por Álvaro Mota y Cristina Ruiz

Cuando el hierático contable judío Itzhak Stern (Ben Kingsley en La lista de Schindler,de Steven Spielberg) trataba de salvar a los habitantes del gueto de Cracovia del campo de exterminio, los presentaba como “servicios esenciales” ante los soldados nazis para que los enviaran a trabajar a una fábrica. Frente a ellos, un hombre declara: “¿profesión? soy escritor y, además…toco la flauta”, pero Stern rápidamente alza la voz delante del militar, en defensa del compañero judío, y apostilla: “Moisés es…un obrero metalúrgico cualificado. Sabe hacer ollas, tanques…es muy hábil”. En otra de las escenas, un profesor al que se le ha denegado el permiso por no ser un “trabajador esencial” se cuestiona el significado de esta palabra mientras vuelven a empujarlo hacia la multitud del gueto: “Enseño literatura… ¿cuándo dejó de ser esencial?.

La cultura será uno de los sectores más afectados por la pandemia. Foto: ENGIN AKYURT

La pandemia de la COVID19 también ha puesto sobre el tapete la importancia de los denominados “servicios esenciales”, oficios a menudo precarizados y que se han revelado como fundamentales en los momentos más duros de la crisis. Pero, junto a ellos, existen sectores como las artes y la cultura que, si bien no han sido asumidos históricamente como “esenciales”, han resultado cruciales para el sostenimiento moral, psicológico y espiritual de una sociedad confinada. En expresiones artísticas y culturales hemos buscado el acompañamiento para una soledad y aislamiento que nuestra memoria colectiva afrontaba sin registros de situaciones similares.

Ya en las primeras horas del estallido de la crisis fueron numerosas las iniciativas de artistas que, tras anunciar la cancelación de sus próximas actuaciones, se lanzaron a la retransmisión de conciertos a través de las redes. Jorge Drexler, uno de los primeros, reivindicó “la capacidad de la música para transmitir esperanza, compañía, consuelo, alivio del miedo y, sobre todo, para tejer una red emocional en estos tiempos distópicos” (El Mundo, 14-3-2020).

Las artes escénicas y la música propician la difusión entre la ciudadanía de valores ligados a la cohesión social, a la comprensión del momento histórico que atraviesan sus gentes, sus anhelos, necesidades y contradicciones.

A la composición y difusión viral de canciones compuestas para la ocasión, como ‘Volveremos a brindar’, se unía la recuperación de temas populares que, ante las circunstancias, se convirtieron en un grito colectivo, como la mítica ‘Resistiré’ del Dúo Dinámico. La creatividad permitió a numerosos grupos, tanto de música clásica como popular, aprovechar las plataformas virtuales para “reunirse” y ofrecer su arte de manera altruista y generosa.

“Durante la pandemia la cultura nos salvó de enloquecernos”, afirma Adela MacSwiney, periodista especializada del portal Ibercine. “Hay gente que pudo ver museos a través de redes sociales, de herramientas digitales, hay gente que pudo escuchar ópera, hay gente que vimos películas, series, hay gente que escuchó a sus cantantes preferidos, hay gente que aprendió a hacer recetas de países desconocidos, porque la cultura engloba tantas cosas…”.

La cultura ha sido el amortiguador de una sociedad confinada. Sin embargo, la cara menos visible de esta banda sonora ha sido el golpe brutal que la crisis ha asestado sobre un colectivo ya de por sí caracterizado por la estacionalidad, la intermitencia y la precariedad. Según la Mesa de Artes Escénicas y la Música Covid-19, únicamente en el periodo comprendido entre marzo y mayo de este año se suspendieron unas 30.000 funciones en nuestro país, lo que supuso unas pérdidas de más de 130 millones de euros.

Mediante esta plataforma, entidades que representan a creadores, técnicos de espectáculo, espacios de exhibición, compañías y empresas productoras se unieron en abril para visibilizar la importancia del sector. “Las artes escénicas y la música propician la difusión entre la ciudadanía de valores ligados a la cohesión social, a la comprensión del momento histórico que atraviesan sus gentes, sus anhelos, necesidades y contradicciones”, subrayan los representantes del gremio.

