Antes de tratar cómo afecta la actual alerta sanitaria por el COVID-19 a las personas que no tienen un hogar donde confinarse, merece la pena que nos detengamos un momento en intentar comprender quienes son y cuál era su situación de partida. De este modo, tendremos más capacidad para valorar las medidas que se están tomando para atenderlas y si son o no adecuadas y suficientes.

por Jesús Sandín, responsable de Personas sin Hogar en Solidarios para el Desarrollo

Uno de los collages realizados por personas sin hogar en los talleres de Solidarios para el Desarrollo.

Es muy significativo que lo primero que descubrimos es que apenas hay datos precisos sobre las personas sin hogar en España: no conocemos su número más allá de aproximaciones que varían según la fuente. Nos consta que muchas de las personas sin hogar se desplazan entre localidades, que algunas lo hacen, por ejemplo, para trabajar en las campañas agrícolas. Pero nunca se han recogido ni analizado estos desplazamientos. También nos consta que, en el caso de las mujeres, el sin-hogarismo adopta formas que no detectamos, que las mujeres sin hogar son especialmente invisibles, pero esta es una realidad que solo se ha empezado a contemplar recientemente. Y estos son algunos ejemplos de las cosas que ignoramos.

Lo que sí sabíamos era que, fuera cual fuera el número de personas sin hogar, no había plazas de alojamiento suficientes para acogerlas a todas. Y nada lo evidencia mejor que la urgencia con que ha sido necesario habilitar recursos de emergencia como el pabellón de IFEMA en Madrid o el de la Fira en Barcelona a pesar de que ambas ciudades tenían vigentes las denominadas “campañas del frío”, que cada invierno aumentan las plazas de alojamiento disponibles. Sabíamos también que las grandes ciudades tenían recursos municipales de atención a personas sin hogar, pero que era necesaria la implicación de las Comunidades Autónomas para garantizar unos recursos equivalentes a municipios más pequeños y con menos recursos. Y también sabíamos que nada de esto sería suficiente si no se impulsaba desde la Administración Central una política que garantizase el derecho a la vivienda tal y como se recoge en el artículo 47 de nuestra Constitución, donde se dice literalmente que “los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho”.

Por último, es importante añadir un par de cosas obvias: que sin hogar se “está”, no se “es”. Y que la igualdad en un derecho fundamental, reconocido internacionalmente y recogido en el artículo 14 de nuestra Constitución. En virtud de esto, el diseño de los recursos sociales de atención a personas sin hogar debería velar porque sus usuarios dejen de estar sin hogar al final del proceso. Y en todos los casos, cualquier medida que se tome con respecto a las personas sin hogar, debe evitar que se produzcan discriminaciones y garantizar la igualdad de derechos con el resto de la ciudadanía.

Respondiendo a Covid-19

Como respuesta a la crisis de la COVID-19, FEANTSA (la federación europea de entidades que atienden a personas sin hogar), ha propuesto siete medidas que las autoridades deberían adoptar para atender a las personas sin hogar:

1 Hacerles pruebas de la Covid de manera prioritaria como grupo vulnerable que son.

2 Proporcionar una vivienda que les permita aislarse de manera adecuada, esto es, tener un espacio privado donde comer, dormir y lavarse.

3 Garantizar la seguridad de las personas y servicios que atienden a las personas sin hogar.

4 Garantizar el acceso a la asistencia sanitaria, especialmente a la atención primaria.

5 Garantizar el acceso a alimentos e higiene.

6 Evitar que haya personas que puedan perder su hogar.

y 7 Proteger a las personas sin hogar frente a las medidas punitivas (multas, sanciones, etc.)

Desgraciadamente, salvo raras excepciones, no se están haciendo pruebas de la Covid a personas sin hogar y en ningún caso se les considera de manera prioritaria y no se está proporcionando un espacio adecuado que les permita aislarse. En algunas ciudades se han habilitado espacios de emergencia y pabellones deportivos que no proporcionan un espacio privado donde comer, dormir o aislarse, lo que nos remite por otro lado a la imposibilidad de ejercer el derecho fundamental a la intimidad. Excepcionalmente se han añadido hoteles que son, sin duda, más adecuados, pero insuficientes. Pero en muchas otras ciudades no se ha habilitado absolutamente nada. Y en todas sigue habiendo personas que no tienen otro lugar donde estar que la calle. A día de hoy, todavía no se ha podido garantizar que hubiera equipos de protección para los trabajadores de los recursos. Y aunque al menos a ese problema si parece que se está resolviendo, parece casi milagroso que no tengamos que lamentar una situación similar a la de las residencias de mayores. Al menos en lo que toca al acceso a la asistencia sanitaria, parece que su situación, en general, ha sido similar a la del resto de población gracias a un sistema público de salud y, sobre todo, a unos profesionales de los que debemos sentirnos orgullosos. Caso distinto es el relativo al acceso a alimentos e higiene con cierre de entidades de reparto y comedores (eventualmente compensados por iniciativas ciudadanas no siempre bien organizadas) y con la imposibilidad de mantener fuentes de ingresos vinculadas a actividades que ya no se podían realizar.

Por último, todo apunta a que el número de personas sin hogar va a aumentar como consecuencia de la crisis económica generada por la respuesta a la Covid. Y hemos podido constatar que no sólo se han puesto multas a personas que estaban en situación de calle por no cumplir el confinamiento, sino también alguna que otra intervención policial que no tenía más objeto que expulsar a las personas del lugar donde se encontraban y sin ofrecerles ninguna alternativa de alojamiento. Frente a las propuestas, estos son los hechos.

