Acabemos con la visión apocalíptica

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Me sigue sorprendiendo, cada mes, cuando me llega alandar, la capacidad que tenéis para mostrarnos rayos de esperanza en un mundo tan gris. Al menos esto es lo que nos presentan cada día el resto de las televisiones, de los periódicos. Y de eso es de lo que os quería hablar con este carta, de la voluntad que creo que existe entre la gente poderosa de colocarnos unas gafas graduadas en las ópticas del pesimismo.

Quieren convencernos que no tenemos nada que hacer. Que nuestro destino está en manos del sacrosanto Mercado, que todo se reduce a los índices de la macroeconomía. ¡Y yo me niego a comulgar con esa rueda de molino! En el último alandar leí varios artículos interesantes sobre gente que tampoco lo hace. Por ejemplo el que hablaba de gente que practica la no-violencia, o la entrevista de Carlos Taibo en la que defendía los principios del movimiento 15-M, o el de los jóvenes que se fueron a ver a mi admiradísimo Casaldáliga. Se trata de personas valientes, imaginativas, entregadas a construir el Reino desde la alegría y el cuestionamiento de los mecanismos que rigen la lógica del poder.

Pues eso es lo que defiendo: la imaginación, el optimismo y la valentía. Esos son valores más que necesarios en este momento. Tengo un amigo que insiste en presentarme cada día una página del Apocalipsis diciéndome que esa es la realidad que se nos viene encima. Y yo le contesto que eso es lo que quieren los poderosos: tenernos asustados, deprimidos, inmóviles. Para así seguir desmontando el esmirriado Estado de derechos y libertades que nos quedan y repartirse el botín entre sus amiguetes empresarios.

A todos estos agoreros del fin de la historia les daría una dosis mensual de alandar. O de Evangelio, ya que se parecen mucho por su capacidad de hacer soñar con un mundo más justo y más amoroso. Por favor, ¡no nos resignemos!

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