2015 en Taizé: un año para recordar y mirar al futuro

Bajo el campanario de Taizé siguen pasando todos los años miles de jóvenes. Este año la comunidad de Taizé está de celebración. Hace cien años nacía el Hermano Roger, fundador de esta comunidad ecuménica, que es famosa en todo el mundo por su objetivo de querer unir a las Iglesias cristianas y acoger a jóvenes que buscan un lugar para orar, para encontrarse y para dar sentido a sus vidas.

Roger Louis Schutz-Marsauche, más conocido como Hermano Roger, Roger de Taizé o Frère Roger, nació en Suiza el 12 de mayo de 1915, hijo de un pastor protestante. Estudió Teología en Lausana y Estrasburgo y en 1940, a la edad de veinticinco años, dejó su país natal para establecerse en Francia, el país de su madre. Había estado inmovilizado durante años por una tuberculosis pulmonar y durante esta enfermedad había ido madurando en él la llamada a crear una comunidad.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial tuvo la certeza de que –al igual que su abuela había hecho durante la primera gran contienda– debía ayudar a las personas que sufrían a causa del conflicto bélico. La aldea de Taizé, donde se estableció, se encontraba en una colina muy cercana a la línea de demarcación que dividía a Francia en dos: una buena situación para acoger a personas refugiadas que escapaban de la guerra.

En Taizé, gracias a un pequeño préstamo, el hermano Roger compró una casa abandonada desde hacía años y sus dependencias adyacentes. Propuso a una de sus hermanas, Geneviève, que viniera a ayudarle en su trabajo de acogida. Contaban con pocos medios: sin agua corriente, iban a buscar el agua potable a un pozo de la aldea. La comida era modesta, sobre todo sopas hechas con harina de maíz comprada a bajo coste en el molino de al lado.

Vida en común

Entre los refugiados que alojaban había también personas de religión judía o agnósticas. Por discreción hacia aquellos que acogían, el hermano Roger rezaba solo, a menudo salía a cantar lejos de la casa, en el bosque. Los padres del hermano Roger, sabiendo que su hijo y su hija se encontraban en una situación de riesgo, pidieron a un amigo de la familia, un oficial francés retirado, que velara por ellos. En el otoño de 1942 les advirtió que habían sido descubiertos y que tenían que irse de Taizé. A causa de esto, Roger vivió en Ginebra hasta el final de la guerra y allí fue donde inició la vida en común con los primeros hermanos hasta que pudieron regresar a Taizé en 1944.

En 1945, un joven jurista de la región creó una asociación para encargarse de niños y niñas a quienes la guerra había privado de familia. Propuso a los hermanos acoger a algunos de ellos en Taizé, pero una comunidad de hombres no podía recibir menores, así que el hermano Roger pidió a su hermana que regresara a Taizé para ocuparse de los pequeños y ser como una madre para ellos. Los domingos, los hermanos recibían también a los prisioneros de guerra alemanes que estaban recluidos en un campo cerca de la aldea.

Poco a poco algunos hombres jóvenes vinieron a unirse a los primeros hermanos y, el día de Pascua de 1949, siete hermanos se comprometieron para toda la vida a guardar el celibato, llevar una vida común y vivir con una gran sencillez.
En el silencio de un largo retiro durante el invierno 1952-1953, el fundador de la comunidad escribió la Regla de Taizé, donde redactó para sus hermanos “lo esencial para permitir la vida en común”. En tiempos de la Guerra Fría llegó a la Alemania Oriental, donde dio mucho que hablar por sus apariciones públicas. Su carisma, su personalidad apacible y su capacidad para escuchar a las personas más jóvenes fue observada incluso por la policía secreta del régimen de la ex RDA, la Stasi, quien lo incluyó en sus actas.

Peregrinación por toda la Tierra

En 1962, la comunidad tenía ya su propia iglesia, un gran pabellón que puede dar cabida a más de 6.000 personas. En ella pueden sentirse unidas personas ortodoxas, protestantes o católicas, ya que todos los detalles de la ambientación están cuidados para poner el acento en lo que une a las Iglesias cristianas y no en lo que las separa. Un oratorio ortodoxo, la pequeña capilla del pueblo y las salas de actividades, junto con el paisaje de la colina, hacen de Taizé un lugar donde lo difícil es no encontrarse con Dios.