Descubre cómo colaborar en www.solidarios.org.es

Apoyo:

Vivir en la calle en estado de alarma

En estos días, todos sentimos una mezcla de angustia, incertidumbre y miedos. Se trata de sensaciones que muchas personas sin hogar viven de manera habitual. Tener que vivir en la calle es un riesgo para la persona todos los días del año; pero, con la crisis actual del coronavirus, la realidad es aún más dura.

por Ferran Busquets, director de Arrels Fundación

En Barcelona viven en la calle unas 1.200 personas. Estos días es difícil acceder a servicios de comedor, ducha y ropa porque muchos recursos han tenido que cerrar. Además, los espacios de emergencia que se han abierto temporalmente para que las personas sin hogar puedan confinarse no son suficientes y no se adaptan a las necesidades de las personas: «No quiero ponerme en riesgo en un lugar con 200 personas más», nos han explicado. Los motivos son muchos y variados: miedo a la masificación y al contagio, sensación de inseguridad, prohibición de acceder con animales de compañía o con tu pareja -si es del sexo opuesto-, etc.

Ante esta situación, hay muchas personas que siguen viviendo al raso. No tener un hogar implica una vulneración de derechos que estos días se hace más evidente porque las personas quedan más expuestas a abusos y situaciones de riesgo: algunas han tenido que cambiar el lugar donde dormir porque la policía les ha echado o han arrojado sus pertenencias a la basura; otras han tenido que desplazarse, a pesar de explicar que vivían en la calle, y otras han recibido la orden de no quedarse paradas en la vía pública. En las últimas semanas, además, tenemos que lamentar la muerte de cuatro personas que vivían en la calle en Barcelona a causa de agresiones violentas. Según datos del último censo de Arrels (junio de 2019), el 40% de las personas que viven en la calle explican que han sido víctimas de agresiones físicas y/o verbales, y la cifra crece hasta el 60% en el caso de las personas que llevan más de cinco años viviendo en la calle.

Desde el primer día de alarma, desde Arrels hemos salido a la calle para visitar a las personas que viven en una situación más vulnerable; nos hemos adaptado para mantener abiertos nuestros servicios básicos de ducha, consigna y farmacia, y nos hemos asegurado de que las 200 personas a las que garantizamos el alojamiento estén bien. En las últimas semanas, hemos promovido un equipo de calle de emergencia para satisfacer necesidades básicas de alimentación, refugio, higiene, orientación y protección sanitaria. También hemos habilitado un servicio telefónico para ofrecer información práctica y orientar a las personas afectadas y a la ciudadanía preocupada por las personas sin hogar (puede llamarnos al 935514840, de lunes a viernes de 10h a 14h y de 16h a 20h). Y seguimos apostando por una vivienda digna y estable como la mejor herramienta para acabar con el sinhogarismo.

Si una cosa nos está enseñando esta emergencia de salud es que todos y todas somos importantes para luchar contra el virus. Quedarse en casa es la manera de hacerle frente, pero desde casa también podemos cuidar de las personas que no tienen un hogar donde protegerse.

Descubre cómo colaborar en www.arrelsfundacio.org/etsvital.

Columna:

Espacio Artístico online o cómo cuidar el alma en tiempos de aún más aislamiento

Al programa de Personas sin Hogar que venimos desarrollando en Solidarios Sevilla, les hemos dado una vuelta estos días de confinamiento para poder seguir acompañando físicamente y emocionalmente a estas personas.

por Carmen Tamayo, del programa de Personas sin Hogar. Solidarios para el desarrollo

Antes de la llegada de esta Pandemia, y gracias al voluntariado, acompañábamos a las personas sin hogar través de las rutas de calle y con la cultura de la mano, trabajábamos la parte emocional en un espacio de encuentro participativo comunitario, que veníamos gestionando desde el 2017, porque creemos como algo vital alimentar el alma.

En estos días los voluntarios están realizando más de 150 llamadas semanales y numerosos son los whatsApp que diariamente entre unos y otros se intercambian. Mencionan que más que nunca se sienten acompañados, se sienten que pueden contar con alguien, que hay personas que se preocupan por ellos, incluso alguno en tono de broma pero con mucha verdad en sus palabras, dice que ojalá dure todo hasta pasadas las navidades. Pero viendo que ahora está alojado en un hostal, con una cama donde descansar, comida diaria y agua caliente donde poderse duchar ¡corto se ha quedado con pedir solo hasta nuevo año! También entiendo perfectamente que cuando coge el teléfono diga “aquí un marqués al habla”; y es que cuando no cuentas con una red de apoyo, una voz cálida, una palabra amable, una conversación de tu a tú, te hacen sentir persona. Eso, para alguien que lleva una larga trayectoria de vida entre cartones y dando tumbos de un lugar a otro, con la dignidad perdida, porque así se lo han hecho sentir, es algo que no se puede ni cuantificar por el gran valor que tiene. Pero desde Solidarios en Sevilla vamos más allá. Queremos escuchar el sentir de estas personas, que se expresen libremente sin temor a nada ni a nadie. Por ello hemos creado un espacio artístico online. Un lugar donde existe comunidad, donde personas con realidades diferentes (personas sin hogar, vecinos y voluntarios) y de la mano de la cultura, se encuentran con su yo más profundo, con sus miedos, inseguridades, deseos, sueños… Un espacio desde el que se sale sonriente, animado, tranquilo, acompañado. ¡Empoderados!

En este confinamiento ocho han sido las propuestas lanzadas hasta el momento y 132 los trabajos realizados. Y es que el ser humano tiene tanta necesidad de expresarse, de sacar hacia fuera que cuando creas un espacio libre de juicios de valor y un espacio que propicie el que las personas se puedan expresar en estado puro el crecimiento personal, la poesía y la belleza están aseguradas.