Una exposición singular: A vista de párroco

Javier Baeza, en el centro, durante una visita a la exposición.

Hasta el 30 de enero, se pueden contemplar, colgadas de 30 farolas de la Avenida de la Albufera en torno a las paradas de metro de Puente de Vallecas y Nueva Numancia, las fotos de la exposición A vista de párroco.

Estas instantáneas, tomadas sobre todo por Javier Baeza -sacerdote responsable del Centro Pastoral San Carlos Borromeo, en Entrevías-, pero también por otros integrantes de su comunidad, reflejan la intensa vida de una parroquia muy especial, que ellos definen como “espacio de encuentro, acogida y justicia social”.

Se nos ocurren muchas reflexiones al ver estas fotos -en realidad, estas fotos de esas fotos-, pero es tiempo de callar y dejar hablar al mismo Javier Baeza y a las imágenes de la vida de esa comunidad que se ha convertido en un referente.

Por Javier Baeza, párroco de San Carlos Borromeo. Fotos: Francisco Montero.

Lo primero es señalar que la exposición de fotos A vista de párroco no pretender representar a nadie ni nada. Cada uno de los que miramos tenemos un foco diferente y distinto. Así como cada uno de los que formamos el espacio/comunidad de San Carlos Borromeo, formamos parte de un todo que es la comunidad.

Lo segundo es dar las gracias a quienes han hecho posible la exposición y, sobre todo, a los dos Miguel, comisarios de la misma, que han tenido la osadía y paciencia de rescatar fotografías -entre multitudes- que han dado sentido y forma a la misma.

¿Por qué hago fotografías? Me lo pregunto muchas veces…

Lo primero y fundamental por colaborar con la memoria. Y en especial con la memoria de los últimos, aquellos cuyas vidas sólo aparecen en las páginas de sucesos o en los anaqueles de criminalización. Lo que fotografío es la vida cotidiana. Buscando más dejar testimonio de un instante o hecho, que la estética de algún acontecimiento. Esas son, a mi parecer, las fotos que hago. Mostrar las vicisitudes de muchas personas, aquellos a quienes etiquetamos como de la exclusión social, en su andar entre nosotros. Desde el niño cuya sonrisa tapa haber estado viviendo una semana en la calle gracias a las políticas sociales de la Administración, hasta esas personas que, estigmatizadas por su orientación sexual, sienten San Carlos Borromeo como un espacio de Acogida y Seguridad.

También creo que reflejar en fotografías el instante de pobreza y dolor de mucha gente a nuestro alrededor no puede convertir estas -las fotografías- en simple descripción de lo que hay. Si fotografío el empobrecimiento, el dolor, la incertidumbre… es para que estas nos recuerden continuamente que nuestra lucha no está solo en congelar el instante, cuanto en mejorar la vida y el futuro de quienes son fotografiados.
Por eso, incluso las fotografías icónicas, -como pueden ser las del cristo con diferentes vestimentas- han de ser una llamada de atención para transformar la realidad. Y primero y con urgencia, la realidad de los últimos, de esos empobrecidos por el poder de cualquier tipo.

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