Poco a poco la comunidad fue congregando cada vez a más jóvenes y también a personas adultas en torno a la oración ecuménica. Así, el Hermano Roger llamó en 1974 a un “Concilio de la Juventud” al que acudieron miles de personas. Desde entonces, hay hermanos de Taizé en todo el planeta, en los barrios marginales de América Latina y en los puntos sociales álgidos de las ciudades africanas y asiáticas. Y, desde hace algunos meses, también en Kiev.

Con el “Encuentro Europeo de la Juventud”, que Taizé inició en 1978 y que se realiza todos los fines de año, así como con su Peregrinación de Esperanza por toda la Tierra, que comenzó en 1982, el Hermano Roger sentó las bases para un diálogo de reconciliación no violento entre los diferentes pueblos, religiones y confesiones. Animó a los y las jóvenes a marchar por su propio camino, además de apelar a la conciencia de quienes tienen responsabilidades dentro de la clase política.

Sin embargo, el fundador de la comunidad, que fue un ícono de esperanza para tantos cristianos y cristianas en los años 70 y 80, nunca hizo llamamientos de tipo político. Los horizontes de Roger eran de acogida para todo el mundo y así fue hasta el último instante de su vida, con sus últimas palabras: “En la medida en que nuestra comunidad cree en la familia humana posibilidades para ensanchar…”.

Roger, rodeado de niños y niñas, en la casa de los hermanos. Apertura a la juventud

El Hermano Roger se caracterizó siempre por su apertura hacia los y las jóvenes, por su voluntad de traspasar fronteras, tanto nacionales como religiosas y por su serenidad interior. Conservó estos aspectos “hasta una edad avanzada”, escribe en su libro autobiográfico Danke, Frère Roger (Gracias, Hermano Roger), Klaus Hamburger, que fue hermano de la comunidad durante treinta años. “No pasaba un solo día sin conversar con mujeres y hombres jóvenes de distintos países”, explica el autor.

Esa actitud sigue siendo todavía la más sobresaliente de la comunidad de Taizé. Cada semana del año cientos de chicos y chicas de todo el mundo comparten, en condiciones muy humildes, siete días de estancia y oración en la comunidad. “Tener la experiencia de una vida sencilla compartida con los demás nos recuerda que Cristo nos espera en nuestra existencia cotidiana”, explican los hermanos de Taizé. En la colina, la oración común, el canto, el silencio y la meditación personal pueden ayudar a redescubrir la presencia de Dios y a reencontrar una paz interior, un “por qué vivir” o un nuevo impulso.

Cada día, los hermanos de la comunidad introducen una reflexión bíblica, seguida de un tiempo de silencio y de intercambio en pequeños grupos. Por la tarde, los talleres ayudan a profundizar en la relación entre la fe y la vida, en el trabajo, la solidaridad, las cuestiones sociales, el arte y la cultura, la búsqueda de la paz en el mundo… Además, las personas que lo desean pueden pasar la semana o el fin de semana en silencio para tomarse el tiempo de escuchar cómo Dios se dirige a ellos en la oración, la meditación de la Biblia y en los hechos de su propia vida.

El 16 de agosto de 2005, el Hermano Roger fue víctima de una agresión que le costó la vida: una mujer psíquicamente enferma le apuñaló en la iglesia de Taizé causándole la muerte, a los 90 años. Se cumplen también en 2015, por tanto, 10 años de su fallecimiento, con lo que este es un año muy especial para la comunidad.
Pero los hermanos de Taizé y su actual prior, Alois, no han querido que esta conmemoración sirva únicamente para mirar hacia atrás, sino que su voluntad es, sobre todo, mirar hacia adelante. Por este motivo han convocado una serie de actividades especiales centradas en el futuro de las Iglesias cristianas y en la espiritualidad. Durante varias semanas se centrarán en la actualidad de la vocación religiosa y en la mirada hacia una solidaridad renovada. También, durante la primera semana de septiembre, congregarán a figuras de la teología a nivel internacional, para reflexionar en torno a la teología del Hermano Roger con un coloquio internacional. El fundador de Taizé no participó en los debates de la teología universitaria, pero siempre tuvo amigos teólogos. Desarrolló una forma de pensamiento original, perceptible en sus escritos, en la vida de la comunidad y en los encuentros de jóvenes. Dejó innumerables textos y reflexiones que entroncan con la esencia humana y el encuentro con Dios.

