“Los cristianos nos deberíamos distinguir por compartir lo que somos y tenemos”

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pag5_temadeportada_web-10.jpgSan Federico es una parroquia en pleno corazón del barrio madrileño de Valdezarza, en la Dehesa de la Villa. Una zona urbanizada por los propios obreros que luego fueron construyendo allí sus casas. En los últimos años se ha asentado población inmigrante que tiene serias dificultades para hacer frente la falta de trabajo. En octubre el informe de Cáritas Observatorio de la Realidad Social ponía el dedo en la llaga de nuevo. Más de tres millones de personas están viviendo en pobreza severa, es decir, pretenden llegar a fin de mes con 307 euros. Es el doble de gente que a comienzos de la crisis en 2008. Los fríos datos ponen de manifiesto que la pobreza es cada vez más extensa, más intensa y más crónica, por lo que estamos inmersos en una sociedad más pobre, más desigual y más injusta. Estamos erosionando los mecanismos sociales de protección de la dignidad de las personas.

Pero hay gente que quiere cambiar las cosas. Es el caso de Teresa, Milagros y Adelina y de tantos voluntarios y voluntarias en centenares de organizaciones que, con su militancia, tratan de cambiar las cosas. De demostrar que se puede construir otro mundo, que se le pueden dar la vuelta a las adversas cifras con mucha voluntad, con tesón, con ánimo, sin desfallecer. “Ser cristiano tiene que servir para hacer cosas por los demás; si no, yo no llevaría 30 años en la brecha”, explica Milagros Villaverde, que acude al menos dos días al despacho parroquial.

¿Cuál fue el motivo de implicarse en un grupo de su parroquia?

Pues cuando empecé a vivir en el barrio comencé en un grupo de catecumenado y enseguida me di cuenta de que ser cristiano implicaba hacer cosas por los otros, por el prójimo. Así que me dije: “Milagros, al grupo de Cáritas”. De eso hace treinta y pico años. A veces lloro con la gente, otras río. Las cosas son así y hay que implicarse para lograr cambios. Un cristiano no se jubila. Echo en falta más gente joven que se implique en proyectos como este, quizá prefieren otro tipo de movimientos.

¿Cuáles son los casos con los trabajáis en vuestro día a día?

Problemas de drogas, problemas familiares y que la gente tenga claros sus derechos. Ten en cuenta que Cáritas empieza a actuar cuando la administración deja de dar atención o respuestas. Indudablemente, ahora el problema fundamental es la falta de trabajo. Nosotros tenemos una bolsa muy modesta, sobre todo en lo que a empleadas de hogar se refiere. Hay gente que viene porque no tienen comida, no pueden pagar el agua o la luz. Mucha gente que, teniendo trabajo, no puede comer, sólo les llega para pagar la hipoteca. Tenemos un trabajo muy constante de los ocho voluntarios del grupo. El despacho abre los lunes para acogida y los jueves para la bolsa de trabajo. También hacemos visitas a los abuelos del barrio o en residencias. La gente se siente muy sola. Hacemos el reparto de lo que tenemos entre las 40 familias del barrio de San Federico que logramos atender. Además, en el trabajo de Cáritas no se pregunta a nadie la religión que practica, sólo nos interesa ayudar a la persona.

¿Y cómo conseguís el dinero para ayudar?

Pues con donativos privados de la gente del barrio. No recibimos ni un solo euro oficial. Alguna petición a la vicaría pero con mucha argumentación de la necesidad. Tenemos que evaluar la precariedad. No hay varita mágica para encontrar soluciones, pero de todo se sale.

¿Qué caso recuerda que le haya marcado por su dureza?

Un matrimonio con cuatro hijos, todos menos de nueve años, una minusvalía en el caso del padre de familia -sin empleo- y una hija con un 95% de minusvalía. Habían recibido la prestación de la dependencia y la perdieron en un momento determinado.
Vino a nosotros con el ánimo por los suelos y, después de mucho llanto e insistencia por nuestra parte, conseguimos que las trabajadoras sociales se hicieran cargo. La niña va a un centro de día y eso le permite a la madre buscar trabajo y tener cierto respiro. Ha vuelto a sonreír.

¿Qué le falta a gente para implicarse más personalmente?

Creo que muchas personas creen que no van a llegar nunca a una situación de vulnerabilidad. Y a todos nos puede pasar. No hay pobres de primera, de aquí o de allá. La dignidad humana es un objetivo en cualquier parte. En el caso de los cristianos, no lo solucionamos sólo asistiendo a una misa cada domingo.

¿Es la pobreza algo estructural, algo que siempre va a existir?

No, para nada. La realidad es que no hay voluntad política para atajarla. Esta crisis la han provocado los bancos, se sanean con nuestro dinero pero no ayudan a la gente. Y eso se permite y ampara. ¿Qué hacen nuestros representantes? Hay que pasar a la acción, las cosas no cambian por sí mismas.

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