Precariedad y temporalidad, la cara menos poética del sector

Pero detrás de las cifras hay rostros concretos. Olga, violinista y profesora de música en Madrid, nos habla de las condiciones laborales de muchas personas jóvenes que, a pesar de su elevada cualificación, se ven obligadas a compaginar varios empleos, como el trabajo en orquestas privadas y las clases en escuelas de música y particulares, además de actividades extraescolares en colegios y amenizaciones de eventos. “El contrato más común es el de obra y servicio. En el caso de muchos conciertos, si tienes la suerte de que te den de alta en la seguridad social ellos mismos, se hace únicamente para el día del concierto, por lo que los días previos que se dedican a ensayos no aparecen en ningún sitio, no los has trabajado de cara a una cotización”.

Músicos de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid en el festival Fuera de Red. Foto: SANTIAGO ORTIZ

A esta situación se suma la de los contratos por horas, típicos de las escuelas de música privadas, que implican la negación del derecho a cobrar vacaciones, además de la obligación de recuperar festivos y realizar ensayos y actuaciones fuera de horarios, en muchos casos sin remuneración.

Para Santiago Pereira, clavecinista, profesor en el Conservatorio Superior de Música de Badajoz y director del Festival de Música Sacra y Antigua de esta provincia, la situación actual no ha hecho más que poner sobre la mesa una debilidad que ya existía en el sector. “Las malas condiciones laborales se suplían con la cantidad de trabajo pero, al decaer el volumen de forma abrupta, se pone en evidencia una precariedad absoluta en el sistema, sobre todo en la figura del músico freelance”.

La actividad de los profesionales de la cultura, en la mayoría de los casos, conlleva de manera intrínseca la estacionalidad y la intermitencia, lo que se traduce en una gran vulnerabilidad laboral. Esta realidad estructural se ha visto acuciada por la pandemia. Para estos trabajadores y trabajadoras, hacer frente a una cuota de autónomos es difícil, y más en estas circunstancias. Poner solución a esta situación, según afirma Olga, implicaría “una regulación de cachés y servicios, que acabaría con la precariedad y los abusos hacia los músicos, como en el caso de los falsos autónomos, una práctica muy habitual”.

El esfuerzo por construir un tejido asociativo que aglutine reivindicaciones y visibilice intereses comunes adquiere una mayor relevancia a estos tiempos.

Este mal es endémico no sólo en la música y las artes escénicas sino en todo el sector cultural. Tal y como afirma Marta Pérez Ibáñez, presidenta del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC): “el alto número de autónomos intermitentes que por lo general no pueden justificar una cotización continua a la Seguridad Social, impide que puedan disfrutar de subvenciones pensadas para otro tipo de trabajadores”. En este sentido, “las galerías, los comisarios y críticos de arte dependen de ingresos irregulares y estacionales, y su actividad requiere a menudo importantes inversiones previas que, en estos meses, no se han podido recuperar”.

Para el sector del arte “las pérdidas han sido notables y el futuro no se dibuja halagüeño”, subraya Pérez Ibáñez. El confinamiento “no sólo ha afectado el cese en la actividad profesional, el cierre de galerías, la cancelación de exposiciones, encargos de obra, proyectos curatoriales, ferias, sino la inseguridad ante la situación de los próximos meses, la dificultad de planificar nuevas actividades que permitan la supervivencia de esos profesionales”.

Además de los propios creadores, intérpretes o gestores culturales, la precariedad se extiende a los gremios y empresas de servicios que hacen posible el trabajo “entre bambalinas”: técnicos de sonido e iluminación, montadores de exposiciones, empresas aseguradoras especializadas, agencias de management, comunicación o producción…

Unión frente a la adversidad

“Las industrias culturales aportan a las naciones no sólo a nivel de desarrollo de sus habitantes, sino a nivel económico, por ello las instituciones deberían considerar la cultura como algo muy importante y concebir todo tipo de apoyos, de incentivos y de infraestructura para que todas aquellas manifestaciones culturales sean apoyadas y cuidadas”, recalca Adela MacSwiney.

Sin embargo la respuesta de las instituciones ante esta realidad ha sido, en la mayor parte de los casos, desigual e insuficiente. Durante estos meses tanto el Ministerio de Cultura y Deporte como las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos han anunciado medidas de apoyo a la cultura que han ofrecido un pequeño respiro pero no han constituido una solución. Planteadas en la mayor parte de los casos como créditos blandos o como subvenciones accesibles únicamente a las entidades con forma jurídica sin ánimo de lucro, no han servido para resolver las necesidades reales del sector.

Hace falta que tanto administración como instituciones se comprometan realmente, escuchen a los profesionales del sector y adecúen sus recursos a las necesidades reales.