En palabras del propio Roger, “en lo más profundo de la condición humana descansa la espera de una presencia, el silencioso deseo de una comunión. Nunca lo olvidemos, ese simple deseo de Dios es ya el comienzo de la fe”. Palabras que llevan dando luz en el camino a muchas personas desde hace ya más de siete décadas.

Agenda de Taizé en 2015

5 – 12 de julio, Taizé

Semana de reflexión sobre la actualidad de la vocación religiosa. Encuentro internacional para jóvenes adultos, hasta 40 años, que viven una vida monástica o religiosa tanto en periodo de formación como ya comprometidos después de algunos años. Se contará con la ayuda de responsables de congregaciones, comunidades y monasterios católicos, ortodoxos y protestantes. A partir de lo que el hermano Roger pudo aportar al “gran árbol de la vida monástica”, del que Taizé es un “simple brote injertado”, como él decía, reflexionarán sobre el sentido de la vocación en nuestros días.

9 – 16 de agosto, Taizé

Encuentro para una nueva solidaridad. Punto culminante de las celebraciones del año 2015, esta semana será también la culminación de tres años dedicados a la búsqueda de una “nueva solidaridad”. Coincidiendo con el aniversario de la muerte del Hermano de Roger, miles de jóvenes de 18 a 35 años de edad se reunirán en la colina de Taizé. Celebrarán la vida del hermano Roger y buscarán maneras de hacer suyo su legado renovando su compromiso de vida interior y solidaridad.

30 de agosto – 6 de septiembre, Taizé

Coloquio internacional. Para jóvenes adultos teólogos y teólogas, hasta 40 años: estudiantes de teología, investigadores o personas comprometidas ya durante varios años en un ministerio de la Iglesia. Acudirán teólogos protestantes (Amélé Ekué, Elisabeth Parmentier, Edwin Arrison), ortodoxos (Job Getcha, Dimitra Koukoura, Constantin Sigov) y católicos (Walter Kasper, Thomas Menamparampil, Jose-Oscar Beozzo) de diferentes países para ayudar a aclarar ciertos aspectos de su pensamiento y de la búsqueda de Taizé.

28 de diciembre – 1 de enero de 2016, España

Encuentro europeo en Valencia. Este encuentro preparado por la comunidad de Taizé por invitación de la archidiócesis de Valencia y otras Iglesias cristianas, reunirá a decenas de miles de jóvenes en una etapa más de la «peregrinación de confianza a través de la tierra». Se trata del primer Encuentro Europeo de Taizé que se celebra en España en más de una década. Jóvenes de toda Europa y más allá serán acogidos por las parroquias, las comunidades religiosas y familias de la Comunidad Valenciana.

La oración común y el canto pueden ayudar a redescubrir la presencia de Dios.

Cuatro propuestas para «ser sal de la tierra»

La carta «Hacia una nueva solidaridad», escrita por el Hermano Alois como texto de reflexión para el trienio 2012-2015 es la base del camino en común que lleva hasta el 16 de agosto de 2015, décimo aniversario de la pascua del hermano Roger. De ella se extraen cuatro propuestas para «ser sal de la tierra».

Primera propuesta: Compartir con los que nos rodean el entusiasmo por la vida.

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada?» (Mateo 5,13)

Ser sal de la tierra es un don de Dios que queremos acoger con alegría. Al ser sal de la tierra, podemos comunicar un entusiasmo por la vida. Y cuando hacemos la vida hermosa para los que nos son confiados, nuestra vida adquiere sentido. Si, dada la gran cantidad de obstáculos, nos preguntamos: «¿Por qué seguir luchando?», debemos recordar que sólo un poco de sal es suficiente para darle sabor. A través de la oración, aprendemos a mirarnos a nosotros mismos como Dios nos mira; Dios ve nuestros dones, nuestras capacidades. No perder nuestro sabor significa comprometernos en cuerpo y alma y confiar en los dones de Dios en nosotros.

¿Podemos buscar, para nosotros mismos y para los demás, lo que nos hace crecer y nos lleva a realizarnos?

