Cónclave y la feminización de la Iglesia

Una película sobre un asunto tan poco frecuente en las pantallas como la elección de un papa –y las consecuentes intrigas vaticanas- se ha convertido en noticia cinematográfica relevante. Entre los comentarios que ha suscitado, nos parece especialmente interesante el de Lola López Mondéjar, que con frecuencia publica comentarios sobre películas y series de su interés. Compartimos su análisis* sobre Conclave (advirtiendo que contiene espóiler).

Cartel oficial de Cónclave en castellano (Edward Berger, 2024)

No sé si han visto Cónclave, basada en la novela homónima de Robert Harris (2016), una producción inglesa dirigida por Edward Berger y protagonizada por un inspirado Ralph Fienness en el papel del cardenal Lawrence, entre otros meritorios actores. No descubrimos nada si les cuento brevemente el argumento: muere un Papa progresista de forma inesperada y Lawrence, su mano derecha, es el encargado de convocar y dirigir un cónclave para elegir al nuevo pontífice. En los bellos salones del Vaticano se reúnen los cardenales que han de votar a los candidatos, cuando inesperadamente aparece un cardenal que no viste como los otros, que viene de difundir el cristianismo en peligrosos países en guerra -entre otros, en Kabul (Afganistán)-, donde ha ejercido su labor de forma clandestina, incluso para la propia Iglesia, por mandato del fallecido Papa. Es un hombre racializado llamado Vincent Benítez, al que da vida el actor Carlos Diehz.

El thriller en que se convierte ese cónclave recuerda las intrigas palaciegas de otra memorable película, El león en invierno (Anthony Harvey, 1968), con los magníficos Peter O`Toole y Katherine Hepburn como Enrique IV y Leonor de Aquitania. La película es bella, pues crea una magnífica coreografía de rojos y blancos, los colores de las sotanas de los cardenales, desplazándose en espacios arquitectónicos que muestran la grandeza de una institución, de un estado, que ha dominado simbólicamente la vida de la humanidad durante siglos. Pero no es de esto de lo que queremos hablar, sino de su final.

Denostado por críticos como Carlos Boyero, que cree que al director no le quedaban más conejos que sacar de la chistera y opta por un ejercicio rocambolesco de la sorpresa; a nuestro juicio, sin embargo, el desenlace es casi lo mejor de la película, que posee uno de los guiones más sugerentes e inteligentes de los últimos tiempos. La historia se desarrolla casi como si se tratase de los capítulos de una buena serie, con sólidas vueltas de tuerca que hacen verosímil todo lo que acontece en la pantalla, incluido el final denostado por Boyero; esa resolución abandona el relato de la elección papal para elevar Cónclave a la condición de metáfora de un mundo hipermasculinizado; todos los personajes son, obviamente, varones; las monjas solo aparecen como personal de servicio, excepto una Isabella Rossellini, parca en su papel, que coordina esa otra coreografía de las monjas resolviendo la intendencia que necesitan los cardenales para sobrevivir a su encierro. El poder en la Iglesia es cosa de hombres, como todos sabemos.

Sin embargo… el final de Cónclave apunta a que una posible feminización, la que supondría la incorporación de la mujer a la institución eclesiástica, podría ser la clave para devolver al camino correcto un sistema de poder que ha abandonado las bases del cristianismo para reproducirse sine die, dando la mano a los más conservadores de sus cardenales y expulsando a aquellos que podrían adherirse a quienes defienden políticas de igualdad, justicia, solidaridad, diálogo y convivencia. Justo los valores que el cardenal Benítez ha defendido y espera poder defender.

Sin embargo, por una sucesión de acusaciones que se demuestran ciertas y que descalifican a los otros candidatos, cuyo descubrimiento pautado es la base de la intriga, el humilde cardenal Benítez se coloca como firme candidato al papado frente a un cardenal extremadamente conservador, que rechaza la homosexualidad considerándola una perversión, entre otras brillantes ideas; elección que no es bienvenida por la sección más progresista de la curia. Pero cuando parecía que la elección iba a recaer en este, un improvisado discurso de Lawrence y de Benítez, muestra la tesis del director: hay esperanza en el seno de esa institución milenaria, el legado de Francisco de Asís puede ser recogido aún hoy día.

No obstante, aquí no acaban los problemas sino que, ya elegido Papa, se descubre que Benítez esconde un secreto que asusta primero, pero que después nos reconforta por su lectura metafórica: Benítez es intersexual y el difunto Papa conocía esta circunstancia. Su apuesta por él era firme y al espectador le queda claro que quien lo nombró cardenal había movido todos los hilos para garantizar tras su muerte que su sucesor fuera este cardenal que no busca el poder sino la compasión, un cardenal de la diferencia, del diálogo, de la inclusión, de la reconciliación con otros credos, de la convivencia. Un cardenal que lleva dentro de su cuerpo de varón el útero de una mujer, y que no ha querido recurrir a la cirugía para extirpárselo porque Dios lo hizo así, ambiguo, intersexual, hermafrodita como decían los antiguos, hombre y mujer, feminizado.

Este desenlace es una osadía que algunos no han comprendido, una proeza del director, pero también una propuesta que coincide con muchas de las corrientes actuales en la ecología y el feminismo: feminizar el mundo, cuidarlo, universalizar los valores en los que tradicionalmente fuimos educadas las mujeres: diálogo, cuidado de todo lo vivo, no violencia, sostenibilidad.

El final de Cónclave hace de la película una radical apuesta por la convivencia social: la integración. Y nos gusta. La alusión a lo que sucederá tras la muerte del Papa Francisco, cuyo nombre lo eligió en honor del santo de Asís, es inevitable: ahora que Francisco ha nombrado a Simona Brambilla, la primera mujer en la historia que tendrá el cargo de prefecta en el Vaticano, ¿continuará su sucesor feminizando la institución? Se trata de una reivindicación que comparten asociaciones de mujeres católicas y movimientos como Revuelta de las mujeres en la Iglesia, que reivindican la igualdad.

Todos los votantes de Vox, tan católicos y machos ellos, deberían ver Cónclave.

* Este artículo ha sido publicado el 16 enero en La Opinión de Murcia

Autoría

  • Lola López Mondéjar

    Psicoanalista y escritora. Su último libro, Sin relato. Atrofia de la capacidad narrativa y crisis de las subjetividad, en el que analiza la influencia de la era digital y la continua exposición a las pantallas en la construcción de nuestro propio relato, ha sido galardonado con el Premio Anagrama de Ensayo 2024.

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1 comentario en «Cónclave y la feminización de la Iglesia»

  1. Completamente de acuerdo contigo, Lola. Me gusta mucho el cine y soy seguidor habitual de Boyero, con quien coincido en muchas cosas (otras, no tanto); conociendo su punto de vista estrictamente cinematográfico no me sorprende su rechazo hacia el final de la película. Me duele un poco más su calificación de «disparate», porque he conocido esas supuestas bromas de la naturaleza capaces de dar un revolcón absolutamente espectacular a nuestras vidas. No se trata, ni mucho menos, de un final imposible. Soy médico, y una vez en el ejercicio de mi profesión diagnosticamos en el curso de una intervención quirúrgica órganos sexuales internos masculinos en un cuerpo de mujer que vivía y se sentía como tal. Es el llamado síndrome del testículo feminizante de Morris, y nos planteaba un terrible dilema ético de cara a la comunicación de esta circunstancia a nuestra paciente. También te diría que, si el final hubiera quedado sin más en la elección del cardenal Benítez, probablemente el mismo Boyero lo hubiera calificado de «previsible». Pero, más que la opinión de Boyero, me decepcionó más la de Carles Francino en su programa de La Ventana con Boyero. Fue a la semana siguiente porque Francino no había visto la película durante la crítica de Boyero. Francino corroboró punto por punto las opiniones de su crítico de cine; de él esperaba una visión distinta, otra sensibilidad. Al menos un contrapunto.

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