Del 14 al 16 de febrero se ha celebrado, en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid, el Congreso de laicos “Pueblo de Dios en salida”, una iniciativa promovida por la Conferencia Episcopal Española para impulsar el proceso de conversión pastoral de la Iglesia en nuestro país bajo las coordenadas de la exhortación Evangelii Gaudium del Papa Francisco (2013).

El instrumento de trabajo, que ha servido como marco al desarrollo del Congreso, ha sido fruto de la participación de distintas diócesis, movimientos y asociaciones de la Iglesia en España. Este estilo, basado en las consultas de amplio alcance, y que parece heredado de los procesos de las conferencias del episcopado latinoamericano, está caracterizando el pontificado de Francisco y responde a lo que últimamente se ha convenido en llamar una Iglesia sinodal (que camina unida).

El documento sorprende por su diagnóstico certero de algunas de las cuestiones más acuciantes que preocupan a la mayoría de las personas creyentes de nuestro entorno. La urgencia de abandonar el clericalismo y de impulsar la promoción de la mujer en la Iglesia o la necesidad de salir de dogmatismos que dificultan el diálogo con el mundo surgen como desafíos fundamentales. También se pone el foco en algunas de las reivindicaciones más importantes de nuestro momento, como “el cuidado del planeta, la lucha contra la pobreza, el fomento del trabajo digno, la acogida e integración de los inmigrantes o la atención a las personas en situación de vulnerabilidad”.  El texto definitivo, alumbrado poco antes de la celebración del Congreso, subraya la “llamada a abrir nuestras comunidades” y apunta hacia una “pastoral de la cercanía y del cuidado de las relaciones”.

 Para responder a todos estos retos se ha privilegiado el trabajo en grupos de reflexión frente a las grandes intervenciones individuales en las que, a pesar de todo lo anterior, se echó en falta una apuesta decidida por dar voz y protagonismo a las mujeres, al laicado y a las personas jóvenes.

El desarrollo del Congreso, que se articuló en torno a cuatro grandes itinerarios (primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos y presencia pública) puso de manifiesto la enorme pluralidad de cristianos y cristianas de nuestro país, y nos dejó momentos especialmente emotivos, como el testimonio de Carlos García de Andoin, militante de Acción Católica en la diócesis de Bilbao y uno de los principales impulsores del grupo Cristianos Socialistas.

La Comisión de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal ha contado, para la organización y la definición de contenidos de esta iniciativa, con muchas personas comprometidas en las estructuras diocesanas y militantes de organizaciones de cariz eminentemente social y progresista, como los propios movimientos especializados de la Acción Católica, lo que supone todo un reconocimiento y validación de un modo de ser y estar en Iglesia que a menudo ha sido mirado con reservas por parte de la jerarquía.

Las conclusiones de este Congreso ponen el acento en la necesidad de dar continuidad a los procesos iniciados y señalan caminos de corresponsabilidad en el interior de la Iglesia, de asunción de compromisos hacia el mundo y de búsqueda de cauces de crecimiento personal y comunitario. Inciden en la necesidad de “seguir potenciando el papel del laicado en la Iglesia que peregrina en España” y en convertir actitudes, activar procesos y proponer proyectos en los ejes del anuncio de la fe, el acompañamiento, la formación y la presencia pública.

El tiempo dirá si la respuesta a estos desafíos se queda en meras citas autorreferenciales a los mismos documentos magisteriales o se traduce en cambios verdaderamente valientes en las estructuras y dinámicas pastorales.