El tiempo de Cuaresma no goza hoy de excesiva buena prensa ni siquiera entre los cristianos. Venimos de una vivencia de la Cuaresma llena de ritualismos y gestos autoritarios que parecía transmitir el mensaje de que la alegría y el gozo eran negativos. Ya hace tiempo que los cristianos más comprometidos con su fe han recuperado otros modos de vivir la Cuaresma, con signos acordes con un tiempo que busca abrir el camino a la armonía personal y a la justicia social que brotan de la Resurrección de Cristo.

por José Antonio Vázquez

La Cuaresma debería ser cada año un momento personal y colectivo de avance hacia esa nueva vida y esa nueva sociedad, escuchando los signos del Espíritu en el momento en el que vivimos. Para ello, mi propuesta en esta Cuaresma de 2020 es que bebamos de dos fuentes: la tradición contemplativa cristiana (el monacato), viviéndola desde la laicidad, pues es la espiritualidad común (laica) de la iglesia de los orígenes; y las nuevas expresiones sociales de los movimientos que trabajan por un nuevo estilo de vida más justo, ecológico, feminista y solidario.

La regla de San Benito señala cuatro actitudes para vivir la Cuaresma:

  • La humildad, vivir en la autenticidad y aceptación de lo que somos.
  • La alegría, el deseo de la Pascua, de esa nueva vida y nueva sociedad que inauguró Jesús.
  • El perdón de activo, el deseo de restituir la justicia y la armonía en todas las dimensiones.
  • El discernimiento, no caer en el perfeccionismo que bloquea y, a la vez, ir dando pasos hacia ese mundo nuevo.

San Bernardo de Claraval aludía a tres grandes obstáculos que nos impiden avanzar en esta dirección y nos encierran en el egoísmo: la superficialidad (curiositas), la avaricia y el deseo de poder.

El monje Juan Casiano nos propone una serie de instrumentos para solventar esos obstáculos que nos pueden servir en esta Cuaresma. Por un lado, la guarda del corazón y la vigilancia de los pensamientos, una atención amorosa estable que nos lleve a no identificarnos con los pensamientos y no fusionarnos con las emociones, manteniendo, a la vez, la conexión con ellas para leer las necesidades y aspiraciones reales que el Espíritu pone en el corazón. También sugiere la práctica de la oración contemplativa y la lectio divina (lectura espiritual para alimentar nuestro interior), dándonos tiempos de silencio y soledad, y en ocasiones, de vigilias para meditar, además de celebrar la liturgia como espacio festivo de diálogo y comunión con Dios y con los demás. Así mismo invita a reducir el activismo en nuestras vidas, promoviendo la sencillez y dando más peso a lo relacional: práctica de la escucha activa en la vida cotidiana, del diálogo, de la comida en común, de la hospitalidad… Para Casiano resulta útil también recuperar la relación con nuestro cuerpo como esencial en el camino espiritual, practicando el ayuno y la alimentación consciente, así como el trabajo manual, artesanal y el ejercicio físico. Tener espacios de encuentro con la naturaleza. Por último, el monje nos invita a vivir nuestra misión o vocación como servicio a los demás, alabanza a Dios y responsabilidad personal ya sea en nuestro trabajo o en alguna actividad que suponga nuestra participación o contribución a la sociedad.

Además, podemos completar estas enseñanzas tradicionales encarnándolas en prácticas sociales actuales que nos ayuden hoy a vivir los valores que la Cuaresma propone:

  • Tender a consumir de un modo consciente: comprando productos de comercio justo y ecológico, participando en grupos de consumo, comprando en tiendas del barrio productos de proximidad, reducir viajes innecesarios y premiar medios de locomoción más ecológicos, promover energías renovables…
  • Apoyar la economía colaborativa y del bien común, la banca ética…
  • Intercambiar tiempo y servicios, fomentando intercambios no monetarios: bancos de tiempo, voluntariado, tiendas de segunda mano…
  • Apoyar las causas que intentan reducir la injusticia en el seno de la sociedad y de la Iglesia: el feminismo, el ecologismo, la noviolencia, el movimiento sindical, el apoyo a los migrantes…

Esperamos que estas sugerencias sirvan para poder vivir una fructífera y actualizada Cuaresma.