Montesclaros: el pasado acoge el presente y proyecta el futuro

Desde 2018, el Real Santuario de Montesclaros, un monasterio dominico cercano a Reinosa, situado en un paraje idílico, acoge las Conversaciones Teológicas de Montesclaros, organizadas por el Foro Montesclaros, una asociación civil vinculada a la parroquia de S. Pío X. Las Conversaciones se han convertido en un lugar y un tiempo para el encuentro, la reflexión y la resistencia. Dos de sus organizadores nos cuentan el cómo y el porqué de esta iniciativa.

El Real Santuario de Montesclaros es un cenobio dominico situado en el término municipal de Valdeprado del Río, en Cantabria. En 2004, el monasterio fue declarado Bien de Interés Local, con categoría de inmueble.

Según la leyenda, en 1178, un pastor de Los Carabeos, pueblo cercano al monasterio, observó que uno de sus toros estaba escarbando en el suelo. Al seguirlo, lo encontró arrodillado sobre sus patas delanteras mirando fijamente al suelo, hacia una luz. Al mirar, el joven vio que la luz procedía de una imagen de la Virgen y salió corriendo a anunciar la noticia al pueblo.

Se organizó una procesión que subió al monte rezando y cantando a la Virgen, tradición que continúa en la actualidad. Recogieron la imagen de la Virgen y la llevaron a la iglesia de Barruelo de los Carabeos. Al amanecer descubrieron que la imagen había regresado a la cueva, de donde la volvieron a trasladar a la iglesia, pero esa noche la imagen volvió a la cueva.

Tras duras discusiones llegaron a la conclusión de que no era una persona quien la trasladaba, sino la propia voluntad de la Virgen. La trasladaron, entonces, a la iglesia de San Andrés, de donde también desapareció, volviendo a la cueva. Finalmente, decidieron dejarla en la cueva donde erigieron una pequeña capilla; allí estuvo más de un siglo y medio, atribuyéndose numerosos milagros.

Dejando a un lado las leyendas populares, la zona de Montesclaros fue un lugar habitado por cristianos desde los siglos IV y V, siendo la cueva un habitáculo de ermitaños. Parece ser que los primeros difusores del cristianismo en el entorno fueron los soldados romanos de la ciudad de Julióbriga, a 8 km de Montesclaros.

En las excavaciones realizadas en 1966 se descubrió una cripta prerrománica, situada sobre la cueva donde se descubrió a la Virgen. En ella apareció un altar de piedra con talla de sogueado ramirense y simbología celta en el frontal. Ello descartaba que esa cripta hubiese sido realizada en el siglo XII, ya que debería haberse hecho en estilo románico, similar al de las iglesias de Bustasur y Cervatos, y no en un estilo prerrománico. Por lo tanto, la cripta es anterior, en torno al siglo X o principios del XI, lo que nos lleva a suponer que la imagen de la Virgen llegó a Montesclaros por cristianos que huyeron de la invasión árabe en el siglo VIII.

En el siglo XVII, Carlos II cedió la posesión del edificio a los dominicos, procedentes de Las Caldas de Besaya, para que desde el Santuario evangelizasen a la gente de ese territorio.

En 1821 se cierra el convento, que queda reducido a una dependencia coadjutora de la parroquia de Los Carabeos, hasta que en 1834, durante la primera guerra carlista, se expulsa a los frailes como castigo por haber ayudado al bando del pretendiente al trono Carlos María Isidro. En 1862, el santuario seguía privado de cualquier actividad monástica, por lo que fue el clero secular del obispado de Burgos el encargado del mantenimiento del edificio.

Esto fue así hasta que en 1880, por virtud de un acuerdo entre la Merindad y el Santuario de Nuestra Señora de Las Caldas de Besaya, vuelven los dominicos a Montesclaros, en régimen de arriendo ad perpetuum, con una renta de una peseta anual, cuyo pago debe hacerse efectivo todos los 8 de diciembre en la parroquia de San Sebastián de Reinosa, al tiempo que un padre dominico predica el sermón ante los alcaldes del valle. Esta costumbre sigue manteniéndose y ha llegado al presente con el nombre de «sermón de la peseta».

El monasterio de Montesclaros, en el sur de Cantabria, a la altura de Reinosa, se asoma al pantano del Ebro y acoge, desde 2018 ininterrumpidamente (excepto en 2019 a causa de la pandemia), las Conversaciones Teológicas de Montesclaros que también han recibido el nombre de Encuentros Teológicos de Montesclaros.

Lo organiza el Foro Montesclaros, una asociación civil que se formó en el año 2017 con la finalidad de promover el monasterio y lugar de Montesclaros, y aprovechar su magnífico enclave para ofrecer unos días de reflexión, contemplación y diálogo.

