Pagola y la censura

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En el “Alfa y Omega” del domingo 17 de Marzo de este año, he leído una nota de la Conferencia Episcopal Española sobre el citado libro de Pagola calificándole como “Peligroso por sus omisiones”.

Debo decir que tengo 80 años, que estudié en los maristas, que he pertenecido a Acción Católica y que procuro -con la ayuda de los hermanos en la fe- mantenerla y, si es posible, profundizarla e incluso trasmitirla, aunque reconozco que con poco éxito. Hago esta confesión para que se puedan situarme a mí y a mis opiniones.

Dicho esto, debo manifestar que al el citado libro lo considero excelente y nada peligroso, sino esclarecedor. Esta semana Santa he vuelto a leer los capítulos relativos a la Pasión y Resurrección de Jesús y he confirmado, una vez más, el rigor de su relato y su valor pastoral.

Hace años también leí el llamado “Catecismo Holandés” que, creo recordar, también ofrecía peligros por su opinión sobre el tema de la concepción de María, razonando los obispos holandeses que los relatos evangélicos de Mateo y Lucas, tomados al pie de la letra, nos llevaban a definir a Jesús como un semidiós, hijo de Dios y de una mujer, propio de la mitología grecolatina, pero no del concepto de Hijo del Hombre e Hijo de Dios que es el que se aplicó Jesús.

Tales bellos relatos, redactados con el propósito de llegar al corazón de los cristianos procedentes del judaísmo y recogidos, probablemente, de alguna tradición oral de los mismos, están -por otra parte- cargados de un rico simbolismo, que mantiene su valor pastoral, pero no son historia.

Como no conozco ni las peligrosas omisiones ni la ambigüedad a las que se refiere la citada nota no puedo opinar sobre las mismas, si no quiero dar “palos de ciego”. Por otra parte, confieso que no entiendo la siguiente frase de la misma nota: “Su enfoque metodológico (del libro) ha de considerarse erróneo, por cuanto, separando al llamado Jesús histórico del Cristo de la fe, en su reconstrucción histórica elimina preconcebidamente todo cuanto excede de una presentación de Jesús como profeta del Reino”.

O sea ¿que los contemporáneos de Jesús parece que no conocieron a Jesús como es debido? Confieso que estoy perplejo. Si se admite una broma, habría que pensar en el disgusto que se han debido de llevar los apóstoles al enterarse de esto.

Para terminar y para tranquilizar, si es posible, a la Conferencia Episcopal, diré que la lectura del libro de Pagola me ha liberado de la sensación subliminal de que Jesús era un extraterrestre disfrazado de hombre, sensación que me venía cuando se hablaba de él. Ahora le percibo como Hijo de Dios y como Hijo del Hombre simultáneamente y es que para Dios no hay nada imposible.

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