Por Álvado Fraile

Álvaro Fraile nos presenta sus viñetas, para dejar huella

Hace días que estoy observando a mi alrededor este mal, más común de lo que creemos, que es la necesidad de dejar huella. En el mundo, en los demás, en la historia…

Y me pregunto si dejar huella es un objetivo que uno debe marcarse en la vida o viene como consecuencia de tus pasos.

Yo quisiera dejar huella en quienes me viven y sobreviven, pero no sé si quienes dejaron huella en mí se lo propusieron antes. En plan “el lunes por la mañana a las 18.00 horas, voy a imprimir mi paso por la tierra dejando un recuerdo inolvidable de esto que voy a hacer…”

Supongo que no. Uno cala cuando vive empapado y cuando con su vida, haciendo lo que hace, es de verdad. ¿Con mayor o menor sensibilidad, con mayor o menor ética, con mayor o menor afinidad a ti? ¿Dejó huella Gandhi y también Hitler?

¿Deja huella profesional el que para subir de puesto no tiene dudas en pisar a un compañero? Deja huella, sí… A veces tan difícil de borrar, también quien te hace daño…

Qué mierda que dejar huella signifique lo mismo cuando te han pisado y cuando caminan a tu lado.

Así que he pensado dos cosas.

La primera: que para dejar huella, huella de verdad, profunda y marcada, hay que caminar por terrenos embarrados, blandos, difíciles, quizás irregulares, no siempre limpios, no siempre buscados… y que raramente se deja huella sobre suelos firmes.

Y la segunda: que pasar caminando no es igual que pisar cuando caminas… y a partir de ahora voy a intentar distinguir entre quien pasa dejando huella y quien tan solo deja pisadas.