Del sufrimiento social a la esperanza
Conversaciones con Rafael Díaz-Salazar
A cargo de Rafael Ruíz Andrés
PPC, 2025
Dice la contraportada que la conversación, género femenino, frente al debate, género masculino, invita a engendrar y dar a luz lo que pensamos y guardamos en nuestro interior.

En esta colección se invita a personas significativas en la Iglesia posconciliar a exponer su pensamiento y su trabajo para que cuenten con él las generaciones futuras como memoria viva de su impulso evangélico y humanizador. En ese sentido, Rafael Díaz-Salazar tiene mucho que aportar, por lo caudalosa que es su reflexión de sociólogo sobre religión y política en España, sobre las desigualdades internacionales, la educación o la ecología integral…, siempre con la misma preocupación de fondo: el servicio al mundo desde los empobrecidos y la aportación cristiana en esa tarea. Añadiría una tercera, que es también recurrente en su pensamiento: la necesidad de construir una laicidad incluyente, que sea base del diálogo social y que nos aleje de la España a garrotazos de Goya.
Todo el pensamiento y la contribución de Díaz-Salazar a lo largo de su carrera está contenido en este largo y profundo diálogo
El género escogido, la conversación, hace muy amable la lectura del libro, no por eso menos preñado de ideas y de propuestas de futuro. Todo el pensamiento y la contribución de Díaz-Salazar a lo largo de su carrera está contenido en este largo y profundo diálogo con quien conoce muy bien su obra, Rafael Ruíz Andrés. Desde su reflexión sobre la religión y lo sagrado a su preocupación por esa gran asignatura pendiente que es construir la laicidad. Desde su análisis sobre los desafíos que hoy tiene la democracia a su preocupación por las desigualdades internacionales. Desde las amenazas de una tercera guerra mundial a su propuesta de un nuevo internacionalismo. Desde la reflexión por la educación como herramienta fundamental de humanización y cambio social a la ecología integral como opción obligatoria e insoslayable.
Resultan apasionantes los capítulos que dedica a la construcción de la laicidad, y sus dificultades, tras haber analizado tanto nuestra historia como nuestro presente político y social. Y tras repasar los datos del hecho religioso en España y en el mundo, con datos muy actuales.
Avisa de la presencia constante de lo sagrado en la sociedad y de que renunciar a ello implica cerrarse en el mundo estrecho de la racionalidad, dejando de lado todo misterio; algo contra lo que advirtió Max Weber. También avisa de la tentación de un laicismo excluyente en sectores de la izquierda, que quiere reducir la influencia de la religión a toda costa, así como de la necesidad de superar cualquier tentación de ejercer el monopolio de la verdad por parte de la Iglesia. Las confesiones religiosas deben imbuirse de laicidad para ser capaces de contribuir al diálogo social; les ayudará a purificarse y a recuperar su concepto original de fraternidad. El cristianismo no puede dejar de “abajarse” y ser la fuerza de la debilidad.
Reclama crear “una seguridad compartida” frente a la locura del aumento continuo de gasto militar
Los capítulos dedicados al panorama internacional dibujan, con datos abundantes, las amenazas del actual contexto mundial. Explican las bases económicas bajo la aparentemente errática política de Trump, los apoyos de los grandes capitales y de quienes controlan el mundo de la industria militar, de Internet y ahora de la IA. Díaz-Salazar reclama crear “una seguridad compartida” frente a la locura del aumento continuo de gasto militar y cree que “una nueva inteligencia colectiva europea debe llevar a un cambio profundo de orientación internacional y a decirle adiós a Trump y a EEUU como socios prioritarios”.
Reivindica el mundo de la política, se define como “ecosocialista, anticapitalista e internacionalista”. Y se moja mucho en el terreno concreto, con propuestas que no complacerán a todo el mundo: la izquierda del PSOE ha de disolverse para salvarse y dar lugar a una nueva formación unitaria.
Es muy propositivo, no se limita a repasar lo ya analizado anteriormente sobre cada tema, sino que da un paso más desde lo que es su pasión y preocupación: qué hacer para mejorar el mundo, para hacerlo más justo, para aliviar ya el sufrimiento de una humanidad herida. Y lo hace con propuestas concretas, tanto en el frente político nacional, como en el plano internacional y en el eclesial-religioso.
Da un paso más desde lo que es su pasión y preocupación: qué hacer para mejorar el mundo, para hacerlo más justo, para aliviar ya el sufrimiento de una humanidad herida
Se define como un gran esteta, aunque en su vida la pasión por la belleza y el arte ha sido relegada a un lugar secundario porque “el reino de la necesidad” que le descubrió el Evangelio desplazó su dedicación hacia el compromiso. Pero se complace en su reflexión sobre la belleza y su disfrute como alimento necesario y cita las palabras de Francisco un mes antes de su muerte: “El arte no es un lujo, sino una necesidad que transforma el dolor en esperanza”.
Al comienzo del libro, unos apuntes personales, biográficos, los más explícitos que le he leído a este escritor, siempre claro, sin embargo, en su identificación como enamorado del camino de Jesús y, por tanto, preocupado hasta la médula por las injusticia, la pobreza y el sufrimiento de los desfavorecidos. Sitúa los pilares de su vida, y las personas y organizaciones que le ayudaron en ese proceso: la HOAC de forma muy destacada, el hermano Roger, fundador de la comunidad de Taizé, y una pléyade de escritores posconciliares que él cita con la facilidad de quien los ha leído exhaustivamente: de González Ruíz a Comín, Mounier, Álvarez Bolado y tantos otros que han aunado “el hambre de justicia y el hambre de Dios”.
Los dos últimos capítulos también son autobiográficos, personales. En el primero de ellos aborda la espiritualidad como parte esencial de lo humano, y la meditación y el silencio como herramientas que le son imprescindibles para cultivarla.
Del sufrimiento social a la esperanza, a la esperanza posible y necesaria en estos tiempos, que es antagónica del desengaño, de la indiferencia frente a un mundo hostil
Y, finalmente, remata con una reflexión que es la que da título al libro: del sufrimiento social a la esperanza, a la esperanza posible y necesaria en estos tiempos, que es antagónica del desengaño, de la indiferencia frente a un mundo hostil y del autocentrismo al que nos invitan las redes sociales. Porque la esperanza “se basa en el don, en la gratuidad, en la acción, en la compasión, en la empatía con el sufrimiento social y con los gritos de la madre Tierra…”. La esperanza evangélica es una buena noticia para los últimos de la Tierra y una mala noticia para los poderosos porque “el reino de Dios es la divinización de los seres humanos y la subversión del orden establecido por el reino del dinero”. “Con Jesús irrumpe la insurrección frente a lo establecido y la alegría. Esta es la señal de tener esperanza”. Sirven de punto final unas bellas palabras, también personales, sobre la resurrección y la muerte: “El paso gozoso y feliz a la vida permanente en el amor que es Dios revelado en Jesús de Nazaret”.
Se trata, en fin, de una larga conversación que da lugar a un libro analítico y sugerente, testimonial y profundo.
