Entrevista a María Casado, coordinadora de la Asociación GEMA (Grupos Españoles de Música Antigua) y responsable del Proyecto MusaE (Música en los museos estatales) y el ciclo de Música en la Biblioteca Nacional de España de Juventudes Musicales hasta 2020

Foto. Harold Abellán

¿En qué ha consistido exactamente tu tarea dentro de Juventudes Musicales y GEMA?

Tanto en GEMA como en Juventudes Musicales he desarrollado actividades relacionadas con la gestión cultural en el campo de la música clásica.

Desde mis inicios en GEMA, coincidiendo con mi segundo año en el máster de gestión cultural, mi labor ha sido la coordinación de las actividades de la asociación; desde los Premios GEMA, la secretaría de socios y la administración del día a día de la entidad a la representación en ferias nacionales e internacionales y la organización, junto con un equipo, de dos FEIMAS (Ferias Internacionales de Música Antigua) celebradas en Murcia y en Zaragoza en 2016 y 2018, respectivamente.

Mi inicio en Juventudes Musicales de España estuvo ligado a tareas administrativas, aunque en poco tiempo pasé a coordinar una de las actividades más importantes y destacadas de la entidad, los concursos de JME.  En 2018 fui responsable de las cuatro ediciones, dos de ellas de nueva creación (Jazz y Música Antigua). En 2019 comencé mi labor como responsable del proyecto MusaE -Música en los Museos Estatales-, proyecto del Ministerio de Cultura. A su vez, también era responsable de la coordinación del Ciclo de Música de la Biblioteca Nacional de España y otras actividades con socios nacionales.

¿Crees que existe una verdadera conciencia asociativa en el mundo de la música y las artes escénicas o es un colectivo con tendencia al individualismo que reacciona de forma comunitaria únicamente cuando se ve ante dificultades como esta?

Si esta pregunta se me hubiera formulado hace un año, mi respuesta hubiera sido muy diferente a la actual. Antes de la COVID-19, existía una conciencia colaborativa mucho menor a la que se ha desarrollado en estos últimos meses. En el mundo de la música clásica, sector que conozco algo más, sí existían varias asociaciones que llevan trabajando años, como AEOS (Asociación Española de Orquestas Sinfónicas) o Festclásica (Asociación Española de Festivales de música clásica), similares a GEMA, que luchaban por un bien común. Sin embargo, otros colectivos no estaban unidos y ahora, viendo la problemática a la que nos enfrentamos todos, han considerado que es una de las mejores vías de trabajo.

Aunque aún falta mucho por hacer y, a pesar de que el mundo de la música y de las artes escénicas tiende a ser un colectivo individualista, creo que vamos por buen camino. Una lástima que, hasta que no ha llegado una pandemia, no hubiera existido tal unión donde se trabajase por un bien común (la cultura de nuestro país).

En abril de este año se constituyó la Mesa del sector de las Artes escénicas y la música COVID19, reclamando un paquete de 52 medidas extraordinarias para paliar las consecuencias de la crisis ¿Cuál ha sido la respuesta gubernamental a las demandas que expresaba este documento?

Bueno, no se llegó a constituir ninguna mesa como tal, simplemente el sector de las artes escénicas y de la música se unió para redactar unas medidas urgentes de corto y medio plazo para que los artistas, músicos y otros agentes implicados en el desarrollo de la actividad cultural no se vieran desprotegidos ante la falta de información que, en aquel momento, teníamos por parte del Ministerio y otras administraciones.

Sinceramente y, bajo mi punto de vista, la respuesta no ha sido la esperada ni la necesaria por parte de las administraciones locales y nacionales. Muchas medidas para empresas en forma de créditos, pero poca ayuda directa al creador, músico, gerente, técnico o compositor. Algunas medidas sí han servido; sin embargo, no tenemos ningún plan ni hoja de ruta para lo que pueda pasar en los próximos meses. No existe, a día de hoy, ninguna directriz que diga que un festival no se vaya a cancelar o que un auditorio no vaya a cerrar dos días antes de un concierto. Seguimos viviendo en una incógnita diaria, a pesar de que los conciertos y otras actividades hasta ahora realizados se han celebrado bajo normas de seguridad muy estrictas.

