Comunión o ¿sumisión?

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He leído y he vuelto a leer de manera muy atenta el artículo, “A los obispos no les gusta”, de Aristóbulo Llorente sobre las Jornadas de Pastoral Educativa 2013 que pensaba organizar la FERE en diferentes diócesis de España, una de las cuales iba ser, precisamente, Oviedo.

Pues bien, tal y como dice el propio Aristóbulo, al menos en esta diócesis no se van a celebrar, porque su obispo, Jesús Sanz Montes, considera que no ha sido consultado y porque, además, algunos ponentes de las mismas no son considerados idóneos por él, se sobreentiende, a nivel religioso; porque solo faltaba que fuera también a nivel de capacidad pedagógica. Por otro lado, no me extrañaría que su osadía le llevase también a ello.

A una manera de actuar como ésta, es decir adulta y madura por parte de colectivos concretos, en este caso de la FERE, muchos jerarcas de la Iglesia, al menos de la española y algunos más que otros, todo sea dicho, suelen denominarlo falta de comunión. Es decir, para este obispo en concreto es falta de comunión el hecho de que representantes de la FERE, después de reunirse, comentar e intercambiar puntos de vista, decidan qué personas son las que ellos consideran más adecuadas de cara a impartir unos conocimientos y unas experiencias que ayuden a llevar mejor a cabo la tan sagrada tarea de ayudar a crecer y a madurar a niños, adolescentes, jóvenes, profesores, madres, padres, etc.de sus colegios.

Debo confesar que no me ha extrañado en absoluto la reacción de este obispo. Me viene a la memoria una de sus pastorales, cuando estaba al frente de la diócesis de Huesca-Jaca, en la cual pedía a sus diocesanos que en las elecciones que se iban a celebrar votasen al Partido Popular para intentar con ello desbancar de la Moncloa al entonces “más que hereje”, presidente Zapatero.

Me da la impresión de que en su manera de ver las cosas no existen palabras tan evangélicas y cristianas como diálogo y comprensión, entre otras. Para él, en este caso, la verdad es única y la posee de manera exclusiva él y nadie más que él, a pesar de que se trate de una verdad que pueda afectar a campos que en absoluto domina. De ahí que la comunión signifique siempre aceptar a pie juntillas sus palabras y sus propuestas. Vaya, servilismo puro y duro y renuncia absoluta a algo tan maravilloso y sagrado como es pensar y decidir haciendo uso de la mente y de la voluntad. O, dicho de otra manera, sumisión total y absoluta.

Tiene miedo, también otros lo tienen, de que existan personas que puedan llegar a cuestionar sus seguridades, muchas veces demasiado próximas al Derecho Canónico, aunque muy lejanas del Evangelio. Por ello piensan que deben cortar por lo sano.

Dos cosas para acabar: en primer lugar, si esto es estar en comunión, ¡por favor, dadme de baja cuanto antes! En segundo, que me perdone la FERE, pues creo, personalmente, que en este caso su actitud de echarse para atrás tiene muy poco de comunión y mucho de servilismo o de una obediencia muy mal entendida.

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