Independencia y dependencias en el continente africano

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De 53 países africanos, 17 han celebrado en 2010 los 50 años de su acceso a la independencia nacional. Al menos, así se lo han hecho creer. No porque un territorio nacional tenga su bandera, su himno nacional, su pasaporte, su ejército y sus formas de administración pública propios, puede decirse que sea “independiente”. En cierto sentido, en nuestro mundo globalizado, pocas naciones –si hay alguna– pueden considerarse plenamente independientes del resto de la comunidad internacional. La política de cualquier país no sólo afecta a sus propios ciudadanos sino al resto del mundo. Esta inter-dependencia es un logro para la humanidad, ya que hace posible la existencia y el funcionamiento de un derecho internacional en tribunales apropiados que protegen los derechos humanos contra abusos flagrantes.

Con la llegada de las independencias, África se despojó del yugo colonial y dio un salto hacia lo desconocido. Dejada sola, totalmente independiente y sin ninguna interferencia extranjera, en especial de los ex-poderes coloniales y de los dos “telones”, el de acero y el del dólar, África se hubiese dado probablemente un batacazo en el que habría podido aprender mucho. Pero, con el tiempo, hubiese podido levantarse y ahora sus pueblos podrían hablar de igual a igual con el resto del mundo. Pero su historia no ha sido así. Cayeron e intentamos mantenerlos por tierra. Y tuvimos éxito. El gran número de muertos, refugiados y desterrados, el elevado índice de pobreza y de subdesarrollo que los abruma son la maldita prueba de que hemos tenido un gran éxito.

¿Cómo fue posible todo eso? Hay que señalar factores internos y externos. África aprendió del colonialismo que “el poder es derecho”. El Estado puede cometer cuantas injusticias quiera siempre y cuando guarde las formas y presente argumentos más o menos racionales (¡no razonables!). Las injerencias de los excolonos en la vida de los jóvenes países dictaminaron su política económica y social y reforzaron esa enseñanza. Todo fue muy elaborado y se crearon programas con nombres que, enalteciendo a Occidente, ocultaban la realidad: “Ayuda al desarrollo”, “Cooperación”, etc.

Continente de depredación

Los líderes africanos, como buenos alumnos, se aplicaron y desarrollaron lo aprendido hasta límites más allá de toda imaginación. Confundieron independencia con impunidad, poder con fuerza, orden con opresión, patriotismo con culto a la personalidad y gobierno con poder personal. Mientras tanto, Occidente siguió enriqueciéndose con este tipo de clase política. Los fracasos africanos se han ido sucediendo año tras año, debilitándose en ese proceso sus instituciones. A África se le considera un continente de depredación. Así se la consideró al principio y así se le sigue considerando hoy, aún por sus propios líderes.

¿Qué hay que celebrar en este cincuentenario de independencia? La gran celebración que esperan los pueblos beninés, burkinabé, camerunés, centroafricano, congoleño (de RDC y RC), gabonés, marfileño, malgache, maliense, mauritano, nigeriano, nigerino, senegalés, somalí, chadiano y togolés, es un acto de contrición de parte de los poderes opresores, extranjeros y nacionales. Un grito de esperanza para que los próximos 50 años sean mejores y capaces de construir un África nueva y próspera.

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