Una mayoría con voz y esperanza

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Foto. David Buedo CCIndignación-movilización-acción. Este tridente parece hecho a medida de los tiempos que corren. A la rabia provocada por las injusticias que brotan por doquier en nuestro país no debería acompañarle la sensación de impotencia. Cientos de miles de personas se implican en las numerosas protestas, huelgas e iniciativas con las que se quiere denunciar la falta de sensibilidad de quienes nos gobiernan respecto a los derechos de la mayoría. Pero también existen muchas más dispuestas a buscar la manera de paliar los tremendos agujeros que dejan los recortes de los servicios públicos o la privatización de un país que está en venta.

A esas flores que brotan en el desierto les dedicamos el reportaje de portada, en este número con el que alandar saluda al 2013. Se trata de proyectos colectivos, alimentados por la energía de la solidaridad gratuita, que se dirigen a buscar alternativas ciudadanas en temas tan básicos como la educación, el empleo o la cultura. En el pasado más reciente la respuesta colectiva se limitaba al tradicional ámbito de trabajo de ONG, asociaciones y sindicatos. Y gran parte de estos colectivos contaban, en mayor o en menor medida, con el apoyo de las instituciones del Estado. Ahora, cuando la bancarrota ha abierto un boquete en las arcas de ayuntamientos, comunidades autónomas y administración central para dejarlas sin fondos, la falta de recursos públicos impulsa a la gente a organizarse y liderar proyectos de cambio como última posibilidad de solucionar problemas sociales de extrema gravedad.

La presión social en la calle (lo hemos visto en el caso de los desahucios y más tímidamente en la protesta de la “marea blanca”) da sus frutos. Y, sin embargo, estos resultados positivos no dejan de ser pálidos logros respecto al enorme número de carencias que se detectan hoy en día en España. La falta de empleo provoca que surjan cooperativas de economía solidaria; los planes educativos ultraconservadores que se están implantando obligan a que AMPAS y profesorado busquen alternativas liberadoras y promotoras de valores que ahora escasean. Parroquias y asociaciones cristianas unen sus fuerzas a otras gentes fuera de la Iglesia, con experiencia en fondos de solidaridad, para conceder microcréditos a miles de familias a las que la pérdida del trabajo les empuja al abismo de la pobreza y la exclusión social.

Gracias a Dios, en este tiempo de crisis colectiva no faltan las mujeres y hombres que se sienten protagonistas del cambio. Quizá una parte no salen a la calle en manifestaciones, pero desde luego no se puede decir que formen parte de una mayoría silenciosa. Frente a unos medios de comunicación que mandan varios mensajes diarios de catástrofe, no cabe la resignación y el silencio. El desmontaje del Estado del bienestar, programado y ejecutado con la frialdad de quien conoce su oficio, está siendo respondido por la vía de las palabras y de los hechos. Y esta realidad solo puede despertar solidaridad y transmitir esperanza en un mañana más justo.

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