Profetas

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Me llega la noticia de que Pedro Casaldàliga ha tenido que salir de su casa en São Félix por recibir, nuevamente amenazas de muerte.
Pedro tiene ya 84 años y una enfermedad que avanza lentamente: parkinson. Me contaban sus colaboradores más cercanos que apenas ya pueda caminar, aunque la cabeza la tiene totalmente lúcida.
En este tiempo de Adviento en el que los profetas se nos hacen tan presentes en la liturgia, no puedo dejar de pensar en Pedro Casaldàliga como un profeta de nuestro tiempo. Profeta que denuncia la injusticia, el dolor del pueblo, la opresión por parte de los poderosos, el inmovilismo del poder político… el sufrimiento del pueblo. Casaldàliga lleva años, muchos años defendiendo a los indios xavantes, karajás, tapirapés… Ya tuvo un intento de asesinato, pero erraron el tiro y mataron a un compañero suyo.

Ahora vuelven a intentarlo porque Pedro, a pesar de los años, no se ha cansado de anunciar que la injusticia y la opresión no casan con la voluntad y el Reino de Dios. Lleva más de dos décadas defendiendo la causa de los indios xavantes y su derecho a la tierra. Y eso los fazendeiros no lo pueden soportar. Pedro ha abandonado su casa por las crecientes amenazas: “Estoy fuera por unos días”, dice la nota que informa del suceso acontecido, pero Pedro piensa en volver y seguir al lado de su pueblo, como lo ha hecho siempre, como los profetas que hacen el camino al lado de su pueblo, denunciando y anunciando otro mundo nuevo.

El evangelio del segundo domingo de adviento nos presentaba a Juan, profeta del Nuevo Testamento, haciéndose eco de la palabras de Isaías: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”.

Confiemos y unamos nuestras fuerzas para que lo escabroso se iguale y pronto podamos vivir el Reino de Dios aquí y ahora. Gracias Pedro, amigo, por todo tu trabajo.

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