Carta a Martín Bermejo

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Somos un grupo de Carmelitas de la Caridad Vedruna que, ante la carta de Martín Bermejo en el número de noviembre, en respuesta a la entrevista realizada a Paloma Castro, sentimos la necesidad de aportar algo de luz a lo que ahí se dice acerca de nuestra hermana.

Lo primero que nos gustaría resaltar es la pregunta que la entrevistadora le hace: ¿Qué es lo que la indigna (equivalente a le duele) en el ámbito social y eclesial? Y Paloma, desde el corazón, responde lo que le duele, sin atacar y “sin echar piedras al tejado” de nadie. Ella hace una confesión del pecado de la Iglesia que considera suyo y por eso lo sufre, (nadie sufre por algo que considera ajeno). Lo que a ella le duele es lo mismo que nos duele a muchas personas que amamos de verdad a la Iglesia, lo mismo que le duele a nuestro Capítulo General recientemente celebrado. Pecado que por ser público se puede constatar. Pecado que lo sufrimos como propio porque nos sentimos Iglesia.

Segundo. Si no “alaba las grandes cualidades de la Iglesia como las de los misioneros…” no es porque no las conozca, ni las valore, sino porque la pregunta que se le hace es qué le duele o qué le indigna. Precisamente ella sabe muy bien, en carne propia, lo que es dejar la vida en misiones. Ni ella como sus hermanos se han preguntado nunca por el límite de la entrega y algunos de ellos han dejado su vida en la opción por el Reino.

Tercero. La postura de Paloma no es una “postura laicista”, sino una postura de fe. Comienza la entrevista afirmando que su concepción de la Iglesia arranca de su fe en Jesús y creemos poder estar de acuerdo en que lo que Jesús pone en marcha es una comunidad de gente sencilla a la que inculca un estilo de vida que no es otro que el de las bienaventuranzas. Por eso ella habla de una comunidad sin pomposidad, sin alforja, sin bastón y sin calderilla en el bolsillo y de una comunidad que no es para sí misma sino para el mundo (Evangeli Nuntiandi) y en palabras suyas “una comunidad en la calle, con la gente, sus preocupaciones, sus carencias, sus necesidades”. Lo que le duele es que a la Iglesia se le vaya más la fuerza en los ritos (que no en la liturgia) y menos en la encarnación en las realidades más sufrientes. No porque no valore el trabajo de los misioneros sino porque la Iglesia en Europa no brilla precisamente por esas actitudes y el que quiere vivirlas tiene que estar dispuesto a la incomprensión muchas veces de sus mismos hermanos en la fe.

Cuarto. Si usted prefiere, como dice en su carta, “ver cómo Paloma se preocupa por el necesitado y menos por la Iglesia vaticana”, sólo tiene que acercarse a Suerte de Saavedra, Badajoz. Allí será muy bien recibido por ella y su comunidad, con una gran sonrisa de acogida, sin ningún tipo de resentimiento, sin ninguna mala cara. Podrá comprobar que lo que esas mujeres quieren en verdad no es otra cosa que seguir la senda de Jesús de Nazaret y de su fundadora, Joaquina de Vedruna, con limitaciones y fallos pero con un deseo inquebrantable de ser fieles al Evangelio, abriendo el corazón a toda persona, sin juzgar ni rechazar a nadie.

Quinto. Lo que a Paloma le indigna no es que la Iglesia no sea democrática. Paloma sabe que la vocación de la Iglesia no es la democracia, sino vivir la comunión, algo mucho más grande que la democracia. Pero la vivencia de la comunión necesariamente pasa por el diálogo, la participación, el reconocimiento de las personas sin excluir a nadie por razón de sexo, raza, religión o cultura, rasgos, ciertamente, propios de la democracia, pero sabiendo que lo nuestro va más allá y que eso es precisamente lo que los cristianos estamos llamados a aportar a la sociedad. Tristemente nos quedamos muy cortos.

Sexto. Hemos tenido la ocasión y la gracia de compartir mucha vida y mucha fe con Paloma y somos testigos de su profundo sentido de pertenencia eclesial. Esa Iglesia que ella dice tanto ama y llena de esperanza no está exenta de pecado. No se trata, por tanto, de hacer una defensa a ultranza de su inocencia, sino de reconocer humildemente lo que se aleja del estilo de vida de Jesús. Ese es el primer paso de la conversión.

Y, para terminar, nada mejor que las mismas palabras de Paloma al expresar el compromiso que ella asume para introducirse en ese proceso de conversión y de transformación: “Seguir comprometida día a día con las personas de mi barrio con un compromiso global: personal, social, eclesial, político… Apoyar todo lo que sea constructivo y no destructivo, pacífico y no violento, justo y no injusto, solidario y no insolidario, (… ) convencida de que mi aportación a la evangelización pasa por el compromiso con esa nueva sociedad que puede y debe emerger.”

Todo un programa de vida el que Paloma nos ofrece en su entrevista. Nos deja bien claro que su compromiso es evangelizador, que Jesús es la única referencia para encarnarse como él, en el mundo de los pobres. Agradecemos su testimonio, su serenidad, su sonrisa en medio de la dificultad, su entrega. Ella sabe muy bien que todas y todos necesitamos de la misericordia del Padre y eso es lo que le hace echar a buena parte todo aquello que humanamente podría herirla. Ella quiere hacer vida las palabras de Jesús: “No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí”.

Adhesiones a la carta:

• Comunidad La Ventilla (Madrid)
• Comunidad La Cistérniga (Valladolid)
• Comunidad Familia-hogar (Vigo)
• Comunidad de La Rondilla (Valladolid)
• Comunidad de Gallegos ( Lugo)
• Elisa Bastardo
• Nieves Aguadero Julián
• Pilar López Jalón
• Carmen Álvarez Pellitero
• Ángeles Santos López
• Elemila Domínguez Fernández
• Mª Remedios Bermejo Bacas
• Mª Luz González
• Pilar Berciano Falagan
• Luisa Villanego Aido
• Isabel Díaz
• Mª Angeles Alonso
• Mercedes Iglesias
• Covadonga Fuertes
• Carmen Navarro
• Anunciación Quintero Gallego
• Concepción Burgos Jular
• Carmen Gómez Benito
• Dolores Calderón
• Lonarda Alvarez Pascual
• Clara Fidalgo Vega
• Rosario Teja
• Anastasia García
• Socorro Millán
• Alicia Martín Baró

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