Una vocalía de la Asociación ha sido durante estos años la encargada de impulsar una reflexión teológica que acoja la realidad de la sociedad y la Iglesia actuales. De esta vocalía se encargan Avelino Seco, cura diocesano, y Gonzalo Blanco, antiguo dominico secularizado, que -desde el principio- reciben el apoyo y colaboración de personas vinculadas a la parroquia de S. Pío X, de Santander. Hace dos años se formó una comisión, incorporando a laicas y laicos para organizar las Jornadas.

Desde el principio se quiso que las Jornadas de Montesclaros tuvieran una parte de reflexión teológica y otra de intercambio de experiencias y compromisos, ambos relacionados con el tema que cada año convoque, de acuerdo al lema “hechos y dichos”.

Para acompañar en la reflexión, han pasado teólogas y teólogos de referencia como Andrés Torres Queiruga, Montse Escribano, Carme Soto, Xabier Pikaza, James Alison o Jesús Martínez Gordo; filósofos y antropólogos como Reyes Mate o Carlos Nieto, y ecofeministas como Yayo Herrero.

En el espacio de experiencias en estos años se ha contado con colectivos que acompañan a personas migrantes, a personas LGTBI, a personas víctimas de abuso o a personas en situación de calle… Colectivos y organizaciones con un gran trabajo como Fundación San Martín de Porres, Fundación Luz Casanova, SERCADE, Brumas o la empresa de inserción PLIS. También se han presentado experiencias muy interesantes sobre los cuidados o la labor social de Lucía Caram, y colectivos de reivindicación dentro de la comunidad eclesial como la Revuelta de Mujeres en la Iglesia.

En los primeros años, la participación comenzó siendo de unas 55 personas (más las que participaban sin pernoctar) y en las últimas ediciones ya llegan a las 70, prácticamente de todas las comunidades autónomas: Cantabria, Castilla y León, Madrid, País Vasco, Navarra, País Valenciano, Castilla la Mancha, Galicia, Cataluña, Murcia. Esto enriquece mucho el diálogo, al ser personas que viven en entornos y realidades pastorales distintas.

En este momento nos encontramos a las puertas de la 7ª edición, Conversaciones Montesclaros 2026, que tendrá lugar los días 7, 8 y 9 de julio.

Al término de cada edición, a través de la evaluación, se detectan posibles temas de interés para la siguiente.

En 2025 el tema fue Cuidados y Cuidadanía y contó con un elenco numeroso de ponentes que abordaron -desde ámbitos distintos y complementarios- el mundo de los cuidados y nuestro compromiso como ciudadanía y estructuras cuidadoras, así como con una exposición volante, gestionada por Juan Ignacio Cortés, que permitió, a través de fotos de gran calidad, poner rostro a personas víctimas de abusos en la Iglesia.

La Biblia es revelación de Dios, pero con palabras humanas y en un marco espacio cultural determinado. No podemos caer en fundamentalismos ni absolutizar atemporalmente lo que se expresa en un momento determinado.

Para ello, este año contamos con ponentes como Carmen Bernabé de la Universidad de Deusto, Lucía Ramón de Valencia y Andrés Torres Queiruga de Santiago de Compostela que plantearán temas como:  desde una lectura crítica qué nos dice hoy la experiencia de las primeras comunidades, cómo reimaginar a Dios y desmasculinizar la Iglesia desde el Evangelio y cómo leer la Biblia hoy. Junto a ellos, en los conversatorios de la tarde, estará Jesús Martínez Gordo, de Bilbao.

Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, decía que no es lo mismo leer el evangelio desde una patera que desde una catedral. Por eso, Javier Baeza, cura de la comunidad de San Carlos Borromeo, en el barrio madrileño de Entrevías, nos compartirá la experiencia comunitaria del Evangelio desde una parroquia en las periferias.

Montesclaros, como monasterio y como lugar, está profundamente arraigado en la cultura y la vida de las personas de ese sur de Cantabria donde se encuentra, y, cada año, se abre generosamente y acoge a las personas que pueden tomarse unos días para hacer silencio, para escuchar, para comunicarse…para trascender.

Autoría

  • Avelino Seco
  • Pepa Moleón Caro

    Soy pedagoga de formación y mi vida profesional la he desarrollado como funcionaria del Servicio Público de Empleo Estatal en ámbitos de Formación, Empleo y Cooperación. Me reconozco mujer feminista y creyente; he crecido en colectivos como Somos Iglesia, Mujeres y Teología, Redes Cristianas y ahora, especialmente, en la Revuelta de Mujeres en la Iglesia.  Vivo y comparto mi fe en una pequeña parroquia de Madrid. Actualmente soy presidenta de la Fundación Luz Casanova. Milito en el movimiento social por un Sistema Público de Pensiones.  Me preocupa y ocupa la sociedad: la desigualdad entre géneros, clases y países.  Me preocupa y ocupa la Iglesia: la ausencia de las mujeres en la reflexión, la experiencia compartida y la toma de decisiones, así como la liturgia desvaída y des-apasionada.

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