Desde la óptica de una militante de la JEC en Chile, Camila Jara Aparicio, desde el corazón de las protestas, arroja luz con su testimonio. “Lamento ver que la cúpula de la iglesia chilena ha guardado silencio absoluto. No existen declaraciones respecto a lo que está sucediendo. Quienes ha sacado la cara en estos momentos han sido nuestros curas obreros, los que viven en los campamentos y cerca de las poblaciones, además de algunos grupos de jóvenes que se han atrevido a salir y manifestar su convicción y apoyo a las demandas sociales basadas en la pregunta ¿qué haría Cristo en mi lugar hoy?”.

“Ahora, no hay que olvidar que la iglesia chilena viene saliendo de una gran crisis eclesial producto de los escándalos de pedofilia que hizo que a mediados de 2018 todos los obispos
pusieran sus cargos a disposición del Papa Francisco. Claramente, en estos momentos, no conviene recordarle a la comunidad los pecados de nuestra iglesia. Creo, a manera muy personal, que la iglesia calla por miedo y vergüenza”, concluye.

El sacerdote obrero Mariano Puga lo ve como un apostolado sobre el que no puede existir equidistancia. “Nos han quitado todo, menos la humanidad, que es un don de Dios y nadie puede quitar lo que Dios nos dio, ni el peor de los dictadores puede quitar esa condición”. Yo también creo que Chile es hoy, a pesar del dolor, un país más humano y más consciente. Dice Puga, “cada uno de estos seres humanos, los que tocan las ollas, los que rompen el metro, los que silenciosamente buscan, arriesgan, dan la vida por un mundo distinto, todas y todos tenemos algo de Dios”.

La nota de esperanza puede darse tras conseguir alzar la voz. “Tengo fe en un Chile nuevo, en una nueva generación con valores humanos, democráticos que comprenda el enfoque de Derechos Humanos que debe ser transversal a la vida de una sociedad, sus políticas, sus leyes”.

“Estoy feliz de ver que no decae la lucha, de que todas las generaciones se han encontrado en las calles, han compartido, se apoyan y se cuidan. Además, Chile marcará un precedente
para el continente entero, el que también ha sido masacrado por décadas”, asegura Camila Jara, quien no ve otro camino del cambio social en toda América Latina que no pase por la justicia social. “Tengo una esperanza infinita en que por fin veremos con claridad la forma de cambiar nuestros modelos de producción, que disminuiremos las brechas económicas y sociales. Espero ser parte de esa generación que construya este Chile nuevo, espero ver los cambios consolidados, espero que se haga justicia, para que mi pueblo que ha sido crucificado resucite con Cristo en la esperanza de la buena nueva”, asegura.

“Sentí la necesidad de difundir lo que sucede en Chile y denunciar lo que nuestras autoridades hacen con nuestro pueblo. He querido arriesgarme, dejar el miedo y salir. Gritar mi descontento, el descontento de todas y todos, porque quiero un Chile nuevo, más justo, más igualitario y democrático. Y a pesar del cansancio salir a las calles “hasta que la dignidad se haga costumbre” (frase de Jacinta Francisco)”, concluye.