Paro, trabajo precario y trabajo decente: jóvenes en primera persona

  • por

La vida de las personas jóvenes es más importante que sus circunstancias. Y caben muchas lecturas y muchas maneras de afrontar las dificultades. Cabe, incluso, el sentir que alguien realiza su vocación humana y cristiana en la menos favorable de las circunstancias. A eso apunta la reflexión de estos cinco jóvenes, que reflexionan sobre la relación entre su trabajo, su formación previa y su crecimiento personal. También sobre lo que es un trabajo decente. Los traemos a las páginas de alandar porque su testimonio puede ser útil a otras personas que enfrenten situaciones similares. La vida de los otros como incentivo para movilizar las energías personales y para hacer una lectura de la realidad en la que quepa el proyecto personal de vida inserto en el proyecto de Dios para el mundo: que haya vida y vida abundante. Los testimonios proceden de la Campaña de Graduados de la JEC, “Jóvenes ¿empleados o empeñados?”.

Marta (25 años), Badajoz

pag4-5_temadeportada_web_marta.jpgEn la actualidad trabajo como cuidadora de usuarios con parálisis cerebral. Tengo un contrato temporal por seis meses a tiempo completo.

Estudié el Ciclo Formativo de Atención Socio-Sanitaria de Grado Medio y también el de Técnico en Educación Infantil de Grado Superior. En la actualidad, estoy en el tercer curso del Grado de Educación Infantil. Sé que soy doblemente afortunada, porque trabajo de lo mismo que estudié y, además, sigo con mi formación, cosa que no es fácil (cuadrar horarios, buscar tiempo para estudiar…). Sin embargo, me gusta cuidar a otros, hacerles la vida más feliz -en la medida de mis posibilidades-, hacer que se sientan queridos por mí y por el resto de personas que cada noche velan su sueño, les dan su alimento o los asean. No solo he trabajado de esto sino que también he estado de reponedora en tiendas, he repartido publicidad… y creo que la relación entre tu crecimiento personal y tu trabajo no es algo directo. Porque, si esto fuera así, ¿qué pasaría con los chicos y chicas que no pueden trabajar o con las amas de casa? ¿No tienen ellos crecimiento personal?

Está claro que en esta sociedad del capitalismo parece que si no tenemos un trabajo por el que se nos pague, no vale nada nuestro trabajo y yo me planteo: ¿cuántas familias viven gracias a Cáritas por el “trabajo no productivo” de muchas personas? Entiendo a todas esas personas que han invertido un tiempo precioso de sus vidas en realizar una carrera universitaria, formación profesional o artística, que tienen vocación y que se ven obligados a abandonar su país y a su familia por la falta de empleo en el nuestro. Sin embargo, definitivamente, puedo decir que hay una manera diferente de hacer las cosas, ya sea poniendo cafés en Oxford, trabajando como profesora o cuidando a chavales con parálisis cerebral. Debemos obligarnos cada uno de nosotros a independizar lo que hagamos de lo que somos. Pararme y cada día decidir cómo quiero vivir lo que ocurra hoy me aporta libertad. También, desde una perspectiva creyente, ser cristiana es sinónimo en sí mismo de constante crecimiento y cambio en todas las facetas de mi vida.

Trabajo decente es aquel que te permita desarrollar otras facetas de tu vida al margen de ese mismo trabajo, como la de ser madre. Es aquel que no dañe la integridad física o psicológica de la persona. Una actividad laboral donde no tengan cabida los menores. En definitiva, un trabajo donde se trate a las personas como lo que son: personas.

Miguel (35 años), Bilbao

pag4-5_temadeportada_web_miguel.jpgTrabajo en las oficinas de un pequeño grupo empresarial familiar que se dedica a la compra al por mayor de chatarra y su posterior venta a grandes fundiciones como materia prima. Mis tareas son las de contabilidad y, en mucha menor medida, temas fiscales. También me encargo de la relación con las asesorías externas, con los proveedores de servicios, con los seguros, temas medioambientales, riesgos laborales… Llevo trabajando en la empresa más de siete años. Mi perspectiva de trabajo a medio plazo es estable. Con algún matiz, tengo unas buenas condiciones laborales y salariales.

Es un trabajo que tiene poca relación con mi carrera, aunque estudié algo de contabilidad. Es monótono y bastante repetitivo y la posibilidad de crecimiento laboral es nula. A cambio, me da la estabilidad que me permite planificar mi vida, lo cual no es poco para el crecimiento personal.

La JEC y, sobre todo ahora, el grupo de revisión de vida de Profesionales Cristianos, me han ayudado mucho a establecer las claves para vivir el trabajo con creatividad. Doy gracias a Dios por el trabajo que tengo y trato de afrontarlo con actitud positiva. Me parece muy importante llegar a descubrir en qué sirvo a la sociedad con mi trabajo. En la medida en la que sea un buen profesional, llevaré bien la contabilidad y ayudaré a organizar los papeles para facilitar el cumplimiento de las exigencias legales, fiscales y medioambientales de la empresa con la sociedad. En cuanto a la relación con las personas, trato de ayudar a generar un buen ambiente laboral, me preocupo por los problemas del resto de trabajadores y me ofrezco a ayudar. Cuando se me pide opinión desde gerencia, trato de ponerme en el lugar de los demás -especialmente el de los débiles- y desde ahí contesto. Por otro lado, aunque el desempeño del trabajo no me lo facilita, trato de mantener una actitud activa en el campo del conocimiento y de la formación continua.

