Dios nos pilla bastante cerca

«Para lo del entierro, me lleváis a la iglesia. – Pero mamá, si tú no eres religiosa… No, pero está más cerca». Es un diálogo entre una madre que se sabe próxima a la muerte y su hija en la película Cinco lobitos de Alauda Ruíz de Azúa (no se la pierdan…), y es evidente que el argumento de proximidad resulta determinante para la decisión.

Me llama la atención que también en el Evangelio resulte tan importante lo de la cercanía de Dios y la primera vez que Jesús dice algo sobre Él (o sobre su Reino, en versión más discreta) es que está cerca (Mc 1,15), que se está acercando (aviso copiado por Amazon para decirte que tu encargo está ya de camino).

Los expertos en comunicación afirman hoy que quien participa en un debate se lo juega todo en los primeros segundos de su intervención y por eso es llamativo que, entre los múltiples rasgos divinos, a cuál más solemne y espectacular según el catecismo – Infinitud, Poder, Magnificencia, Eternidad…, Jesús eligiera este otro, modesto y con minúsculas que presenta a Dios como un vecino amigable.

Eso es lo que debía querer decir Juan de la Cruz: “Así como el sol está madrugando y dando en tu casa para entrar, si destapas el agujero, así Dios, que en guardar a Israel no dormita (Sal 120,4) ni menos duerme, entrará en el alma vacía y la llenará de bienes divinos” (3 Ll 46).

Y también Rilke en este poema:

«Vecino Dios, si a veces te molesto,
con duros golpes en las noches largas,
es porque apenas te oigo respirar
y sé que siempre estás solo en tu cuarto.
Y si algo necesitas, y no hay nadie
que te acerque un sorbo hasta la boca:
yo te escucho siempre. Hazme una señal.
Estoy muy cerca.
Un leve muro, por azar,
nos separa. Y una llamada
tuya o mía podría
sin ruido
derribarlo».

En resumen, es precisamente esa proximidad de Dios y no otro discurso, declaración, doctrina o exordio lo que tenían que anunciar los discípulos – y se supone que hoy la Iglesia – cuando fueron enviados de dos en dos por los pueblos y aldeas: «Id y proclamad que el Reino de Dios está cerca» (Mt 10,7). Y es curioso lo que tienen que decir en caso de rechazo: «Hasta el polvo de vuestra ciudad que se pega a nuestros pies, nos lo sacudimos en protesta contra vosotros; pero sabed esto: que se ha acercado el Reino de Dios» (Lc 10,11).

Dicho con otras palabras: Dios es inasequible al desaliento y ya podemos ir dando por perdido lo de quitarnos de encima su proximidad.

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