Que la vergüenza cambie de lado

Los dramáticos sucesos que estamos viviendo en España desde el pasado 30 de octubre ha hecho, como no podía ser de otra manera, que otros asuntos, también de suma importancia, queden opacados.

Me refiero concretamente al caso Errejón, a su dimisión como diputado del Congreso a causa de una denuncia, en principio, por agresión sexual. No voy a detenerme en este caso particular que nos dejó a muchas personas totalmente bloqueadas, no sólo por la gran decepción que supuso sobre un buen político y defensor de las causas de las mujeres, sino también por lo que esto suponía para la izquierda de este país. Pero, insisto, no voy a detenerme en este doloroso caso.

Estos días me han venido a la mente nombres que, por este mismo motivo -la violencia sexual contra las mujeres- saltaron y siguen saltando a los medios: Plácido Domingo, Dani Alves, jugador del Barça, Gérard Depardieu, Ismael Álvarez, alcalde del PP en Ponferrada y que en 2001 fue denunciado por Nevenka Fernández, el dramático caso de La Manada en Pamplona… y tantos otros.  Pero con ser ésta una lista interminable no podemos perder de vista que es sólo una pequeña punta de un gran iceberg.

El escalofriante caso reciente de Gisèle Pelicot nos lo ha demostrado: una mujer drogada y violada por su modélico esposo y por más de ochenta ciudadanos ejemplares durante más de una década. Ella, una mujer valiente, no ha dudado en dar la cara y denunciar: «La vergüenza no es para nosotras, es para ellos”.

En abril de 2018 Cristina Fallarás lanzó el hashtag #Cuéntalo, invitando a las mujeres a relatar las agresiones sufridas. Han sido cientos, miles las que desde entonces han relatado su sufrimiento vivido en silencio durante muchos años.

Hoy quiero dar mi testimonio personal, para confirmar una vez más, que esto nos pasa a la mayoría de las mujeres, aunque muy pocas sean las valientes que lo denuncian.

Acabo de cumplir 71 años. Cuando apenas tenía siete un amigo de mi padre me obligó a hacerle una felación. Aún no había hecho la Primera Comunión. Me acuerdo que en la confesión no fui capaz de decir esto. Durante muchos años me persiguió la doble culpabilidad: haber realizado un acto pecaminoso y no haberlo confesado antes de la comunión.

Uno de mis abuelos tenía grandes temblores en una mano. Siempre le recuerdo sentado en una silla, encorvado y con la mano temblando, pero esto no era impedimento para que, cada vez que iba a visitarlo y me acercaba a darle un beso, él me tocara el pecho. Nunca comenté esto con nadie.

El padre de uno de mis tíos aprovechó que estábamos jugando tres o cuatro niñas para llevarnos con engaños a un sitio escondido y bajarse los pantalones para enseñarnos el pene. Nunca le dije esto a nadie.

Aquello pasó y hace ya mucho tiempo que dejó de hacer que me sintiera culpable. Hoy sé de quién es la culpa y quién el agresor. Nunca lo había hecho público y lo he comentado con muy pocas, poquísimas personas.

Sirvan estas líneas para animar a aquellas mujeres que han podido sufrir este tipo de violencias a contarlas, verbalizarlas y señalar a los verdaderos culpables #QueLaVergüenzaCambieDeLado.

Sirvan también para que muchas y muchos salgamos a las calles este #25N y nos unamos ante el grito unánime de #BastaDeViolenciaMachista. Queremos una sociedad libre y segura también para las mujeres.

Autoría

  • Charo Mármol

    Nací hace ya mucho tiempo en la huerta murciana. Cuando apenas daba los primeros pasos me trajeron a Madrid y aquí se ha desarrollado toda mi vida, personal, académica y profesional. Hoy estoy felizmente jubilada y jubilosa. Gracias a mi profesión, comunicadora, he tenido la oportunidad de viajar bastante: América, África, Asia, Europa… he conocido distintas culturas, distintas realidades… y según iba aumentando mi conocimiento, iban cayendo mis seguridades, esas que cuando eres más joven te hacen creer que son inamovibles y las únicas verdaderas. He visto de primera mano las injusticias, las desigualdades… por tener distinto color de piel, distinta opción sexual, por ser pobre y sobre todo por ser mujer. A lo largo de mis ya muchos años me he encontrado con mucha gente buena que trabaja por otro mundo posible y distinto. A ellas y ellos uno mi voz y mi trabajo, en la iglesia y en la sociedad, antes y ahora. Hasta que el cuerpo aguante.

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4 comentarios en «Que la vergüenza cambie de lado»

  1. M. Fernanda Domínguez González

    Brava, valiente, me encanta que escribas con total claridad los hechos que a muchas nos han pasado, los consideramos «menores», personales, superamos en silencio las consecuencias,pero todos suman en la cadena de agravios . Gracias por tu valentía.

    1. Gracias por tus palabras M. Fernanda.
      Uno de los motivos por los que me anime a hacer publico estos sucesos después de tantos años, fue pensar que podía animar a otras mujeres a verbalizar y compartir experiencias dolorosas vividas en el pasado y guardadas con vergüenza durante muchos años.
      Así esta siendo. Estoy recibiendo respuestas de mujeres que verbalizan, por primera vez, y ponen voz a su sufrimiento viviendo en silencio durante décadas.
      Un fuerte abrazo

    1. Gracias por tus palabras. Si, fue lamentable y doloroso las huellas de esos sucesos durante años, pero felizmente no marcó de manera dramática mi vida. Pude sanar las heridas y vivir plenamente feliz y disfrutando de la vida. Desgraciadamente no todas las víctimas pueden decir lo mismo.
      Estos días estoy recibiendo muchas respuestas de personas con heridas abiertas a pesar de los años pasados. Verbalizar, compartir, ayuda a cicatrizar.
      Por esto he compartido lo que yo viví.
      Un fuerte abrazo

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