El pasado 13 de noviembre, el salón de actos del Colegio Mayor Chaminade acogió, un año más, la ceremonia de los Premios Alandar. Una ceremonia llena, como siempre, de destellos de esperanza en estos tiempos que la presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas definió acertadamente como “de lodos y guerras”.

Sin ser una ceremonia multitudinaria, estuvo llena de emoción. Muchas personas de larga trayectoria alandariega vencieron la pereza de una lluviosa y fría tarde de noviembre para acercarse a nuestra casa de casi siempre. Venían, como cantaba Mercedes Sosa, “a traer su corazón”. Un bien muy preciado en nuestros días que tantas veces nos parecen terribles, pues es en los corazones en donde anida y crece la esperanza, ese sentimiento que sirve para cambiar personas y mundos.
De esperanza se habló, y mucho, a lo largo de toda la velada. Tal vez por eso la gente sonreía tanto en el ágape fraterno que nos reunió en la cafetería del Chami y de donde nos costó irnos, pues se estaba muy a gusto en medio de tanto corazón. Pero vayamos por orden.
Muchas personas de larga trayectoria alandariega vencieron la pereza de una lluviosa y fría tarde de noviembre para acercarse a nuestra casa de casi siempre
La ceremonia tuvo tres momentos bien diferenciados, como explicaron Pepa Moleón y Luis Miguel Uriarte: la acogida, la entrega de premios y la celebración-reflexión final, protagonizada, como no podía ser menos en el caso de Alandar, por la palabra. La palabra y el canto de Prado Pérez de Madrid.
David Álvarez, presidente de la Asociación Alandar, agradeció a los asistentes su presencia y tuvo un recuerdo para las víctimas de la DANA de Valencia y los voluntarios y los servicios públicos que han acudido en su ayuda. “Este tipo de acontecimientos nos recuerda lo necesario que son esos servicios públicos”, aseguró.
Sin más preámbulo, Cristina Ruiz, tesorera de la Asociación, procedió a leer el acta del premio concedido a la Asociación de Teólogas Españolas (ATE) por haberse consolidado, a lo largo de sus 30 años de historia, como “el foro por excelencia donde tratar los temas de género desde la perspectiva religiosa y fomentar la investigación, el estudio y la publicación teológica hecha por mujeres y desde la perspectiva de la teología feminista… Además de la reflexión y producción teórica, la ATE ha mantenido vivo, e impulsado en la Iglesia española, el debate sobre el papel de las mujeres en la Iglesia y sobre la misma institución, abogando siempre por una Iglesia más horizontal y abierta y menos patriarcal y jerárquica”.
La Asociación de Teólogas Españolas por haberse consolidado como el foro por excelencia donde tratar los temas de género desde la perspectiva religiosa y fomentar la investigación, el estudio y la publicación teológica hecha por mujeres y desde la perspectiva de la teología feminista…
Recogió el premio-diploma y estatuilla de Lentilla, nuestra tortuga-emblema, la vicepresidente de la ATE, Mónica Díaz-Álamo, quien leyó el mensaje preparado para la ocasión por Montserrat Escribano, presidenta de la Asociación. Un mensaje lleno de agradecimiento y, también, de esperanza que recordaba a las fundadoras de la iniciativa: Carmen Bernabé Ulieta, Isabel Gómez-Acebo, Mercedes Navarro Puerto y Esperanza Bautista Parejo y explicaba cómo, a lo largo de tres décadas, la ATE ha recurrido a nuevas herramientas metodológicas, lenguajes, perspectivas hermenéuticas y alianzas con otros colectivos de teólogas europeas y americanas siguiendo las palabras del profeta Isaías: “Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas, alarga tus cuerdas, hinca bien tus estacas”.
El mensaje de la presidenta de la ATE decía que el Premio Alandar les había causado alegría y también sobresalto, pues se lo tomaron como una llamada a la responsabilidad y les llevó a preguntarse qué sentido tiene hacer teología desde las mujeres. “La respuesta que resuena es porque mejora el mundo al hacer más visible la propuesta del Reino de Jesús”.
“Estamos convencidas de que la paz, la liberación y cambiar formas políticas y religiosas pueden ayudarnos a hincar mejor las estacas para que otro mundo sea posible”
Explicaba Escribano en sus palabras que la alegría del Premio no venía acompañada de risas, sino de una “profunda esperanza”: “En estos tiempos de lodos y de guerras reiteramos nuestro compromiso con la paz y la tarea humanitaria para seguir creando espacios de encuentro y de comunión, reflexiones y prácticas que permitan desplegar las vidas de la gente y del planeta… Estamos convencidas de que la paz, la liberación y cambiar formas políticas y religiosas pueden ayudarnos a hincar mejor las estacas para que otro mundo sea posible”.
El otro Premio Alandar 2024 ha sido concedido a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) como “símbolo de todas las personas, pertenecientes a distintas organizaciones humanitarias y en su gran mayoría palestinas, que permanecen en la franja de Gaza, luchando día a día para paliar el tremendo sufrimiento al que está sometida la población gazatí. En medio de un panorama desolador… el personal humanitario de UNRWA y de otras organizaciones se ha convertido en casi el único destello de humanidad y esperanza en un conflicto verdaderamente pavoroso”.
