El voto religioso estadounidense

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pag11_cantarentierra1_web.jpgSolamente queda un mes para saber cuál será el candidato republicano que luche contra Obama el próximo 6 de noviembre. En el tapete de poker casi todas las cartas republicanas están jugadas, a no ser que Ron Paul se guarde un as en la manga. Tras la carrera por la candidatura, Mitt Romney tiene la mayor cantidad de fichas y todas las cartas a su favor para poder combatir contra Obama en las próximas presidenciales.

A pesar de que Obama tenga que luchar contra el desencanto de gran cantidad de estadounidenses y frente a numerosas encuestas que lo ponen entre la espada y la pared, Romney tendrá que sudar para ganar la carrera. El presunto candidato republicano cuenta con dos obstáculos importantes a esquivar: su excesiva ideología moderada -según militantes de base republicana- y su inclinación religiosa, que no está siendo precisamente un acicate para su imagen pública.

Pero la importancia del fenómeno religioso en el affaire político no es algo nuevo en uno de los estados pioneros en el respeto a la adopción de una religión. Debido a la herencia de la originaria pluralidad religiosa, desde los primeros días del colonialismo, no es raro que un político hable con franqueza de su religión en campaña electoral. Desde la otra ladera, numerosas Iglesias y líderes religiosos también se toman en serio las elecciones presidenciales, con la intención de dar una adecuada orientación al voto de sus fieles.

Aunque haya votantes provenientes del cristianismo tanto en el Partido Republicano como en el Partido Demócrata, a veces la ideología religiosa de la población estadounidense se simplifica cuando se afirma que desde el cristianismo evangélico se tiende a apoyar al primero mientras que votantes laicos y laicas apoyan a segundo. En las próximas presidenciales, este estereotipo no se podrá enfatizar tan alegremente.

El perfil religioso de Romney

Pese a que el expresidente del Congreso, Newt Gingrich haya reconocido en alguna ocasión que Romney es el favorito, probablemente Ron Paul (el único contrincante republicano que le queda a Romney) se esté frotando las manos al pensar que aún guarda una bala por usar: el exgobernador de Massachusetts es mormón.

La creencia de que la Iglesia de los Santos de los Últimos Días es una secta está más que extendida en Estados Unidos y quienes pertenecen a ella cargan con el descrédito de ser racistas y ejercer la poligamia. Según una encuesta de Gallup, solo el 2% de estadounidenses se define como mormón, lo que significa unos siete millones de ciudadanos y ciudadanas.

Aunque este movimiento crea en la salvación a través de la fe en Jesucristo, la mormona difiere en algunos aspectos esenciales del resto de las confesiones cristianas tradicionales. Junto a la Biblia, la creencia en el Libro del Mormón, que incluye las visiones de Joseph Smith, es un elemento de revelación ineludible para esta religión, tanto como para el catolicismo romano el Magisterio.

Una de las cuestiones teológicas más curiosas de los mormones es que creen que Jesús de Nazaret ya ha experimentado una cierta parusía en el continente americano. Es decir, que Jesús habría venido por segunda vez, después de su resurrección. Y una de las cuestiones más peculiares de su moral sexual es la práctica de la poligamia en algunas de sus ramas. Otro asunto disyuntivo para las Iglesias protestantes y el catolicismo es la eclesiología tan exclusivista de este movimiento.

Opciones desestimadas

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En cuanto a la restante representación evangélica de las primarias republicanas, no hay nada original que constatar. Al parecer, Ron Paul, pertenece a la congregación de Iglesias Bautistas. No obstante, se sabe muy poco de su pensamiento religioso, porque casi nunca se le ha podido sacar una declaración de esta naturaleza. Paul se ha encargado de cuidar su imagen pública para que no se le acuse de utilizar el voto religioso en su campaña. Pero los 54 delegados obtenidos por este candidato frente a los 724 de Romney conducen a Paul, considerado uno de los padres del Tea Party, a una situación poco aventajada.

Otro representante del republicanismo católico es Newt Gingrich, cuya candidatura está ya en suspenso. De él se dice que viajó a Roma junto con Santorum para la canonización de José María Escrivá de Balaguer. Pertenece a la Iglesia Católica, aunque en su pasado entierre el recuerdo de cuando era congregante de las Iglesias Bautistas.

En la misma línea se sitúa Rick Santorum. Hay que reconocer que hubiera sido interesante que este candidato conservador no hubiera tirado la toalla a mitad de primarias. Desde el comienzo de la campaña, ha tomado el rol de católico practicante. Su afinidad al Opus Dei y su defensa a ultranza de la Iglesia de Roma lo ha encasillado en un catolicismo y una moral bastante conservadores. Tanto así que, cuando era candidato para las primarias, algún analista político ha llegado a preguntarse con cierta ironía si el perfil de los votantes de John F. Kennedy sería el mismo que el de los votantes de Santorum.

Para comprender mejor este complejo mosaico actual del juego de los distintos lobbies religiosos de Estados Unidos en las cercanas presidenciales, en el número de septiembre analizaremos el perfil creyente de las personas que votan a los demócratas. Pero a estas alturas podríamos lanzar algunas preguntas iniciales: ¿se atreverían a votar los republicanos evangélicos al candidato mormón en las elecciones presidenciales? ¿Lo harían los y las votantes provenientes del catolicismo de tendencia republicana? ¿Lo votarían personas conservadoras no creyentes?

Estos interrogantes ponen en jaque el triunfo del candidato republicano Romney. Por ello, puede que en él acampe el recuerdo esperanzador de la experiencia de John F. Kennedy, que en 1960 se bautizó como primer presidente católico. Y eso que más del 25% del electorado estadounidense indicaban que no votarían por un católico.

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