Para mí un trabajo decente es aquel en el que, al menos, se cumple una de estas dos características: buenas condiciones laborales, de estabilidad y salariales. O ser un buen medio para desarrollar una carrera, especialmente si engarza con algún tema vocacional. Hoy en día la mayor parte del trabajo al que se puede acceder, en mi opinión, es muy poco decente.

María Cristina (31 años), Palencia

pag4-5_temadeportada_web_cristina.jpgReconozco que nunca he tenido una vocación muy clara sobre lo que quería ser de mayor y, tras varias pruebas de ensayo-error, acabé terminando Turismo. Tuve la enorme suerte de recibir una beca de prácticas en Polonia en algo que no conocía ni de lejos, llamado “comercio exterior”. No solo aprendí del tema, sino de mí misma. Hubo muchas risas, pero también momentos difíciles porque, cuando estás fuera de tu círculo, todo se magnifica y se vuelve más intenso. Ahora -y tras un año buscado trabajo y otro estudiando un máster en comercio exterior- estoy de nuevo en Varsovia trabajando, esta vez con más conocimiento de causa. Reconozco que no es el trabajo de mi vida, pero tiene más sentido si pienso en las personas que hay detrás de las empresas y a las que mi trabajo y mi saber ayudan.

Dicen de las personas creativas que en realidad no crean nada, que su mente funciona de tal manera que lo que hacen es unir y coger ideas de diferentes sitios que aparentemente no tienen nada que ver y unirlas creando algo con mucho sentido. Pues bien, algo así es lo que me ha pasado a mí con mi formación personal, estudiantil y profesional, que empieza a cobrar sentido cuando pienso en que mi saber podría ayudar a los pobres desde mi formación en turismo, con mi conocimiento del mercado exterior. Que por encima de conseguir un trabajo y ganar dinero están las personas y, como en la parábola de los talentos, Dios me pide que invierta esos talentos, estas experiencias que aparentemente no tenían que ver las unas con las otras, en algo que ayude a mejorar este mundo. Por eso, esta etapa de mi vida es solo un paso más en el camino de un proyecto más personal donde poner todos mis conocimientos en algo bueno que se reinvierta en la sociedad.

Por todo ello, por haber sufrido la precariedad laboral, el paro, el tener que irme de mi casa y país y por tener siempre a Dios acompañándome, recordándome que él/ella/ello se encuentra en las personas, solicito un puesto de ciudadana del mundo.

Inés (33 años), Almendralejo

pag4-5_temadeportada_web_inei_s.jpg¡Hola a todos desde tierras inglesas! Yo, como muchos jóvenes y no tan jóvenes españoles, vivo en estos momentos en Inglaterra, practicando eso que la ministra de Trabajo llama “movilidad exterior”, según ellos con total libertad y porque busco experiencias nuevas.

Estudié la licenciatura de Matemáticas y después me formé para ser docente haciendo el Master de Formación del Profesorado. Después de muchos años de formación, de cursos y de títulos acumulados, en estos momentos vivo en Reino Unido aprendiendo Inglés. Actualmente trabajo de “cleaner”, vamos, limpiando oficinas, que no es un trabajo muy sacrificado pero, evidentemente, no es el trabajo de mi vida.

No estoy diciendo que no lo encuentre digno. Quiero puntualizarlo porque este trabajo es uno de los más dignos que he tenido, hablando en términos de dignidad social: me pagan el mínimo establecido por el gobierno, estoy asegurada todas las horas que trabajo, tengo derecho a vacaciones pagadas, tengo derecho a ponerme enferma sin que esto suponga una pérdida de dinero y todo es legal.

Cuando me vine de España era profesora de clases particulares. El último año me hice autónoma, porque las “empresas” para las que trabajaba, una de ellas el propio ejército español, me obligaban a pagar autónomos porque no estaban dispuestos a pagar seguridad social por mí. Es un poco triste pero, después de más de cinco años en la misma empresa, continuaba cotizando a la seguridad social muchísimas menos horas de las que, en realidad trabajaba, sin derecho a vacaciones, sin derecho a paro, sin derecho a ningún tipo de prestación, sin derecho a ponerme enferma porque, hora que no trabajaba, hora que tenía que recuperarle a mis alumnos en otro horario… Lo mejor era que, cuando se acababan los exámenes, se acababa mi contrato hasta que el nuevo trimestre empezaba a funcionar. Y así un largo etcétera de derechos vulnerados de los cuales yo fui la primera culpable pero que tenía que acatar si quería trabajar porque, a decir verdad, la situación de la pequeña empresa para la que trabajaba tampoco era mucho mejor que la mía. Además, el año que me hice autónoma, creedme si os digo que para alguien que gana 500 o 600 euros al mes de media dando clases supone un gran esfuerzo pagar 200 de impuestos mensuales. No os podéis imaginar mi cara de sorpresa cuando me comentaron que aquí en el Reino unido se pagan como unas 12 libras mensuales por ser autónomo…

