El garbanzo negro

Naciones Unidas ha declarado 2016 como el Año Internacional de las Legumbres. Garbanzos, alubias lentejas, frijoles…van a estar presentes hasta en la sopa (nunca mejor dicho) durante los 366 días que hoy comienzan. Las legumbres son sanas, baratas y, junto con el arroz, están presentes en la alimentación básica de casi todas las culturas, pueblos y comunidades. Y la ONU ha decidido que 2016 sea el año en el que defendamos especialmente estos alimentos reconociéndoles, así, un papel primordial en la seguridad alimentaria y en la sostenibilidad de los cultivos. Comencemos, pues, el año a la italiana comiendo lentejas, sigamos con el potaje de Cuaresma, refresquémonos en verano con un buen humus regado con aceite de oliva y pimentón y terminemos con una buena fabada para los ¿fríos? meses de invierno. Así que he buscado en el refranero español tres dichos que vienen a cuento de las tres reflexiones con las que quería comenzar el 2016.

El primero, a modo de propósitos de año nuevo, es recordar que un garbanzo no hace puchero, pero ayuda al compañero. Así me gustaría saludar este 2016 con una serie de retos y propuestas que nos sigan recordando que no estamos solos en la construcción de un mundo más limpio y que concreten en nuestra vida cotidiana, de alguna manera, esos grandes compromisos de la #COP21 celebrada en París. Así que en 2016 propongo -cual garbanzo que apoya a otros garbanzos- uno, usar menos el coche, incluso con un objetivo numérico, real, alcanzable de kilómetros mensuales robados al petróleo (¿podemos tratar de reducir 20km cada mes, que equivale a 240 anuales, lo que usamos el coche?) Sustituyamos, pues, neumáticos por piernas, bicis, patines….o autobús; dos, cocinar cada vez más con productos locales y que en cada comida (sí, en cada comida, 366 por ¿3?) haya, al menos, un ingrediente que no haya recorrido más de diez kilómetros hasta la olla y tres, revisar los electrodomésticos de casa y antes de irnos a dormir conseguir que ninguno se quede con el piloto rojo de “estoy a la espera” encendido. Desenchufemos y evitemos el gasto oculto e inútil. Son tres retos sencillos, tres garbanzos que hacen puchero.

Sin embargo, como no hay olla sin garbanzo negro, este año que comienza no debemos dejar tampoco de salir a la calle a gritar, denunciar, luchar, apoyar lo que merece la pena. Yo me comprometo, al menos, a seguir siendo garbanzo negro (protestón, “incordiante”) al menos en los temas de violencia machista, en los que tienen que ver con la pobreza y la desigualdad y en los que atentan contra la paz y la concordia. Seguiré escribiendo y publicando, iré a manifestaciones, daré la lata por las redes sociales y no dejaré de insistir y hostigar.

Y, por fin, son lentejas, si quieres las tomas y, si no, las dejas. Ahora que parece que algunos ayuntamientos y Comunidades Autónomas (cuando escribo esto no sé si, incluso, desde el Parlamento y el Gobierno estatal, espero que sí) parece que ya se han acostumbrado -gracias a propuestas de cambio, de confluencia- a una renovación y a posibilitar y favorecer la participación de la ciudadanía, no creo que debamos callar ni dejar que nos den lentejas para comer sin más. Espero que hayan pasado para siempre los tiempos de aceptar resignados lo que los de arriba nos proponían. Y, por lo tanto, si me dan un plato de lentejas lo comeré solo si me apetece, solo si están bien cocinadas con los ingredientes adecuados. Y si no, no.

¡Feliz año de las legumbres!

Autoría

  • Carlos Ballesteros

    Nací en Madrid, cosecha del 69. Fui a la Universidad donde me licencié en eso que llaman la Ciencia de la Casa (Ekos-Nomia) eso sí, rama empresarial. Luego de mi paso por el movimiento asociativo juvenil, colaboré, con otros cuantos, en la fundación del restaurante de comercio justo Subiendo al Sur, fui secretario de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, fundé el Grupo de Apoyo a Proyectos de Economía al Servicio de las Personas, fui patrono de la fundación educativa FUHEM. Mi aventura actual es ayudar a crecer junto a/con Marta dos proyectos: Martín, dos años y siete meses cuando escribo esto y Miguel (9 meses). Pero no nos quedamos sólo en ello. Viajamos por el mundo; hemos creado Amigos de Nyumbani, una ONG de apoyo a un proyecto de niños con VIH en Kenya; participamos en otra ONG de nombre el Casal; vivimos en la sierra de Madrid, en un pequeño pueblo a los pies de La Pedriza en el que tratamos de apoyar y dinamizar su inexistente vida cultural a través de una asociación.

    Ver todas las entradas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *