Sobre el aumento de los bautizos de adultos en Francia

Los bautismos han aumentado en Francia en el año 2024 en un 31% entre los adultos y en un 50% entre los jóvenes. Es una tendencia “de fondo”, dicen los obispos franceses, ya que el año 2023 los catecúmenos aumentaron también en un 28%. Entre los nuevos bautizados hay más mujeres que hombres y un 38% vienen de medios sociales populares. Una cuarta parte de ellos proceden de familias no religiosas.


En la Pascua de 2024 han recibido las aguas bautismales 7.135 adultos y 5025 adolescentes. 

La comunidad católica es un inmenso conjunto de personas distribuidas a lo largo del mundo y que, como tal, está en gran medida sometida a las leyes y a los mismos condicionamientos que otras grandes organizaciones.

Por eso puede haber una fenomenología de la Iglesia, que intenta dar razón y explicar el sentido de los fenómenos que tienen lugar en ella.

Y sin embargo los creyentes están convencidos de que esta Iglesia está habitada por el Espíritu, que por una parte garantiza la predicación de la Palabra y la celebración de los sacramentos, pero a la vez da lugar en ocasiones a acontecimientos inesperados, insospechados, de difícil explicación, aunque siempre se intente encontrar alguna.

Jesús dijo, con una de esas frases suyas un tanto crípticas, que “el Espíritu sopla donde quiere y oyes su voz pero no sabes de donde viene ni a donde va” (Jo 3,8). Pues bien, recordemos: la Iglesia de comienzos del siglo XX no era especialmente atractiva: una doctrina rígida y en parte anacrónica, una disciplina sin excepciones. Y sin embargo se produjo en Europa una avalancha de conversiones  que después no se ha repetido: Carlos de Foucaul, el cardenal Newman, Gilbert K. Chesterton, Alec Guiness, Thomas Mertton, Marshall McLuhan, Jacques Maritain, Edith Stein, Charles  Péguy, Paul Claudel, Graham Green, Sidgrid Undset,  Max Jacob, Julien Green, André Frossard, Madeleine Dêlbrel… Escritores, artistas, pensadores, periodistas acudían al catolicismo y después se convertían en figuras relevantes dentro de él.

Recordemos también: a mediados de siglo, por obra de un Papa anciano elegido como persona de transición, se celebra el Concilio Vaticano II, que supone una revolución y un nuevo impulso en la vida de Iglesia.

Y cincuenta años más tarde aparece un Papa que da un vuelco a la figura del papado y a su relación con el resto de la Iglesia y que anima el camino sinodal en el que estamos.

Pues bien, en estos días se ha comentado un acontecimiento de menor importancia pero que no deja de ser significativo. Se trata del aumento inesperado e imprevisto del número de bautismos de adultos en Francia. Siempre ha habido en este país un servicio de catecumenado pero en diez años ha aumentado en un 120%. En la Pascua de 2024 han recibido las aguas bautismales 7.135 adultos y de 5025 adolescentes. El fenómeno es tanto más llamativo en la medida en que la imagen de la Iglesia no pasa por su mejor momento, sobre todo después de la crisis de los abusos sexuales. Así lo hace notar Bruno Valentin, obispo de Carcassone. Pero es que quienes llaman a la puerta de la Iglesia no se plantean estas cuestiones. Son personas que no llegan normalmente por los cauces del apostolado sino que han tomado esta decisión por ellas mismas. Sorprende también el perfil de los nuevos catecúmenos. Tres  cuartas partes de los bautizados en 2024 tiene menos de 40 años y el 36% entre 18 y 25, y eso en un país donde el 80% de los jóvenes no ha recibido educación religiosa.

Naturalmente se han ensayado explicaciones de este fenómeno, se ha hablado del efecto COVID, se piensa en un mundo posmoderno que no ofrece perspectivas, que ha vuelto a descubrir la guerra, que sufre  el cambio climático y todo ello ha llevado a un deseo de espiritualidad y religión (así Chales Mercier, historiador del catolicismo).

Sin duda las explicaciones son importantes y necesarias pero a la vez es importante no olvidar una lectura creyente: “Tengo ganas de decir -a riesgo de parecer beato- que lo que pasa es del orden del milagro” (Olivier de Cagny, obispo de Evreux).

Quiero para terminar relatar otra historia menos conocida. No es un secreto que desde hace décadas escasean las vocaciones en los monasterios de Centroeuropa. En todos menos en la abadía cisterciense de Heiligenkreuz, situada a unos 20 kilómetros al sur de Viena. Fundada en 1133 alberga ahora una comunidad de 100 monjes, el mayor número de toda su historia. Devotos del canto gregoriano, se hacen cargo a la vez de la pastoral del contorno, atienden 28 parroquias, acogen a los visitantes y mantienen una Facultad de teología a la que acuden 300 alumnos. Una vez al mes convoca una vigilia de oración para jóvenes a la que acuden entre 200 y 250 asistentes, algunos venidos desde 40 kilómetros.

“Quien viene a Heligenkreuz no experimenta nada aburrido sino una comunidad que se ha mantenido joven con un saludable abanico de edades”, explica Maximilian Hein, abad del cenobio. ¿Es ésta la explicación del fenómeno Heiligenkreuz?

El Espíritu sopla donde quieres y oyes su voz pero no sabes de dónde viene ni a donde va.

Autoría

  • Carlos F. Barberá

    Nací el año antes de la guerra y en esta larga vida he tenido mucha suerte y hecho muchas cosas. He sido párroco, laborterapeuta, traductor, director de revistas, autor de libros, presidente de una ONG, dibujante de cómics, pintor a ratos... Todo a pequeña escala: parroquias pequeñas, revistas pequeñas, libros pequeños, cómics pequeños, cuadros pequeños, una ONG pequeña... He oído que de los pequeños es el reino de los cielos. Como resumen y copiando a Eugenio d'Ors: Mucho me será perdonado porque me he divertido mucho.

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1 comentario en «Sobre el aumento de los bautizos de adultos en Francia»

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