En términos de vocación es normal que encuentre frustrante y triste que mi país no me dé la oportunidad de desarrollarme profesionalmente y de aportar a la sociedad todo aquello que puedo dar. Aquí puedo esforzarme por ser la mejor limpiadora que tiene mi jefa pero no creo que sea tan importante para la sociedad que ha pagado mi formación como el que me esfuerce en ser la mejor profesora que tengan mis alumnos, si es que algún día los tengo. Que, por cierto, también me esfuerzo por ser la mejor limpiadora y conservar mi trabajo, ya que creo que cuando te pagan por algo hay que dar lo mejor de uno, aunque sea limpiando váteres y tengas más formación que casi todos los que trabajan en la oficina en la que estás.

En resumidas cuentas, para mí un trabajo decente es aquel en el que puedes dar lo mejor de ti, explotar al máximo tus cualidades y, además, disfrutando los derechos fundamentales de los trabajadores.

María (27 años), Badajoz

pag4-5_temadeportada_web_marii_a.jpgSoy Trabajadora Social y Educadora Social, dos titulaciones que son, o deberían ser, claramente vocacionales. Me gusta trabajar con personas y colectividades. Mis primeros contactos con los grupos más vulnerables fueron a través de programas de voluntariado con personas drogodependientes. Posteriormente, encaminé mi formación a las personas mayores y cuento con dos máster en atención a la dependencia. Soy una madre joven, con ambiciones y ganas de formarme, pero en paro desde hace dos años.

Soy una persona empática, responsable y con vocación, con ganas de servir a los demás, de escuchar y de ser un apoyo. Me he sentido referente de familias en situaciones complicadas en mis experiencias laborales pasadas, he visto cómo mi trabajo era aliento en momentos difíciles y he sentido el reconocimiento de lo bonito que es estar al lado del otro. Sin embargo, ahora ya nada me permite seguir ofreciendo mi formación ni mi experiencia, mi currículum vaga perdido por páginas webs y a nadie le importa escuchar qué puedo aportar o, simplemente, poner rostro a esa experiencia: el mercado laboral se ha convertido en algo totalmente mercantil y frío.

Yo también tuve en su día un trabajo estable y que me gustaba. Era trabajadora social de una residencia de ancianos perteneciente a una fundación religiosa, en contacto directo con el usuario y su familia, como parte de un equipo formado por profesionales cualificados, religiosas y voluntarios. Un trabajo muchas veces sin horario, pero no importaba. Eran parte de nosotros y sabíamos que allí, en su casa, sus emociones, sus problemas, no cesaban a ninguna hora ni ningún día. Acababa de renovar contrato un año más cuando me quedé embarazada. Inmensamente feliz por mi doble noticia -era un embarazo gemelar- y esperanzada, después de haber sufrido un aborto espontáneo meses antes, me dan la baja en el primer mes por embarazo de riesgo. Fue un golpe difícil, parecía que este embarazo tampoco iba a ser fácil y, en ese momento de preocupación, de especial vulnerabilidad, como madre y en el seno de una entidad religiosa, yo, que soy una persona cristiana, que podría haber encontrado allí el arropo a un momento de mi vida especialmente delicado, me encuentro con un papel de despido frío y humillante. Se me hace firmar sin contemplaciones que me echan por faltar a mi trabajo.

Creo que, dos años después, aún no he superado la humillación que me supuso, la rabia y el dolor. Me acuerdo a menudo de las personas con las que compartí esos años de mi vida profesional y laboral, de todo lo que hice, de lo que me aportaron y de lo que nos quedaba por aprender. Pero mi apuesta por crear mi propia familia está muy por encima de cualquier traba que me puedan imponer. Arropada por mi familia, por mis amigos y por mi verdadera comunidad religiosa en Badajoz y tras perder a una de las gemelas en mitad del embarazo, nació mi hija, para devolverme la esperanza y recordarme lo grande que es la vida.

Hace poco me “robaron” de las manos un empleo, que considero que me correspondía por justicia. Sin embargo, como me dijo un amigo, me topé de lleno con un país de conocidos y no de conocimientos. Y, así, se me van cerrando puertas a través de la pantalla de mi ordenador. Y, como he dicho, me encuentro desubicada en esta situación, planteándome cómo puedo ofrecer lo que sé, cómo llegar a los demás, cómo engranar el ser madre con el ser profesional. Trato de entender cuál es el verdadero sentido del trabajo para transmitirle a mi hija que hay mucho más que lo mercantil, un valor de la experiencia y del servir a los demás que, a pesar de las trabas, se mantiene intacto en ti para seguir apostando por una sociedad más justa donde “los otros” (y no la economía), estén en el eje del mundo.

Últimas entradas de Colaboración (ver todo)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *