Hombres y curas

Queridas y queridos míos de alandar:

Leer cada mes alandar es reencontrarse con un amigo entrañable al que hace tiempo que no ves, pero que siempre te trae noticias de otros seres queridos. Es un placer y un privilegio en unos tiempos yermos de medios de comunicación bien hechos, honestos, valientes. Gracias por estar ahí.

Tras los halagos, quisiera hacer una reflexión en voz alta sobre los hombres, los curas y las y los laicos. Y esto viene a colación de las palabras de José Centeno, en el reportaje de portada sobre el sacerdocio que publicasteis el pasado mes de febrero. En ellas Centeno, que se autodenomina ‘cura obrero’ (¿sigue siéndolo?), afirma: “fui disminuido, rebajado a un estado menos perfecto, el de los laicos”. Esta aseveración, claramente despectiva para los que conformamos la ‘subcasta’ de laicos y laicas, dice mucho de lo que tienen en la cabeza y en el corazón los hombres que pasan por un seminario. Incluso aquellos, como los ‘curas obreros’, que eligieron supuestamente seguir los consejos del Concilio Vaticano II, pisar la calle y conocer a sus hermanos en las fábricas.

Me comenta una amiga que pertenece a uno de los movimientos de curas casados que, al final, alguien que miró a la grey desde las alturas del púlpito (hombre y cura, en un solo ser es mucho poder), no puede dejar de ser lo que fue. Por mucho que se haya casado y tenga familia. No somos ovejas, somos hermanos en Cristo, señor Centeno.

Reconozco que generalizar siempre es injusto, pero una gran mayoría de los curas que he conocido en mi vida, se han empeñado en tratar a los laicos como menores de edad. Y si eran mujeres, ni te cuento. De ahí que la expresión: “fui rebajado a un estado menos perfecto, el de los laicos”, tenga todo el sentido para él. Señor Centeno, y todos los que así piensen: entren de una vez en la Iglesia del siglo XXI, que usted tanto alaba en la entrevista. Y entérese de que es una Iglesia viva, libre y llena de mujeres. Por lo menos en las ‘catacumbas’ donde nos reunimos quienes seguimos venerando al Jesús de los Pobres, a Jesús de Nazaret.

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