El Reino

¿Por qué la insistencia por parte de tantas personas a la hora de identificar a la Iglesia con el Reino de Dios, en el sentido de que únicamente pertenecen a él las personas bautizadas?

El tema del “reino” es uno de los conceptos que más aparecen en el Evangelio. De hecho, Jesús lo utilizó muchas veces, de manera especial cuando pretendía presentar a la gente cuál era el proyecto que el Padre tenía para la humanidad, para los judíos del momento y que comenzaba ya entonces. Precisamente Mateo, en el relato de los Reyes Magos, cuando estos entran en Jerusalén después de habérseles ocultado la estrella que les servía de guía, preguntan a Herodes: “¿Dónde dicen las Escrituras que ha de nacer el rey de los judíos?”.

- Los Reyes Magos fueron a donde decían que había de nacer el rey de los judíos. Judea era entonces para Roma una provincia muy especial en todos los sentidos; de hecho, bastante indómita y rebelde, a pesar de sus reducidas dimensiones geográficas. Por ello precisamente -y para ejercer un control directo y lo más férreo posible sobre ella- el emperador ponía en manos de una serie de reyezuelos el control de la misma, dando lugar a que ejercieran el poder a su antojo y de manera bastante despótica en la mayor parte de los casos, procurando únicamente el interés de Roma, que a su vez comportaba pingües beneficios para ellos. De ahí que no es de extrañar que el pueblo confiase en que el Mesías que esperaba fuera, precisamente, un rey que lo liberase de la opresión a la que estaba sometido.

Los estudiosos de las Escrituras han mantenido desde siempre que nada tenía que ver la concepción que el pueblo judío tenía sobre el Reino de Dios con lo que Jesús enseñaba y manifestaba a través de sus enseñanzas, de manera muy especial por medio de las parábolas. Tal es así que muchas de dichas parábolas son conocidas como “Parábolas del Reino”.

[quote_right]No tiene sentido levantar muros y crear fronteras entre personas en nombre de un Dios que acoge a todo el mundo, sea de la condición que sea.[/quote_right]

Para muchos Padres de la Iglesia, de manera especial para San Agustín, la Iglesia era una sociedad perfecta, lo cual quiere decir que poseía todos los instrumentos, mecanismos, etc., que identificaban a los imperios y reinos de entonces; con una salvedad: que la Iglesia lo poseía en grado excelso. Por tanto, no era la Iglesia (local, nacional, supranacional, etc.) la que formaba parte del imperio o del reino como representante de la sociedad civil, sino al revés: era el reino o el imperio los que formaban parte de la Iglesia, incluso hasta el extremo en muchos casos de estar sometidos a la misma.

En una ocasión, Jesús lo sentenció de manera rotunda: “El Reino de Dios está en medio de vosotros”. Estoy convencido de que con semejante afirmación iba mucho más allá de una pertenencia ligada a factores de consanguinidad y de pertenencias especiales o propias de aquellos momentos y a sacramentos o profesiones de fe ahora. Me gustaría traer a colación una de las parábolas en las que se deja entrever, precisamente, que el sentido de pertenencia no tiene que ver con ningún factor externo o identificativo; sí, en cambio, con algo que puede ser propio de toda persona, independientemente de cualquier tipo de condición, como es el amor. Me refiero a la parábola del “Rey que invitó a las bodas de su hijo”. Según la parábola, al negarse a asistir los invitados, el rey ordenó a sus súbditos que fueran por todos los caminos para que dijeran a cuantos se encontrasen que estaban invitados a la boda. Solamente quedó excluido uno: aquel que entró sin el traje de fiesta, sin el vestido indispensable del amor. Es decir, aquella persona que pensó que el estar allí le pertenecía por derecho propio.

Me habéis oído muchas veces decir que el gran sacramento es la vida, antes que cualquier otro, como podría ser el bautismo, por ejemplo. ¿Por qué, entonces, levantar muros y crear fronteras entre personas en nombre de un Dios que acoge a todo el mundo, sea de la condición que sea? (Libro de los Hechos de los Apóstoles).

Autoría

  • Joan Zapatero

    Nacido en Tórtoles de Esgueva (Burgos), es licenciado en Geografía e Historia y en Ciencias Religiosas. Su vida ha estado ligada de una manera estrecha al mundo de la juventud, tanto en su faceta de profesor como Catedrático de Geografía e Historia en un Instituto público de Educación Secundaria, como acompañando a grupos diversos. Ha publicado varios libros de crítica y de ensayo. En la actualidad colabora en diversas revistas y foros.

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