Que no hagan oídos sordos

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Queridos hermanos y amigos,

Dios escucha el grito de los pobres, dice el salmista. Muchas de nuestras personas queridas se unieron a nosotros para lo mejor: la mejora de la gente que sufre en Maputo. Salieron a la calle para luchar contra la subida de los precios. Los pobres fueron las víctimas de estas subidas y fueron obligados a la violencia de una manera salvaje y que se cobró trece vidas, muchos heridos y mucha gente en custodia.

A través de sus oraciones, Dios ha oído los gritos de los pobres y el precio del pan seguirá como antes, las facturas de electricidad y del agua serán razonables y asequibles, incluso para los más pobres. La gente pobre lloró de alegría cuando oyó la Buena Noticia en la televisión.

La gente ha saqueado propiedades mercantiles, quemado gasolineras y robado bancos; han muerto por causa de balas perdidas; han sido rociados con gases lacrimógenos, han sido hospitalizados y han tenido que terminar en la cárcel para que las personas responsables escucharan sus gritos.

Los muertos no tendrán el privilegio de disfrutar del trabajo de sus manos y de sus esfuerzos. Ni tampoco podrán disfrutar sus familias de ninguna compensación. Hemos conocido con alegría que los funcionarios del Gobierno reducirán sus privilegios. Se trata, en efecto, de una buena noticia para los pobres y para todos nosotros, que hemos estado rezando para que la situación mejorase.

Cuando pensamos en los productos importados, los precios se doblan todos los días. Tenemos que producir cosas localmente. Tenemos el potencial con la buena tierra y los muchos ríos que son la bendición de Mozambique.

Que lo que hemos experimentado estos días sea la primera y última vez. Que la futura generación nunca tenga que repetir lo que han visto nuestros ojos y escuchado nuestros oídos. Que las autoridades no hagan oídos sordos a los gritos de los pobres que pueden obligarlos a hacer las peores cosas que hemos visto y oído.

Dios bendiga a Mozambique con líderes que escuchen los gritos de los pobres. La paz y el orden han vuelto a la normalidad y disfrutamos de la paz mozambiqueña. La vida sonríe para los jóvenes pobres y sin empleo.

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