El Nuncio que jugaba al tenis

Sólo hoy. Y han pasado ya 4 meses, el 15 de enero ha muerto Pío Laghi. Y sólo hoy consigo escribir para admitir el temor ante una reacción de mi cuerpo a la noticia de su muerte. No era una persona cualquiera Pío Laghi. Era un hombre de poder, cardenal. Nuncio apostólico en Argentina del 1976 al 1980. Jugaba bien al tenis Pío Laghi. Jugaba con el general Massera, si divertían. Durante cuatro años ha encubierto las torturas de las cárceles clandestinas de la terrible ESMA, un nombre que no dice nada a quien es joven ahora. Luego ha dicho que no sabía nada. Humildemente me pongo en la situación embarazosa en que se habrá visto el Altísimo. Se lo habrá encontrado de frente, imagino. Laghi habrá dicho: yo no sabía nada. Habrá mentido incluso al Señor Omnipotente.

Siento rabia ante la noticia de su muerte. Rabia enorme porque no haya sido nunca juzgado por sus crímenes. Desde Roma silencio, ni siquiera esas muecas de la boca de que el Santo Padre dispone para ordenar sin hablar, para alejar del rebaño a un asesino, e intentar entregarlo a la mísera justicia, la terrena. Ha acabado su vida terrena rico y cardenal, Pío Laghi.

Más de 30.000 los desaparecidos en Argentina en aquellos años. La Iglesia ha tenido incluso la osadía de recordarlo. Domon Alice y Renèe Duquet, dos monjas francesas secuestradas, torturadas en el ESMA, violentadas y lanzadas al mar desde un avión, agradecen en nombre de todos.

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