Inés Rigal.

Es de noche, bajas la basura y sabes que al día siguiente ya no estará allí. Sin embargo, nuestros desechos no desaparecen mágicamente, sino que habitualmente terminan en vertederos, vertiendo tóxicos en el aire, suelo y agua. Lo que propone el movimiento Zero Waste es utilizar la regla de las 5R en orden para minimizar al máximo nuestra basura:

Rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y compostar.

Origen del Zero Waste o Residuo Cero.

‘No Impact Man’ es el primer intento documentado (2006) de vivir durante un año sin generar residuos y reduciendo al máximo la huella de carbono. El autor Colin Beavan comparte la experiencia con su mujer, su niña de dos años y su perra en Manhattan. Sin embargo, el término Zero Waste se populariza gracias a Bea Johnson, una madre francesa residente en Estados Unidos que en 2009 empieza a compartir sus avances para conseguir no generar nada de basura en su hogar. En 2013, publica el libro ‘Residuo cero en casa. Una guía para simplificar nuestra vida’, hoy traducido a más de 20 idiomas.

Hay que tener en cuenta que imposible alcanzar el “cero” en “residuo cero”, pero esto no es razón para no hacer nada.

Ideas erróneas sobre el Zero Waste o Residuo Cero.

  • Es caro. No consiste en sustituir cada objeto por otra opción más sostenible, sino en preguntarnos si realmente necesitamos algo antes de comprarlo, usar lo que tenemos y arreglar lo que se estropea.
  • Sólo es posible en el campo. En cada contexto hay opciones para vivir de forma más consciente, sólo hay que buscar el sistema que nos funcione.
  • Es menos higiénico. Lo verdaderamente poco higiénico es tener plásticos fabricados hace 50 años ensuciando nuestro planeta, al igual que productos desechables como pañales o tampones.
  • Es sólo para los privilegiados que tienen acceso a comprar a granel. Es más bien una invitación a aprender de los que menos tienen y también de nuestras abuelas. Hacer la compra a granel es sólo una parte, pero el residuo cero también consiste en no desperdiciar comida, usar el transporte público, comprar de segunda mano, o comer más legumbres que carne.
  • Son demasiadas privaciones. Es verdad que atrevernos a cambiar implica algunos sacrificios, pero si ampliamos la mirada, en realidad son ganancias: ganamos en salud porque ya no comemos ciertas cosas; dejamos de dar por hecho que es normal tener a nuestra disposición tropecientas variedades de cada producto; ahorramos dinero porque compras menos cosas; apreciamos nuestras posesiones de otra manera… Sobre todo, si no cambiamos nada, sí que estamos privando los niños, niñas y jóvenes de un futuro decente.
  • Es demasiado tarde. Nuestras decisiones importan. Si compramos ropa en cadenas de fast fashion, estamos diciendo que no nos importan los derechos laborales y humanos de las que están al otro lado. Si frecuentamos cadenas de comida rápida, estamos diciendo que no pasa nada por contribuir a la deforestación. Si nos desplazamos en coche teniendo alternativas, estamos diciendo que no nos importa la calidad del aire que respiramos.
  • Es vivir sin plástico. Cerrar el círculo a través de las 5R es más que demonizar un solo material. Debemos evitar los desechables, aunque sean de papel o cartón o lleven etiquetas engañosas como «biodegradables» o «eco».

Una invitación a la fraternidad global.

No existe una justicia social y aparte una justicia climática, sino que están interconectadas, igual que nosotros estamos interconectados con nuestro mundo. El colapso climático tiene muchas causas y todas las propuestas de políticas a nivel global para mitigarlo son multisectoriales. Hablar de tomar acciones por mitigar esta emergencia es hablar de reducir el hambre y la pobreza, evitar los desplazamientos masivos de personas por razones climáticas, promover la igualdad de género, mejorar el acceso a agua limpia…
Tiene todo que ver con las personas, especialmente con las que menos han contribuido a esta situación y más sufren sus efectos.

Ninguna solución tecnológica nos va a salvar.

Una excusa climática habitual consiste en pensar que en realidad el problema “no es tan grave”, “acabará por resolverse” o que “algo inventarán”. Lo cierto es que en el punto en el que estamos actualmente, nos sería más útil ganar en “animalidad”, es decir, reconocernos vulnerables y -lo que peor se nos da- aprender a vivir en comunidad. Por eso, es interesante no limitarnos a nuestro hogar, sino compartir nuestros hábitos con los que nos rodean, participar en política local, unirnos a los jóvenes en sus manifestaciones, votar cada día con nuestro dinero o hacer voluntariado del tipo que sea, ya que contribuimos así a una sociedad más cohesionada y fraterna.

¿Qué pasa con la carne?

Aunque no está explicitado en los principios del Zero Waste, no podemos obviar nuestra dieta al hablar de nuestro impacto sobre el medioambiente. Somos el segundo país de Europa en cuanto al consumo de carne por persona al año y la producción sigue creciendo para exportarla. Dejando a un lado el sufrimiento animal -si puedes-, esto es problemático porque la ganadería fue responsable de la emisión en 2015 de más de 86 millones de toneladas de CO2-eq, casi el doble que establece el INE para el sector de agricultura, ganadería, silvicultura y pesca juntos.

Además, la ganadería consume 48.000 millones de metros cúbicos de agua, lo equivalente a lo que consumirían todos los hogares españoles durante más de 21 años. En términos de superficie, cultivar alimentos para la alimentación animal en su conjunto requirió 18 millones de hectáreas, el equivalente al 36% de la superficie total de España.

Hoy en día, reducir el consumo de carne o eliminarlo por completo no es sólo una decisión personal sino también política por lo que implica para toda la familia humana.

El valor de la imperfección.

Al adentrarnos en este camino, no faltará quienes señalen nuestras incoherencias, faltas o limitaciones. Como decíamos al principio, no es posible tener un impacto cero en el mundo que nos rodea y es que la única manera de hacer las cosas es de forma imperfecta.

Es un error no hacer nada porque solo puedes hacer un poco. ¡Empieza por lo que puedas y disfruta de vivir más conscientemente!