Buenos o malos humos

Si para comenzar les propongo descifrar esto: CO2 / G-8, posiblemente, me manden a paseo, con toda razón, porque pensarán que para eso están las revistas de pasatiempos. Sé que no es lo más llamativo para atraer al público, excepto si a uno le gustan la química o las matemáticas. Denme la oportunidad y sigan leyendo.

Estos números nada tienen que ver con cábalas milenaristas ni el final del mundo, aunque tampoco distan mucho de esos planteamientos si las cosas siguen a este ritmo. De verdad, no lo digo por ser catastrofista, pero hagan su propia valoración después de leer lo que viene a continuación.

[quote_right]Que contaminemos menos es cuestión del día a día.[/quote_right]

Busco información sobre la reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2) por parte de los distintos países que poblamos la Tierra. Mi primera gran sorpresa, después vendrán más, es que las noticias que más abundan sobre este tema son de los años 2008 y 2009. Desde esa fecha ya ha llovido bastante. Aparece otra serie de datos más recientes, pero la mayoría de ellos referentes a la cumbre del G-8 celebrada en julio de 2008 en Hokkaido, al norte de Japón. En dicha reunión las siete potencias mundiales -EEUU, Japón, Canadá, Alemania, Italia, Francia y Reino Unido- más Rusia, acordaron reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2050; casi nada. Mientras, los países industrializados deberán rebajarlas en un 80%. Ante esta situación y como si de una clase de infantil se tratase, China e India se niegan a aprobarlo, porque “los grandes” no han ayudado financiera ni tecnológicamente para dar pasos hacia la producción de energías más limpias. Unos por otros, la casa sin barrer o, mejor dicho, ensuciándola más. ¿Consideran normal que el 80% de las emisiones de CO2 las emitan los ocho países del G-8 y estos se limiten a hacer declaraciones de buenas intenciones?

- Junto a una reserva natural, una planta energética emite malos humos en EEUU Foto. Dawn EllnerNo recurriré a la estrategia facilona de echar la culpa a los políticos, aunque parte de ella tienen. A diario veo pasar coches con uno o dos ocupantes, las fábricas siguen produciendo de forma desmesurada porque nosotros consumimos por encima de nuestras posibilidades; el gasto desproporcionado de energía eléctrica hace que el planeta se destruya con rapidez. Es cierto que los humanos también emitimos CO2, pero contra eso no podemos hacer nada y, lógicamente, no nos podemos quedar sin respirar. Lo mismo podemos decir de las flatulencias de las vacas, que también emiten dióxido de carbono, pero hay cosas que son inevitables. Que contaminemos menos es cuestión del día a día.

[quote_right]Debemos reducir tanto las emisiones de dióxido de carbono como el mal carácter que hacen que nuestro entorno sea irrespirable.[/quote_right]

Después de esta visión general, bajaré a un plano más cercano que puede contribuir a evitar que se siga incrementando el “calentamiento”. Me refiero a los malos humos. No a aquellos que emiten los coches o los fumadores, sino al mal carácter que nos gastamos y que no hace sino crear atmósferas de hostilidad y conflicto. Si fuéramos más pacíficos, el mundo sería de otra manera. Es necesario respirar aire puro, volver a tener aliento de vida como el que Dios le insufló a los primeros seres humanos para convertirlos en vivientes. Para ello, debemos reducir tanto las emisiones de dióxido de carbono como el mal carácter que hacen que nuestro entorno sea irrespirable. Como
dice mi amigo Juanjo Fernández: ¡Respira, ventila tu corazón!

jukaprieto@hotmail.com

Autoría

  • Juan Carlos Prieto

    Salmantino de nacimiento y corredor de fondo por la península ibérica. Soy buscador, inquieto y atrevido, lo cual que me lleva a adentrarme en terrenos variopintos como la música, la fotografía, la pintura y a escribir cuatro letras cada cierto tiempo. Amante de lo cotidiano y lo sencillo, disfruto mirando más allá de lo que los ojos captan a primera vista intentando descubrir la profundidad de lo Trascendente y la grandeza de los corazones. Encantado de acompañar a los más frágiles y aprender de ellos, actualmente trabajo con personas con discapacidad intelectual. Anteriormente con menores tutelados. Cada día me aportan una enseñanza.

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