Segunda propuesta: Comprometernos con la reconciliación

«Cuando estás presentando tu ofrenda en el altar, si te das cuenta de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí y ve primero a reconciliarte con él o ella.» (Mateo 5, 23-24)

En todas las personas existe la aspiración a vivir juntos como una familia humana, pero eso no sucede por sí mismo, ni en una familia, ni con amigos, ni en nuestras ciudades y pueblos, ni entre naciones. Cuando los cristianos se reconcilian, se convierten en un signo en el seno de una humanidad que busca su propia unidad. Hay situaciones en las que la reconciliación es urgente. Para comprometernos con esto, tenemos que entender los miedos que aprisionan a otros en los prejuicios. También debemos darnos cuenta de que otras personas pueden tener algo en contra de nosotros. El Evangelio nos llama a no transmitir a nuestro alrededor o a la próxima generación los resentimientos heredados del pasado.

¿Podemos atrevernos a fomentar encuentros entre personas que no comparten las mismas ideas, el mismo estilo de vida o la misma religión, que no provienen de la misma cultura o el mismo origen social? ¿Podemos llegar a conocernos unos a otros, invitarnos unos a otros? ¿Podemos encontrar la valentía para pedir perdón y perdonar?

Tercera propuesta: Trabajar por la paz

« Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5, 9)

La paz es más que la ausencia de conflicto. Es la felicidad; le da a cada uno el lugar que le corresponde; es la plenitud de la vida. Cuando acogemos la paz de Dios en nosotros, se extiende a los que nos rodean y a todas las criaturas. El deseo de paz hace que nuestro corazón sea más comprensivo y lo llena de compasión por los demás. Se expresa en una actitud de hospitalidad y amabilidad en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestras actividades diarias. La paz es también la causa de la justicia a un nivel más global. En las sociedades donde el lujo y la pobreza conviven, ¿deberíamos sorprendernos de que surjan diferentes formas de violencia? Compartir la riqueza alivia tensiones y es una importante contribución al bien común. Algunas personas se comprometen a promover la paz aceptando responsabilidades en la vida pública de su país, en una asociación, en sus negocios, sirviendo a personas con necesidades especiales.

¿Podemos ir hacia alguien para quien no hay paz? ¿Cómo podemos estar particularmente atentos a los migrantes? ¿Podemos discernir las situaciones de injusticia y dar protección a las personas vulnerables? ¿Podemos identificar las formas modernas de esclavitud? ¿Podemos unirnos a otros para orar por la paz, por ejemplo permaneciendo en silencio todos los domingos por la noche durante media hora?

Cuarta propuesta : Cuidar nuestra Tierra

«Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra» (Mateo 5, 5)

Las personas mansas son aquellas que no se imponen. Dejan espacio para otros. No monopolizan la tierra. La mansedumbre no es resignación, sino el dominio de los impulsos violentos dentro de nosotros. La Tierra no es nuestra. Se nos ha confiado; estamos llamados a cuidar de ella. Los recursos de nuestro planeta no son ilimitados. Tenemos el deber de solidaridad entre las personas y los pueblos, y con las generaciones futuras. Es necesario encontrar un buen equilibrio en nuestra forma de consumir y utilizar los recursos naturales, entre las necesidades básicas y el deseo de tener siempre más. Para encontrar un estilo de vida que permita el desarrollo sostenible se requiere toda nuestra imaginación y creatividad. Deben utilizarse en la vida diaria y para estimular la investigación científica, la inspiración artística y la invención de nuevos proyectos para la sociedad.

¿Podemos examinar la forma en que vivimos y tratar de simplificar lo que puede ser artificial y lo que es excesivo? Simplificar nuestras vidas puede ser una fuente de felicidad. ¿Cómo podemos abrir espacios para compartir? ¿Qué podemos dar y recibir? No debemos olvidar alabar a Dios por la creación. Para esto, son esenciales momentos de descanso y contemplación.

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1 comentario en «2015 en Taizé: un año para recordar y mirar al futuro»

  1. Mirar al futuro
    Sugerencia respecto a las Propuestas del hermano Alois:
    1º: Cuidar la Tierra; 2º Trabajar por la paz; 3º Buscar la reconciliación, 4º Compartir el entusiasmo por la vida.

    Gracias

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