En estos tiempos, el esfuerzo por construir un tejido asociativo que aglutine reivindicaciones y visibilice intereses comunes adquiere una mayor relevancia. En este sentido, comparte su percepción María Casado que ha sido, hasta hace unos meses, coordinadora de la Asociación GEMA (Grupos Españoles de Música Antigua). En su opinión la conciencia colaborativa en el mundo de la música se ha desarrollado mucho en estos últimos meses a causa de la pandemia: “Había colectivos que no estaban unidos y ahora, viendo la problemática a la que nos enfrentamos todos, han considerado que es una de las mejores vías de trabajo”. Responsable de varios proyectos al frente de Juventudes Musicales de España, organización pionera en la promoción musical de la juventud y el talento en nuestro país, Casado cree que vamos por buen camino “aunque aún falta mucho por hacer y, a pesar de que el mundo de la música y de las artes escénicas tiende a ser un colectivo individualista”.

Marta Pérez Ibáñez incide también en la importancia del asociacionismo y el trabajo conjunto. “Es fundamental que se conozca la situación de los profesionales de este sector, las características específicas de su actividad, que se escuchen las demandas y necesidades de los profesionales”. Para la presidenta del IAC, “un sector tan sensible y de tanta relevancia como la creación artística debería estar protegido por estructuras mucho más estables que garanticen su supervivencia en momentos de crisis. Hace falta que tanto administración como instituciones públicas y privadas, antes de sacar adelante medidas a menudo ineficaces, se comprometan realmente, escuchen a los profesionales del sector y adecúen sus recursos a las necesidades reales”.

Un sector valiente y resiliente

En medio de todas estas dificultades, desde el final del estado de alarma, la cultura ha hecho gala de toda su creatividad, así como de una gran capacidad de adaptación para hacer posible el reencuentro con el público en los meses de verano. Adaptando los aforos, asegurando las medidas de distanciamiento e higiene, recolocando butacas o aprovechando espacios al aire libre, hemos podido disfrutar de nuevo de conciertos, exposiciones y obras de teatro.

Los principales eventos, tales como el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro o el Festival de Cine de Málaga –que fue aplazado en pleno confinamiento– han celebrado sus ediciones tras adaptar sus formatos tradicionales a este nuevo escenario. “Se han reanudado los rodajes y se considera que los cines, aunque mucha gente no lo crea, son uno de los espacios más seguros”, subraya Adela MacSwiney. El sector cultural ha demostrado una resiliencia y una actitud de responsabilidad ante la sociedad de la que otros ámbitos de la economía bien podrían aprender.

Descubre la entrevista completa a María Casado en la versión digital de alandar.

Enseñanzas artísticas, la otra vuelta al cole.

En que que respecta al ámbito educativo, las enseñanzas artísticas poseen una serie de características que las hacen especialmente singulares frente a otros estudios. En el contacto directo entre profesor y alumno aún pervive un magisterio intimo entre artista y discípulo, una forma de enseñar que quizá es herencia de la época renacentista.

Transmitir los entresijos de la práctica de un instrumento musical es una artesanía cuidada que requiere de una cercanía física difícilmente salvable a través de una pantalla. Para Santiago Pereira, la adaptación a la docencia virtual se ha visto facilitada por la buena relación con el alumnado. Además, las plataformas que se han generalizado han posibilitado compartir contenidos con muchos estudiantes de forma eficaz.

Sin embargo, afirma que “no hay nada que pueda compensar el trato personal, de la presencia. Por una cuestión energética, por una cuestión emocional y, sobre todo, por una cuestión práctica”. Según él, “la enseñanza de la música tiene un componente físico muy importante. Hay determinadas cosas que es imposible enseñar de forma virtual. Son cuestiones relacionadas con el sonido, lo físico o la puesta en escena”.

Juan Pagán, responsable de enseñanzas artísticas de la Federación de Enseñanza de CCOO Madrid hace hincapié en la necesidad de una vuelta segura a los conservatorios y escuelas de música y, en la medida de lo posible, de forma presencial. “Desde CCOO consideramos que la educación debe ser presencial, pues la tecnología, hoy por hoy, puede ampliar aún más las diferencias de clase. Sin embargo, en una situación de pandemia mundial como la que estamos viviendo, habrá que dotar de los elementos necesarios al alumnado y al profesorado para que, durante el tiempo que haya que dar las clases online, todo el alumnado y todo el profesorado tenga los conocimientos formativos y posea los materiales tecnológicos para que su educación musical no se interrumpa bajo ningún concepto. Y la responsabilidad de la formación y de la dotación de elementos tecnológicos corresponde a las administraciones públicas”.

Descubre la entrevista completa a Juan Pagán en la versión digital de alandar