidad se sitúa como una institución que debería comprometerse para construir un mundo y una sociedad mejor, buscando el bienestar global de los ciudadanos. Por ello, la Universidad tendría que constituir un referente ético para la sociedad, de forma que marque el camino decisorio en cada uno de los aspectos que la forman: desde la impartición de la docencia hasta la generación de nuevas líneas de investigación, además, por supuesto, de las relaciones humanas dentro y fuera de la institución.

Esta conjunción genera un espacio ideal que se plasma en el desarrollo de competencias éticas en los diferentes grados universitarios. El grupo de innovación docente trata de enfrentarse a una serie de cuestiones que año tras años han ido aportando y construyendo el grupo.

Etapas del proceso

En primer lugar, se partió de tratar de responder a qué tipo de profesional universitario requiere la universidad en este momento para poder asentar las bases de formación de los futuros estudiantes. También resultaba fundamental reflexionar sobre el bien interno de los profesionales, por ello nos planteábamos qué tipo de formación ética necesitan nuestros egresados. Finalmente, una cuestión con no poca relevancia consistía en cómo podemos desarrollar y evaluar las competencias éticas en la universidad. Dicha cuestión se relaciona de forma paralela con cuáles son las mejores herramientas para el desarrollo de estas competencias. Entre ellos se han trabajado, los dilemas morales, los estudios de casos, etc. Todas estas cuestiones no siguen un proceso lineal, sino todo lo contrario, se planeó y se ha desarrollado como un proceso cíclico como proceso de mejora de la calidad y calidez de nuestro ser universitario.

El primer proyecto, implantado en el curso 2010-2011, tuvo como título “Ética del profesor universitario: el ejercicio de las funciones docentes e investigadoras y sus implicaciones deontológicas“, en el que se analizaron las distintas actividades del Personal Docente e Investigador y las implicaciones deontológicas que lleva aparejado, además de profundizar en el bien interno de las diferentes profesiones. En el siguiente curso 2011-2012 se desarrolló la puesta en marcha de diversas actividades planificadas en el anterior proyecto, con el título “Desarrollo de competencias éticas en los Grados. Implementación en el aula, revisión y comunicación de resultados”. En este curso se tuvo como objetivo que cada profesor implantara una actividad en el aula para analizarla y compartirla con el resto de miembros del grupo.

Como consecuencia se creó la “Jornada de Ética y Universidad”, un encuentro académico que ha ido celebrándose con carácter bianual, encontrándose actualmente en el desarrollo de la IV edición. En el siguiente curso académico, el título del proyecto fue “Evaluación de la adquisición de competencias ética en asignatura regladas de la Universidad de Extremadura. Difusión de resultados en la Uex y a nivel estatal”, para evaluar las competencias éticas en las asignaturas regladas, así como crear una red de profesores que trabajen en este entorno.

Estos tres proyectos asentaron las bases del grupo, para posteriormente ir perfeccionando dichos objetivos y seguir llevando e implantando las competencias éticas en el aula, obteniendo año tras año proyectos de innovación de docente y continuando con el desarrollo de las Jornadas que tanto fruto han aportado.