Todo un mundo interior de color

Fue hace unos meses cuando conocí a un artista diferente, llamado Ataúlfo Casado. Inauguraba su exposición de pintura en el museo tiflológico de la ONCE y tanto me impresionó a mí como persona ciega que os lo tengo que contar en esta entrevista. Él también es ciego aunque parezca increíble y transmite con su obra muchísima fuerza y luz.

Imagen del documental Ata pintando negro, dedicado a Ataúlfo Casado. Foto. Prima&Vera ProduccionesEse día en vez de hablar o explicar cómo pintaba, Ata (así lo llaman todos) transmitió al público congregado en la presentación de la exposición su modo de crear arte con su pintura en directo. Junto a su asistente, Pablo, que le indicaba aspectos visuales, iba seleccionando pinceles con sus colores para posteriormente, con la ayuda de aquel, pintar él solo con mucha destreza. El resultado, magnífico y todo el mundo impresionado por el paisaje que creó. Sobre todo sorprendía la familiaridad junto a la confianza y buen ambiente que vivían los dos ejecutando la obra, delante de numerosos ojos disfrutando del momento.

Ataúlfo Casado nació en Navalagamella (Madrid) en 1948. El mayor de tres hijos, vivió en su pueblo natal hasta los 7 años, donde acudía a la escuela local a estudiar. Su maestro le inculcó la contemplación de la naturaleza, que fue su primera fuente de inspiración.

[quote_right]“Yo pinto para hacer felices a los demás”[/quote_right]

En 1959 entró a formar parte como aprendiz en una escuela y, posteriormente, a trabajar como aprendiz también, con un pintor de prestigio de la época. A los 14 años comenzó a impartir clases de dibujo con las que pudo ganar un dinero y ayudar en la precaria economía familiar. Ya en esta época comenzó a ganar premios de dibujo y pintura en varios certámenes.

Fue entonces cuando consiguió uno de sus mayores logros profesionales, al convertirse en copista acreditado del Museo Nacional del Prado en Madrid. A consecuencia de una enfermedad se quedó ciego y dejó durante unos años la pintura.

 ¿Cómo fue ese punto de inflexión en el cenit de tu vida al quedarte ciego?

Aunque padezco de retinosis pigmentaria, una patología ocular que disminuye la visión de modo progresivo, en mi caso fue repentino. Recuerdo nítidamente un 14 de febrero de 1988 en la Ronda de Toledo, donde tenía el estudio, caminando hacia allí, fui a ver la hora y al levantar la vista ya empecé a ver borroso y grisáceo hasta no ver nada.

¿Cómo interiorizaste este momento tan importante de cambio?

Cuando descubrí la realidad, lo primero que pensé es que los ojos se han roto, yo no lo comprendo y como soy católico, le dije a Dios: “Has hecho muy bien y como los ojos son tuyos, ya me dirás qué quieres que haga en mi vida ahora sin ellos”.

¿Qué momentos recuerdas de esos comienzos como persona ciega más complicados?

Al año cogí el bastón y fue bien para conseguir autonomía propia. El gran palo fue a los tres días de haber perdido casi toda la visión, al volver al estudio de trabajo y abrir la puerta fue tremendo, pues comprobé en aquel instante que toda mi vida se venía abajo. Tenía que dejar de pintar y era lo que llenaba mi vida. A pesar de esos pensamientos iniciales, seguí dibujando negro sobre blanco y modelando pero no quería trabajar con el color.

[quote_right]“El hecho de vivir es algo impresionante y digno de disfrutar, con un mundo interior que hay que aprovechar”[/quote_right]

¿Qué enseñanzas te ha aportado el hecho de quedarte ciego?

Yo continúo hacia adelante porque el mundo no se ha parado y tengo claro que hay que seguir viviendo y pintando. No voy a amargarme ni a mí ni a los que me rodean y si uno se encierra en sí mismo, empieza a llenarse de amargura y es mucho peor. Es como abrir las puertas de un pozo sin fondo.

[quote_right]“Hay gente que ve que están ciegos, pues no se enteran al no ver la realidad que les rodea. Hay cosas tan bonitas como los ríos, los árboles, etc. ¡Cuánto ciego hay en esta sociedad!”[/quote_right]

¿Cómo fue ese instante en el que decidiste volver a pintar después de tantos años sin hacerlo?

Fueron unos diez años y un 12 de octubre, por la tarde, sentado tranquilamente en mi casa, en silencio, hablando conmigo mismo pensé: “¿Qué podría yo pintar…?». Esta pregunta me la había hecho muchas veces, sin respuesta alguna, pero en esta ocasión me aparecieron multitud de imágenes en la cabeza de cuadros y exposiciones que había trabajado y me encantaban. Decidí intentarlo y comenzar a experimentar y le dije a un amigo que me comprara unos pinceles, unos lienzos y probaría: “Cuando vengas y veas lo que he creado, no tengas reparo en decirme lo que piensas de mi nueva obra ya ciego”. Cuando lo vio, quedó encantado y me dijo que era muy interesante lo que estaba haciendo y que continuara.

¿Con que trucos o técnicas te ayudas para pintar sin ver?

Desde el principio me busqué alguien que me ayudara y la primera fue la señora que me iba a limpiar y accedió. Luego siguieron más asistentes hasta que llegó Pablo y la relación es fantástica. Lo pasamos genial y nos reímos mucho pues, además, estoy también machacado de los huesos y me dificulta andar. La técnica que empleamos es marcar la fila del horizonte con una cinta aislante para diferenciar el cielo y la tierra. Con esa línea de referencia, para no subirme, Pablo me para la mano y me dirige un poco en relación a esa línea. Yo le indico entonces el tipo de pintura y la cantidad, me lo coloca en la brocha y a pintar. Al acabar la obra, ahora ciego y aunque no haya visto el resultado final ni el proceso, sí lo he visto en mi mente. Sé que otras personas lo van a conocer y van a disfrutar con ello, con la satisfacción de contemplar mi obra.

@ciegovisible

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