En medio de un panorama desolador… el personal humanitario de UNRWA y de otras organizaciones se ha convertido en casi el único destello de humanidad y esperanza en un conflicto verdaderamente pavoroso
Recogió el premio Raquel Martí, Directora Ejecutiva de UNRWA España, quien trazó un emocionado retrato de las condiciones en las que el personal de la organización está desarrollando sus tareas a pesar de los “ataques incesantes” a los que se ven sometidos. Martí explico que casi el 70% de las escuelas de la organización, utilizadas como refugio por la población desplazada por los constantes ataques del ejército israelí, han sido atacadas y 237 de sus trabajadores y 135 de sus hijos han sido asesinados. También explicó que, pese al horror, sus colegas sobre el terreno intentan seguir desarrollando su labor y puso como ejemplo el éxito de la campaña de vacunación de la polio que ha alcanzado a más de medio millón de niñas y niños gazatíes.
Y, entre las cifras del horror y las de la esperanza -mínima, pero esperanza, al fin y al cabo-, el miedo y el coraje: “Mientras trabajan, nuestros compañeros de UNRWA calculan mentalmente, tras cada explosión, el tamaño, ubicación y proximidad de la bomba al lugar donde están desplazadas sus familias. Siempre manteniendo la incertidumbre de si cuando terminen su jornada volverán a encontrarlas con vida…
«Por favor, no se acostumbren a lo que está pasando en Gaza. No permitan que el ataque a civiles, hospitales, escuelas, refugios y personal humanitario se vuelva algo aceptable»
Mientras leo estas frases, en el Norte de Gaza el olor de la muerte invade todos los rincones. Los heridos y los cadáveres yacen en las calles sin poder ser auxiliados. Israel niega el acceso a los equipos de rescate… El hedor de los cadáveres se mezcla con el olor del miedo de los que todavía sobreviven. El miedo a no sobrevivir un día más, el miedo a no tener con qué alimentar a sus hijos y ver cómo se consumen lentamente sus pequeños cuerpos. El miedo a seguir escuchando las bombas caer y los gritos desgarradores de los heridos y los atrapados bajo los escombros”.
Pese a todo, la intervención de Raquel Martí terminaba con un llamado a la acción: “La ofensiva militar de Gaza está consiguiendo que el poder de las leyes caiga en la irrelevancia. No podemos consentirlo… Les quiero transmitir un mensaje importante de mis compañeros: ‘Por favor, no se acostumbren a lo que está pasando en Gaza. No permitan que el ataque a civiles, hospitales, escuelas, refugios y personal humanitario se vuelva algo aceptable. No dejen de hablar de Gaza, no dejen de hablar de Palestina, no aparten la mirada, aunque duela’”.
El papel de Prado Pérez de Madrid tras estas palabras no era fácil, pero ella y su acompañante al piano, el productor y compositor Luis Pérez Duque, consiguieron recoger el dolor y la esperanza que flotaba sobre los asistentes y transformarlos en espiritualidad y canto.
No era fácil, pero Prado Pérez de Madrid y su acompañante al piano, Luis Pérez Duque, consiguieron recoger el dolor y la esperanza que flotaba sobre los asistentes y transformarlos en espiritualidad y canto
La presentación de los músicos estuvo a cargo de Charo Mármol, de la Junta directiva de Alandar, quien subrayó la figura de esta “mujer polifacética: médica, madre de cuatro hijos, esposa y por si esto fuera poco, todo ello lo combina con la música y la política. Ha sido concejala y delegada Provincial de Bienestar Social, en Ciudad Real. Forma parte de Cristian@s Socialistas. En este campo impartió un taller sobre La espiritualidad de los cristianos en el compromiso político”.
En plena pandemia, abril del 2020, Lala Franco, del Consejo de Redacción de Alandar, le hizo una entrevista para hablar del bellísimo disco de AuraMúsica dedicado a las beguinas, esas místicas medievales que allá por el siglo XIII consagraban sus vidas a Dios y al servicio a los hermanos, pero sin pertenecer a ninguna orden, sin emitir votos y sin aceptar la autoridad de ningún superior. “Trovadoras del Amor” se titula este pequeño milagro estético”, señalaba Lala. Después de este bellísimo disco Prado publica el libro El Beso de Dios donde amplía su investigación sobre las vidas de las beguinas y selecciona algunos de los textos principales de sus obras.
Nos llevamos de vuelta a casa nuestros corazones más calientes, más vivos y gratificados por los destellos de esperanza de los que, a pesar de vivir en tiempos de lodos y guerras, fuimos testigos
Como colofón de este encuentro, y tras las intervenciones anteriores vivimos momentos de magia y hondura a través de tres canciones: “Silencio”, “Siete maneras de amar” y “Trovadoras del Amor”, canciones del disco Trovadoras del amor que arroparon seis pequeños textos seleccionados de artículos, entrevistas y columnas publicados en Alandar a lo largo de este año y leídos por socias y socios alandariegos de entre el público.
A esta montaña rusa de emociones se unieron las de los reencuentros que propició el sencillo convite en la cafetería del Chami. Cuando finalizó, los y las asistentes nos llevamos de vuelta a casa nuestros corazones más calientes, más vivos y gratificados por los destellos de esperanza de los que, a pesar de vivir en tiempos de lodos y guerras, fuimos testigos en la ceremonia de los Premios Alandar 2024.
Algunos momentos de la fiesta. Fotos: Javier Baeza y Cristina Ruiz Fernández