Junto a los proyectos artísticos y grupos de mayor envergadura que están en primera línea y han sufrido multitud de cancelaciones, existe un amplio tejido de personas jóvenes muy cualificadas que trabajan en el ámbito musical (intérpretes, profesores, musicólogos…) compatibilizando diferentes empleos en condiciones a menudo muy precarias (contratos por obras y servicios, clases particulares y bolos sin declarar…) ¿El movimiento asociativo de la música y las artes escénicas se está preocupando también por su situación o está únicamente defendiendo a los grandes nombres del sector?

Hasta donde yo conozco, por supuesto que sí se lucha por la situación de todo. Desde GEMA, por ejemplo, trabajamos por los derechos y necesidades desde los que están comenzando como los que llevan desde siempre luchando por la música antigua. Todos los movimientos que se están generando durante estos meses trabajan para que nadie se quede atrás. En definitiva, la crisis económica que se avecina nos va a llegar a todos por igual.

Aprovecho esta pregunta para reivindicar el poder de lucha y de fuerza que deberíamos hacer ejercer los jóvenes para mejorar nuestro futuro. El mundo asociativo ha venido para quedarse, pero nosotros también tenemos que tomar el relevo de estas iniciativas y ser mucho más conscientes de que también tenemos que tener voz en la defensa de nuestro porvenir.

¿Cómo valoras la regulación de las actividades de este sector en España en relación con otros países del entorno?

En general, la regulación en España es bastante peor que en países de alrededor, como Francia y Alemania. Si bien es cierto que en todos siempre hay cosas que mejorar, la situación de los músicos y de los artistas en general es bastante precaria. No existe una legislación acorde a nuestra actividad, cosa que sí existe en otros países. Todavía falta mucho trabajo por hacer con las administraciones y, quizá, esta situación sea un buen momento para poder replantear el sistema en el que trabajamos.

¿Cuáles son las consecuencias más directas de esta crisis desde el punto de vista de la programación y gestión cultural? ¿Quiénes son las personas más damnificadas por la situación?

La consecuencia más directa, sin duda, es la cancelación de conciertos, festivales y ciclos. Mucha gente está perdiendo sus empleos; desde un músico que deja de ingresar al técnico de luces, al que no contratan porque no hay teatros abiertos, o el gestor, que no tiene qué organizar. Vivimos ahora mismo una situación de incertidumbre muy grande de la cual nadie parece responsabilizarse y, sinceramente, tampoco parece que estén dando demasiada importancia.  

Todos, – desde el más joven hasta el más veterano-, están viendo cómo su futuro se está viendo condicionado a la situación que nos depara la crisis que se nos avecina. Los más jóvenes porque están empezando y los veteranos porque ven que sus años de madurez laboral se verán afectados por no poder culminar como ellos pensaban. Y, por supuesto, la actividad cultural y la creación, en definitiva, la cultura, va a ser la gran damnificada.

¿Cómo te están ayudando, a ti personalmente, la música y el arte a vivir y acompañar este tiempo cargado de incertidumbres e intemperie?

Sí, claro que me ha ayudado y me está ayudando mucho en estos momentos. El violín y la lectura han sido mis refugios durante estos meses (quizá, lo segundo más que lo primero). Echo mucho de menos organizar, escuchar conciertos, subirme a un escenario, tocar en grupo y estar en contacto con el público.

La actividad cultural no podrá parar, es algo que está intrínseco en la sociedad. Podrá debilitarse y, posiblemente, pasaremos unos meses o años algo duros. Sin embargo, todo volverá a la “normalidad” y podremos disfrutar del cine, de la música, de un festival tal y como lo conocíamos hasta hace unos meses.