Trátanos con pasión… ¡no con compasión!

Cuántas veces hemos oído emplear palabras, sobre todo en el ámbito eclesial, relacionadas con la misericordia que le han hecho tanto mal a esta virtud teologal. La piedad, la caridad y, sobre todo, la compasión, que se las colocaba como sinónimos cuando existen matices en cada uno de esos vocablos y desvirtúan la trascendencia de la misericordia. Palabras acompañadas de actos en paralelo que en el mundo de la discapacidad crean grandes agujeros negros, de donde es difícil salir pero, sin duda, se puede.

Cada vez menos, pero suele ocurrir de vez en cuando y yo lo vivo en mis propias carnes. Noto cómo una persona en la calle se dirige a mí para ayudarme a cruzar una calle en Madrid. En muchas ocasiones se trata de un socorro innecesario pues, afortunadamente, en la mayoría de cruces ya existen semáforos acústicos, el suelo con el paso de cebra pintado y mi fenomenal perro guía Herco, con el que voy seguro al cien por cien para realizar esta acción con cada vez menos riesgos.

Lo que ocurre es que, aun agradeciendo ese favor siempre, alguna de estas almas viene a realizar su obra buena del día y así recoger indulgencias para su bienestar celestial. Se nota en la forma de dirigirse hacia mí, de qué modo me agarra como si fuese todo suyo. En definitiva, son actitudes de un ser que se sitúa más arriba hacia un ser que permanece más abajo que no llevan a ningún sitio.

Estas conductas deberían de erradicarse por completo en este siglo XXI y suplirse por la simple pregunta a quien vemos desvalido por cualquier motivo: «¿Necesitas ayuda?».

Así sería todo más sencillo y si la respuesta es afirmativa es cuando podremos emplearnos con pasión para auxiliar esa necesidad. Eso sí, cuando la respuesta fuera negativa, dejarlo pasar y continuar con la rutina y no enfadarse ni molestarse, pues también ocurre esa reacción del otro indignado por no poder ayudar. Es necesario indicar que esa ayuda innecesaria puede despistarnos a las personas ciegas, desorientarnos en la calle y se convierte así en un problema que no existía.

Sobre la palabra “compasión”, la eliminaría directamente del diccionario. Soy tan contundente con este término pues, al haber sufrido y experimentado el daño que se crea y se remueve con esta actitud, encuentro que no lleva a ningún sitio loable aplicarla. Reivindico la empatía que te coloca en el mismo plano que el otro o la actitud de acompañar ante un problema, el sufrimiento, por tanto, lo realizas al lado de y no por encima de… Acompañando creces con la persona que está a tu lado o, mejor dicho, crecen los dos superando las dificultades y compartiendo ese camino que les ha tocado iniciar.

Sustituir la compasión por la empatíaAnte la enfermedad y el desconsuelo cambiemos la caridad rancia y mal entendida de años atrás por el amor sin medida, puro y sin esquinas escondidas. No nos apiademos de nadie sino solidarizémonos con él, pues creo que así, desde las entrañas de Jesús, que nos quiere, nos llegará al corazón y nos traspasará para que seamos alguien nuevo.
Hablo como persona con discapacidad, como alguien que mira este tema en este año tan candente, con la experiencia de estar al otro lado del río junto a los excluidos. Y cuando, además, intentas continuamente cruzar al otro lado con mil barcas que te haces, te creas, te prestan, construyes y de mil maneras, para que en muchas ocasiones por conductas como las expuestas, te vuelvas a hundir de nuevo en el agua y de nuevo tengas que volver a intentarlo una vez más.
Soy esperanzado y peleo para que utilicemos las palabras bien -como son- y erradiquemos las que crean separación y daño al otro, sea quien sea. Por supuesto, tengo que celebrar como tantos, el acierto de nuevo del papa Francisco en elegir en este año la misericordia para reflexionar sobre ella, darle impulso y realce y sacarla a primer plano para que reluzca plenamente. Yo tenía en un cajón escondido este valor y no sabía cómo acometerlo. Gracias a todo lo que se está trabajando sobre esta palabra y todo lo que conlleva, me he vuelto a reenamorar de ella y a darle el valor que tiene en mi vida y en la de los demás.

Concluyo con un abrazo de acogida y que siempre miremos a la persona por encima de otras barreras que se colocan delante. En discapacidad, sepamos mirar a cada uno en lo más hondo, con ojos de cariño, actitudes de amor sin reparo y abrazos de misericordia plena para estar a su lado y, así, conseguir felicidad donde se pueda.

@CiegoVisible

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