De nuevo los pobres

Pensando acaso en formular solamente una obviedad, Jesús dijo en una ocasión a sus discípulos: los pobres siempre los tendréis entre vosotros. El paso de los tiempos no ha hecho sino confirmar esa especie de profecía.

En otra ocasión constató también de pasada que los poderosos de esta tierra oprimen a los pueblos y se hacen llamar bienhechores. No hace falta sino echar una ojeada a este mundo para completar esa frase con algunos nombres propios. Más aún: habrá quienes ni se quieran llamar bienhechores, como Javier Milei, quien, con motivo de recibir una medalla en Madrid, se atrevió a decir con contundencia que la justicia social es una aberración. Porque ¿quién es tan estúpido o tan ingenuo como para pretender ocuparse de los pobres?

En todo caso, una mirada honesta a la actualidad no puede sino constatar que los pobres son el principal problema de este mundo. Buscando un ejemplo llamativo, ya dije en un artículo anterior que Estados Unidos, el país más rico del mundo, contabiliza 50 millones de pobres. Claro está que no es igual la condición de un pobre en Norteamérica que en Sudán, pero en todas partes hay personas, familias y grupos que no alcanzan a obtener los bienes que les permitan una existencia estable y un futuro.

Ante esta situación, al menos en Occidente, los ciudadanos se dividen entre los que pretenden que los pobres vivan y los que desean que se mueran.

No es una exageración. Hace poco una concejal de León dijo en un pleno municipal que los inmigrantes eran ratas (¿y qué hay que hacer con las ratas sino matarlas?). Y alguno de los que en las Cortes aplaudieron ocho minutos al Papa ha hecho extremosas declaraciones animando a cazar inmigrantes uno a uno. Estoy convencido de que son muchos los que se han alegrado de los más de 100 jóvenes ahogados en Ceuta. 100 enemigos menos y precisamente por su propia culpa.

Estoy seguro de que quienes lean estas líneas están a favor de que los pobres vivan, pero cada uno ha de preguntarse qué es lo que hace personalmente para que eso ocurra.

Naturalmente, no hay que defraudar en los impuestos, pues de ellos salen las ayudas y las subvenciones, hay que votar a los partidos que apoyen a los pobres, hay que suscribirse a algunas organizaciones que trabajan en ese campo… ¿Y eso es todo?

Muchas veces he citado la frase de Lorenzo Milani, el cura de Barbiana, que procedía de una familia acomodada: “Yo sabía que había pobres, pero nunca los había conocido”. Y es que un cristiano debería procurar conocer a los pobres, trabar relación con alguno, tutelar a alguna familia.

Ciertamente, eso no es fácil, no se puede ir por la calle como Diógenes, buscando un pobre a quien prohijar, pero cuando se escriben estas líneas aún no se ha resuelto la crisis de la invasión de Ceuta y miles de jóvenes siguen durmiendo en la calle o en la playa. Y a las familias cristianas de Ceuta ¿no se les ha ocurrido llevar alguno a su casa durante los días en que la crisis continúe? Sin ánimo de presumir, yo lo haría y no sería la primera vez. Qué ocasión para tomar contacto con los pobres y ayudarlos. No está garantizado que fuera una experiencia totalmente positiva, pero sí les serviría para experimentar la verdad de aquella frase de san Pablo: “Jesús, siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza”. No con su riqueza, con su pobreza.

Autoría

  • Carlos F. Barberá

    Nací el año antes de la guerra y en esta larga vida he tenido mucha suerte y hecho muchas cosas. He sido párroco, laborterapeuta, traductor, director de revistas, autor de libros, presidente de una ONG, dibujante de cómics, pintor a ratos... Todo a pequeña escala: parroquias pequeñas, revistas pequeñas, libros pequeños, cómics pequeños, cuadros pequeños, una ONG pequeña... He oído que de los pequeños es el reino de los cielos. Como resumen y copiando a Eugenio d'Ors: Mucho me será perdonado porque me he divertido mucho.

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