El catecismo

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En su famoso viaje, Darbin fue analizando las especies que salieron a pares del Arca de Noé. Pero no sólo se fijó en las grandes bestias de las que hemos hablado en los números anteriores, sino que también se interesó por otros organismos que hacen posible la vida eclesial y que se adhirieron al casco de la barca como lapas durante el Diluvio. En este grupo de polizones entran los catecismos, que son unos macroorganismos más in extensos que el Adeste Fideles [*] pero menos largos que un día sin pan bendito.

[*] Famoso discurso de Fidel a los Cubanienses, no confundir con el villancico del mismo nombre y también revolucionario (“Dejando el rebaño, humildes hasta la cuna” [sic]) pero mucho más breve.

Nombre: La palabra catecismo viene del japonés “kata”, que significa “hostia” y “cisma” (que significa “división” y que, aunque acabe en “a” es varón, como todo lo importante en la Iglesia). Se traduce como “al que disiente, hostia”, por lo que son los responsables de que el que se mueva en la Iglesia no salga en la foto hoy, ni en la estampita en el futuro. Muy útiles desde antiguo.

Origen: Los catecismos más importantes son papatógenos y con cilios es decir, que han sido generados por papas después de concilios, cuando así se requería. Son de edición limitada (muy limitada) para lo realmente importante. La versión de 1992 se preparó antes de que llegase el Internet a los hogares y la fe católica fuese amenazada por gusanos, virus y powerpoints llenos de valores relativistas. Su función básica es ordenar y limitar la fe, ya que el Evangelio no lo hace bien y en estos tiempos ya nadie sabe si se puede curar en sábado o bailar sardanas en Albacete. Sin embargo, en España el catecismo romano (catecismus arcaicus) es todavía la especie dominante. A este también se le llama trentobites cuando está en su forma fósil (es decir, siempre) y para su interpretación se recurre a obispos coetáneos (jurásicos o tridentiásicos).

En los últimos años se ha detectado una mutación de los catecismos con numerosos seguidores a los que se llama neo-catecumenales. Que no les engañe el prefijo.

Observación: Aunque es organismo difícil de encontrar fuera de ambientes eclesialistas, deberían observarse en detalle todos sus artículos. Para ello es imprescindible emplear un monobáculo muy tradicional con lentes nada divergentes que permita observar estrictamente los artículos sobre moral humana (hasta el más íntimo detalle). Los artículos que se refieren a los bienes comunes, la sociedad, las relaciones personales y humanas, etc. pueden ser obviados por los más conservadores (y de hecho así se aconseja).

Infecciones y parasitismo: los catecismos son inoculados a los niños desde muy pequeños para que se graben en su memoria. Hay padres que están en contra -como con las vacunas- y llevan a sus hijos a clases de ética. En ambos casos, los menos éticos alcanzan posiciones muy destacadas. En cuanto a su poder de infección, hoy en día es muy limitado, pero los individuos contagiados presentan síntomas cada vez más graves, como la papolatría, la intereconomía, la homofobia y la heterofobia. También se han detectado cambios en el habla, al usar castellano antiguo o empezar cada respuesta con la pregunta que se ha hecho. En caso de parasitar macroorganismos, muchos Estados laicos son propensos a sufrir este tipo de contagio.

Cadena mitrófica: los catecismos entusiasman tanto a organismos religiosos uniceldulares como pluriceldulares (ambos se diferencian según el número de celdas que ocupan en el convento) así como otros menos conventacionales: los procarotas y los eucaristiotas. También los hay que son capaces de devorarse un catecismo en una tarde y expulsarlo después con una regularidad casi divina. Si es una versión light o compendiada, se pueden leer dos. Los bacilos también fagocitan a los catecismos, pero sufren de diarrea por su culpa (Ej: el báculo de Koch puede causar la tu-ver-culosis, de traducción obvia).

Reproducción: se reproducen por ilustración, cuando se le añaden dibujitos infantiles para que los niños lo entiendan; y por incrustación, cuando se aprieta contra el cráneo hasta que sea aceptado. En la última JMJ se repartió una versión “moderna”, conocida como YouCat (Tú, gato), pero ya se sabe que aunque la gata se vista de seda episcopal, gata se queda. Si es perra también.

Posología: se recomienda leerlo de a pocos. Uno o dos artículos en ayunas. De digestión pesada, puede producir somnolencia y urticaria. No se debe conducir maquinaria pesada ni rebaños de fieles bajo sus efectos. Tampoco se debe leer el catecismo bajo los efectos del incienso ni en ambientes florales o perfumados.

Conservación: los micropiólogos estudiosos de los catecismos recomiendan guardarlos en lugares frescos, secos y oscuros, es decir, en cualquier iglesia como dios manda y no esas moderneces góticas. En contacto con la gente corren el riesgo de perder su pureza, por lo que solo se deben administrar con ciertas precauciones, como se explica en el siguiente punto.

Estudio de los catecismos: se puede acudir a una lección magisterial o a un curso de introducción a la introducción del catecismo. Es bueno tomar un hábito para poder entenderlo. No se recomienda asistir a catequesis no regladas o seculares pero sí a clases privadas. Los políticos y políticas con interés en el asunto, deberían acudir a caciquesis.

Cambios normativos: con la difusión de los catecismos, se deja de llamar a Dios con nombres cariñosos y cercanos (Abba = papá) por otros más apropiados como Señor, Todopoderoso o Altísimo. Con una sobredosis de catecismo se corre el riesgo de sustituir la fe y las obras de caridad por ir a misa a menudo, llevar una crucecita al cuello o marcar la “X” en la declaración de la renta (si se hiciere).

Otras recomendaciones: si se tienen problemas de circulación, se aconseja optar por un cateterismo mejor que por un catecismo. Si los problemas son de corazón, entonces lo mejor es leer el Evangelio.

Catecismos antropófagos (actualmente extintos) conservados en alcohol e incienso. La observación se realizó con microepiscopio electrentino

La flor innata de las Escuelas Pías Catecumenales, en plena observación para frenar el avance de la Ciencia, mala por definición.

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