La lucha campesina en España

portada3-5.jpgA medida que los campesinos se convertían en obreros industriales o trabajadores de los servicios, el país se iba modernizando. Eso nos decían y eso creíamos. Décadas después el sueño desarrollista se ha desvanecido ante nuestros ojos y nos toca dirigir una mirada nueva al medio rural.

Hasta la década de los años 60 los cultivos sostenían económicamente al país. Hoy, en cambio, el sector agrario (la industria agroalimentaria) apenas aporta el 4% a la riqueza nacional, medida por el PIB. A mediados del siglo XX, más de la mitad de la población activa trabajaba en el campo, hoy menos de un millón de personas vive de la agricultura.

A juzgar por estos datos, la España rural vive amenazada de extinción. Pero una cosa es la estadística –y la economía– y otra bien distinta la geografía. El 91% del territorio pertenece a eso que se llama medio rural (en él vive el 31% de la población). Así que todavía queda mucho campo, por el momento, a salvo de las acometidas de la piqueta urbanizadora, ahora en “stand by”. Es más, los nuevos desafíos globales, como el cambio climático, la soberanía alimentaria y el desarrollo sostenible, nos están obligando a contar de nuevo con el mundo rural y a apostar por su transformación.

Viejos problemas

Lo que podemos descubrir es que los viejos problemas (mala distribución de la tierra –ahora también de las subvenciones-, empobrecimiento del campesinado –al que se han sumado los inmigrantes– y caciquismo –ahora llamado posición dominante de los intermediarios) perviven, al tiempo que aparece una nueva sensibilidad ecológica que mira el entorno rural como un bien a conservar y un antídoto contra el vértigo inhumano de la ciudad inhóspita.

Año a año, la renta agraria, la riqueza de quienes se dedican a la agricultura y la ganadería, va disminuyendo. Los precios que se pagan en origen a los productores, en contra de toda lógica, se desploman, mientras suben los márgenes de los intermediarios y los distribuidores finales. Las subvenciones comunitarias se concentran en las grandes explotaciones, en manos de exbanqueros, nobles o corporaciones agroquímicas.

Los jornales tampoco es que hayan aumentado mucho, con lo que hoy, como ayer, el éxodo rural parece la mejor salida, más aún ante la precariedad de servicios públicos. Tampoco han mejorado notoriamente las condiciones de trabajo o al menos no tanto como en otros sectores económicos. Los inmigrantes han sido utilizados para contener las mejoras cuando escaseaba la mano de obra. Ahora que muchos autóctonos han vuelto al campo en busca de un salario, los empleadores no ven motivos para introducir cambios en las relaciones laborales.

La concentración que ha experimentado el sector de la distribución, controlada por un puñado de firmas de grandes superficies, ha servido para apretar aún más las clavijas a los agricultores y ganaderos, imponiéndoles a sus productos unos precios abusivos.

La lucha continúa

Pero la lucha del campesinado no ha terminado. El Sindicato de Obreros del Campo mantiene su esfuerzo por la dignificación de las condiciones de trabajo de los jornaleros y el desarrollo del cooperativismo como solución a la voracidad capitalista. A lo que hay que añadir el impulso regenerador que ha supuesto la aparición de un movimiento social internacional como Vía Campesina, que ha encontrado tierra fértil en nuestro país.

En la rama estatal de Vía Campesina llevan la voz cantante el SOC, la organización profesional agraria COAG y organizaciones campesinas vascas y gallegas. La Plataforma Rural –una alianza de movimientos campesinos entre los que se encuentran los movimientos rurales católicos, Cáritas, Ecologistas en Acción o la Confederación Española de Consumidores y Usuarios– participa en ella como asociada.

Defensa del medio rural

Según Jerónimo Aguado, “Jeromo”, de Plataforma Rural “es una alianza de movimientos campesinos, ecologistas, consumidores y ONGs para el desarrollo, donde confluyen las organizaciones en torno a dos objetivos estratégicos prioritarios. Un objetivo es la defensa del medio rural, creer y creernos que la sociedad del presente y del futuro no tiene salida si no hay un replanteamiento de los modelos de desarrollo. Y ello pasa por la vuelta al medio rural. Es decir, no se puede entender el futuro con pueblos muertos. Eso es una aberración humana, económica, medioambiental y social. Llevar todos los días alimentos a cuatro millones de ciudadanos a Madrid es una auténtica locura. Simplemente porque hemos concentrado a la población en muy pocas ciudades, alejando a los ciudadanos de donde se produce la comida. Y el otro objetivo estratégico prioritario es que no puede haber un mundo rural vivo sin unas agriculturas vivas. Aunque no estamos en contra del turismo rural, creemos que el motor del desarrollo del medio rural tiene que ser la agricultura”.

Para Jeromo, no vale cualquier modelo de agricultura, sino “la agricultura campesina, una agricultura más artesana, más unida a lo local, una agricultura con campesinos y campesinas, no una agricultura “industrial” como la que se esta practicando ahora. Apostamos por una agricultura con agricultores aliados con los consumidores”.

De hecho, empiezan a proliferar grupos de consumo de agricultura ecológica. La autora de “Del campo al plato” (Icaria editorial, 2009) y “Supermercados, no gracias (Icaria editorial, 2007)”, define estos grupos como «colectivos que agrupan a gente de un mismo territorio (barrio, ciudad…) con el objetivo de llevar a cabo un consumo alternativo, ecológico, solidario con el mundo rural, relocalizando la alimentación y estableciendo unas relaciones directas entre el consumidor y el productor a partir de unos circuitos cortos de comercialización”.

La lucha campesina en España continúa, adoptando nuevas sensibilidades, nuevas experiencias, nuevos modelos organizativos y nuevas alianzas. No habrá futuro, ni para nuestro país ni para el resto de la tierra si dejamos morir el medio rural o no lo transformamos. Al fin y al cabo, de él nos alimentamos. Es un combate que, para nuestra propia supervivencia, no podemos perder.

portada3bis.jpgBajo el lema “Por una agricultura y una alimentación libres de transgénicos” Vía Campesina, Plataforma Rural y otros colectivos convocan una nueva “Semana estatal de lucha contra los Organismos Modificados Genéticamente” (entre el 5 y el 17 de abril, que culminará con una manifestación el 17 de abril que llegará a la sede del Ministerio del Medio Ambiente, Medio Rural.

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