El Barrio Covadonga y los dominicos

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A muchos de los que habitualmente siguen las noticias a través de los diferentes medios no les causará ningún impacto, ni tan siquiera quedará en su memoria a corto plazo, que los frailes dominicos de un Barrio denominado Covadonga (Torrelavega, Cantabria) se vean obligados por su propia orden a abandonar tanto la parroquia como su tarea al frente de ella. Al fin y al cabo no se trata nada más de que, como es constatable, la Iglesia va perdiendo fuerza, va abandonando su quehacer y va ganando terreno la denominada sociedad civil. Sin embargo no todo es tan claro, evidente y palpable. La plaza de San Pedro o la cúpula vaticana que te devora, abruma y empequeñece, incluso indigna a algunos con su majestuosidad, poco tiene que ver con una parroquia como la del barrio de Covadonga.

Efectivamente metemos en el mismo saco a todo aquello que huela a catolicismo o a simple fenómeno religioso. Desde luego no es el caso. Nuestra sociedad no está sobrada de pilares fuertes sobre los que asentarse y mucho menos esta comarca del Besaya. Uno de esos pilares se basa en el movimiento ciudadano y social del Barrio Covadonga y éste en gran medida se ha asentado en la labor desarrollada durante más de treinta años por la comunidad de Covadonga.

Los cambios que a lo largo de todos estos años se han ido sucediendo en el barrio de Covadonga y que lo han transformado de arriba a abajo, logrando que sea un lugar habitable y digno, no han sido gratuitos o donados por benefactores políticos. Han sido arrancados de las manos de muchos ediles, regidores y gobernantes que tras el denodado trabajo ciudadano se han visto obligados a seguir a una sociedad que demandaba soluciones a los problemas reales. Tras la parroquia del Barrio Covadonga hay un numerosísimos grupo de personas que a través de su vocación cristiana o sin tener nada que ver con ella trabaja de forma desinteresada por un pueblo, barrio o ciudad mejor.

La iglesia, como edificio, alberga todo tipo de actos y de actividades, es el verdadero centro social y cultural del barrio de Covadonga y en muchas ocasiones de la ciudad. Sin el boato, parafernalia o inversión de otros lugares es el referente para infinidad de acontecimientos de relevancia en el ámbito cultural, social, medioambiental o vecinal.

Que los dominicos abandonen esta tarea, cuando quienes actualmente la desarrollan están deseando continuar, es un verdadero desastre para el precario tejido social de la comarca. Lo que para algunos incluso será una buena noticia, un grano menos que extirpar en su labor por desterrar de la sociedad el espíritu crítico y reivindicativo, será para la gran mayoría de ciudadanos de a pie un verdadero desastre.

Tras las numerosas reuniones, manifestaciones, recogida de miles de firmas, incluso compañeros dominicos dejados en el camino, la orden sigue ciega a la demanda social y parroquial de este pequeño rincón del mundo. Muchas generaciones han conocido este espíritu de lucha y entrega a través de no pocos dominicos, quizá ahora sea el momento de devolver aquello que nos han regalado y comprometernos en evitar la marcha de la congregación. Efectivamente muchos estarán pensando que es la propia Orden la que desea abandonar la ciudad. Es cierto. No siempre las cabezas pensantes de muchas organizaciones están dispuestas a arriesgar y continuar con tareas tan poco edificantes como ayudar a los más desfavorecidos, soliviantar a los poderes establecidos y, en definitiva, poner en duda que las cosas son como son y no pueden cambiarse.

Esta realidad de un pequeño barrio es, sin duda, la de otros muchos rincones donde el espíritu cristiano, paradójicamente, sigue muy vivo. Ese espíritu tiene futuro y estas gentes de Covadonga están deseando encararlo.

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