Plenitud y retirada

Hemos llegado al final de nuestro itinerario. Un viaje al interior de nuestras entrañas, al encuentro con nuestra potencialidad, que no es más que el reflejo de la esencia de lo divino en nosotras y nosotros. Y que se encarna en la medida en que nos mimetizamos con esa sangre viva.

Es el reconocimiento y unión con nuestras sombras de entonces, que ahora integramos en nuestro único ser completo. Sombras entendidas como aquellas partes inconscientes nuestras, más o menos identificadas y que nos liberan de forma absoluta cuando somos capaces de ponerles lugar y nombre en nosotros porque somos luces y sombras. Habiendo alcanzado este nivel de unión con la divinidad nos hacemos conscientes, por fin, de nuestra pertenencia humana e indivisible a lo trascendente, que ya formará parte de nuestro cada día. Ya somos capaces de hablar de esa divina cotidianidad que nos ha transformado.

Ahora es tiempo de dejarse hacer. Nuestra voluntad, transformada desde los ojos de lo divino, ya se siente capaz de percibir la realidad, también nueva, con otro brillo y color más intensos. Vemos a través de sus ojos. Percibimos a través de sus sentidos.

pag10_creyente_webAhora ya es posible dejarse inundar y refrescar, desde el último grado de oración, por el agua del cielo que aparece sin que hayamos hecho absolutamente nada por atraerla. La lluvia, los nutrientes, la vida, llegan a nuestro huerto sin que la pidamos. Sólo por nuestra simple necesidad de beber, recibimos esa agua viva. Es tiempo de prosperidad y fruto regalado. Donación gratuita de amor.

Pero también, necesariamente, es tiempo de vivir y experimentar mi nuevo “yo” en el mundo. En mi mundo real. Lo trascendente experimentado en nuestras entrañas no es para guardarlo en una impermeable burbuja de cristal, sino para hacerlo relucir, brillar, extender, compartir, contagiar. “…Y quiere nuestro buen Dios quitarla las escamas de los ojos y que vea y entienda algo de la merced que le hace… y allí lo entiende el alma, podemos decir por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo” (VII M 1, 5-6).

Lejos de mi fuente pero, al mismo tiempo, estrechamente vinculada a ella para siempre. “Digamos que sea la unión como si dos velas de cera se juntasen tan en extremo que toda luz fuese una” (VII M 2,4).
[quote_right]Miradas nuevas, corazones nuevos, acciones nuevas y deseos nuevos de justicia.[/quote_right]
Miradas nuevas, corazones nuevos, acciones nuevas y deseos nuevos de justicia para quien tengo a mi lado. Es aprender a vivir mi yo y a convertirme en fuente de agua viva para otras personas. “Para esto sirve la oración (ella lo llama “matrimonio espiritual”), de que nazcan siempre obras, obras” (VII M 4,6).

Ha sido un honor y un privilegio para esta humilde discípula teresiana el servirse durante este año -y a lo largo de todos estos números de alandar– de las palabras de tan ilustre doctora, en un intento de acercar pensamiento y espiritualidad de esta mujer de siempre a hombres y mujeres de hoy. Deseo que haya sido un hermoso e inolvidable viaje a nuestro castillo interior.

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