El día 15 de este mes de enero Martin Luther King habría cumplido 90 años. Si hoy el reverendo King volviera a escribir y proclamar su famoso discurso de 1963, al acabar la gran manifestación convocada sobre Washington para exigir los plenos derechos civiles de la población negra en Norteamérica, ¿qué soñaría? “Les digo a ustedes hoy, mis amigos que, pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño” ¿Todavía podemos soñar? ¿Estamos seguros? Suelo ser optimista, como bien sabéis, pero 2018 se despidió de muy mala manera (cuando escribo esto aún quedan 10 días de diciembre, pero tan sólo con el horrible asesinato de Laura Luelmo ya se han cubierto todos los cupos de malas noticias) y tengo mis dudas de que los sueños de justicia, libertad, igualdad, etc. se puedan llevar a la práctica. Creo que tras 18 años escribiendo mes a mes en Alandar esta va a ser mi primera escalera que, en vez de subir escalones hacia el cielo, los baja. Lo siento.

“Yo tengo el sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: ‘Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales’” decía M.L. King, pero a pesar de todo en nuestro país, en nuestro continente, sigue habiendo una arraigada discriminación por razón de sexo, raza, orientación sexual, entre otras. Hay brecha salarial y los hombres cobramos más que las mujeres a pesar de hacer el mismo trabajo; hay violencia inexplicable, gratuita y brutal contra las mujeres, de las que algunos hombres creen que están hechas para servir y satisfacer sus más bajos instintos de manera patriarcal, machista y violenta; hay una creciente xenofobia, aporofobia más bien, en la que se proscribe a las personas que han migrado y son pobres a tener un papel social minusvalorado, relegado, escondido y por la que se piensa que todo extranjero (pobre) es cuanto menos un aprovechado, cuando no un ladrón o un terrorista en potencia ; hay odio al que se sale del binomio hombre-mujer y plantea nuevas formas de relacionarse en pareja y de vivir su sexualidad; hay mucho rechazo, en fin, a lo diverso, a la mezcla.

Martin L. King también exhortaba “que no busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. (…) No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. (…) La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y que su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra”. Yo también sueño que en 2019, mujeres y hombres, como en 1963 hicieron negros y blancos podamos caminar juntos en contra de ese odio machista, de esa prevalencia del varón sobre la hembra; que personas de diferentes colores, tallas, pesos, idiomas, maneras de pensar y de vivir podamos evidenciar que la mezcla es riqueza y que todas las opciones son válidas mientras nazcan del respeto y la no violencia. No bebamos pues de la copa de la amargura y el odio sino de la de la alegría y la fraternidad. Nuestra Casa Común se merece ser un espacio de convivencia pacífica, amable y lleno de sonrisas. Trabajemos por ello en este 2019. A finales del año anterior una esperanza, en forma de movimiento– de nombre Matria- nació para ayudar a seguir soñando y empujando los sueños de un mundo mejor. ¿Hasta cuándo? Como decía en su discurso el que hoy sería nonagenario “no quedaremos satisfechos hasta que la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente».