La concentración de las mujeres del pasado 1 de marzo a las puertas de diversas iglesias y catedrales del Estado reivindicando igualdad total marca un antes y un después. Las numerosas adhesiones de congregaciones y organizaciones a un manifiesto firme y sereno junto a la presencia en las calles auguran un movimiento imparable. Ocho de las mujeres convocantes explican a Alandar sus motivos.

Voces de un movimiento histórico

«LA REVUELTA DE MUJERES EN LA IGLESIA: HASTA QUE LA IGUALDAD SE HAGA COSTUMBRE» se lanzó el mes pasado con un manifiesto, recogido por Alandar, con sus principales reivindicaciones para hacer de la Iglesia «una comunidad de iguales», en la que las mujeres sean reconocidas como «sujetos de pleno derecho con voz y voto en todas partes». El Manifiesto y las concentraciones de este 1 de marzo marcan el inicio de un movimiento que parece imparable. Un éxito que ha trascendido las fronteras habituales a base de serenidad y firmeza. Hemos querido preguntar a mujeres de diferente edad y condición, muchas de ellas responsables de la convocatoria y la organización de las concentraciones, por la oportunidad y contenido del manifiesto.

1) ¿Era necesario el Manifiesto?
2) En lo personal, ¿qué te llama más de su contenido?
3) ¿Hay algo que eches en falta o te parezca criticable?

Pepa Torres Pérez

Pepa Torres Pérez soy religiosa, de la congregación Apostólicas del corazón de Jesús. Soy teóloga y educadora social y actualmente, junto con otras compañeras laicas, coordino la Red Miriam de espiritualidad ignaciana femenina, una de las organizaciones convocantes de la Revuelta de las mujeres en la Iglesia.

  1. Hace 20 años tuvimos una movilización similar 500 mujeres del todo el Estado en Madrid en una acción que llamamos el Jubileo de las mujeres y tristemente tenemos que decir que, aunque la sociedad y las vidas de las mujeres han experimentado fuertes cambios, la estructura y la organización interna de la Iglesia se mantiene opaca y resistente a reconocer estos cambios y la aportación de las mujeres en ellos. El clericalismo es a la vez patriarcalismo.
  2. Para mí un hito que marca la necesidad de esta revuelta es lo sucedido en el Sínodo de la Amazonía, en el que a las mujeres nos ha sido una vez más negado el derecho al voto en la toma de decisiones. Por otra parte, el reciente documento del papa Francisco ‘Querida Amazonía’ es escandalosamente prudente en lo que se refiere al acceso de las mujeres a los ministerios y a la cuestión del celibato opcional.
  3. El contenido de la convocatoria de la Revuelta de mujeres en la Iglesia está basado en acuerdos mínimos, ante la diversidad de mujeres y grupos que la constituimos. A mí un aspecto que me hubiera gustado desarrollar más es la negación por parte de la Iglesia a reconocer los feminismos y los movimientos de liberación de las mujeres como un signo de los tiempos. Me parece un grave error con múltiples consecuencias que está haciendo que la Iglesia institucional se haya convertido en uno de los grandes bastiones del patriarcado. Sin embargo, muchas mujeres cristianas entendemos que entre cristianismo y feminismo no tiene por qué haber contradicción y que el movimiento de Jesús inauguró la comunidad de iguales como uno de los rasgos inéditos de la Buena Noticia.

Mayte Pedroso

Militante de la Juventud Estudiante Católica de Madrid.

  1. Este manifiesto no solo lo apoyo desde la necesidad de la igualdad, sino también desde la búsqueda de la coherencia en la construcción del Reino y su justicia, y por tanto desde lo que el seguimiento de Jesús nos impulsa a ser como Iglesia. De lo contrario, estamos echando piedras sobre nuestro propio tejado, agrietando y dejando que se debilite cada día más nuestra casa.
  2. Destaco a nivel personal de su contenido la importancia de que la Iglesia pueda llegar a ser ese espacio referente, donde mujeres y hombres tengan cabida por igual para poder desarrollar sus talentos, esos dones que han sido dados por Él, y que en ocasiones quedan ocultos como “lámpara bajo el celemín”, sin poder dar luz, sin poder ser aprovechados al servicio de la misión, simplemente por la condición de ser mujer. Pero este cambio es estructural, implica tener en cuenta la compleja realidad y por tanto es cuestión de todas las personas que formamos la Iglesia, de nosotras y vosotros. Sé de mujeres que no apoyan o comparten del todo esta reivindicación, con todo su derecho a hacerlo, y sé dé hombres, compañeros de grupo de vida del movimiento al que pertenezco, por los que nos sentimos apoyadas a pies juntillas.
  3. Este manifiesto lo percibo como ese primer desahogo necesario, cuando hay detrás cualquier situación injusta que se ha ido perpetuando a lo largo de siglos, y que en este caso, nos tiene emocionalmente cansadas, porque nos afecta, nos duele, y veo necesario seguir alzando la voz sin olvidarnos de combinar cabeza y corazón, nuestra capacidad de razonar y amar, con talante reivindicativo pero a su vez conciliador, empático, abierto a la escucha, generador de diálogo y debates enriquecedores en medio del encuentro personal compasivo, teniendo como único abanderamiento la persona de Jesús y la concreción real de su Evangelio.

Marifé Ramos

Marifé Ramos, laica, madre de familia. Doctora en Teología Sistemática y Fundamental (UP Comillas). Licenciada en Teología Pastoral (UPS). Licenciada en Ciencias Religiosas (Lovaina). Docente durante 40 años. Cofundadora de Mujeres y Teología en 1986, con otras 7 mujeres. Toda la vida entregada al Evangelio y a la Iglesia, por diferentes cauces.

  1. Sí. Sin duda. Ha sido un hito sentarnos a redactar el mínimo común que nos une a miles y miles de mujeres católicas. Antes nos unía el hecho de trabajar en la Iglesia, con pasión y gratuidad. Ahora nos une también este Manifiesto que nos ayuda a trabajar en red. Este documento marca el comienzo de una nueva etapa. Los lazos entre muchos grupos de mujeres cristianas se han estrechado y hemos consensuado objetivos comunes.
  2. Suscribo todo el Manifiesto, frase por frase. Me parece muy positivo que empieza diciendo quienes somos. No hacemos una crítica desde fuera, como observadoras, sino desde el corazón de la propia Iglesia, a la que pertenecemos y en la que compartimos lo mejor que somos y tenemos.
    Denunciamos con claridad la injusticia y lamentamos que esa situación se perpetúa a través de una mentalidad patriarcal y feudal.
  3. No me parece criticable nada. Incluso con el Evangelio en la mano y los documentos del Vaticano II y del papa Francisco, creo que nos hemos quedado cortas. Denunciamos el sistema económico neoliberal y Jesús fue mucho más claro y atrevido: “si tienes dos capas, da una al que no tiene…” Echo en falta acciones concretas que muestren los pasos que podemos dar para caminar con paso más claro y firme hacia la comunidad de iguales. Pero eso no es propio de un Manifiesto, sino del trabajo posterior de cada grupo, teniendo en cuenta las características de cada comunidad eclesial o colectivo.

Ana Gamarra Rondinel

Doctora en Economía, miembro de Women in Economics (WINE), European Economic Association y del Movimiento de Profesionales Cristianos de Madrid. Colaboradora de Alandar (España), revista Páginas (Perú) y revista Análisis Tributario, AELE (Perú). Principales áreas de investigación: Economía pública, Microeconomía aplicada, Finanzas públicas y Fiscalidad.

  1. Totalmente. El Manifiesto es claramente un signo de los tiempos. Mujeres encarnadas en la Iglesia católica que alzan su voz contra la constante discriminación por parte de la institución y piden una renovación de la Iglesia acorde a las conquistas sociales en igualdad. En ese sentido, como mujeres creyentes, comprometidas con la causa de Jesús, queremos recordar y visibilizar – a través del Manifiesto – que, si para Jesús no hubo diferencias entre hombres y mujeres, entonces ¿por qué no apostar por una Iglesia con rostro de mujer, más igualitaria y fraterna que promueva una cultura de respeto y atención a las causas feministas?
  2. Lo que más me interpela del contenido es la lucha por una moral sexual abierta y no un catálogo de prohibiciones que penalizan a la mujer, el reconocimiento de la diversidad de familias, identidades y orientación sexual, y la denuncia al sistema económico neoliberal que fomenta la feminización de la pobreza y favorece la explotación laboral y sexual de las mujeres.
  3. No, creo que era hora que las mujeres dentro de la Iglesia nos apoderemos de algo… La Revuelta es un kairós, representa un momento propicio, único, condensado, que no se puede desperdiciar ni dejar pasar por alto, especialmente cuando las sociedades en las que vivimos cambian a una velocidad inimaginable.

Mercedes Carrizosa

Soy Mercedes Carrizosa Carrizosa, mujer cura. Así es como me identifican en Google, cuando me buscan. La primera vez que me entrevistó Mary Cruz Soriano en la televisión -Programa GENTE- en Octubre de 1978 tuvo mucha aceptación la presentación de una joven de 33 años que estudiaba teología con vocación de cura, y trabajadora de una gran empresa, Telefónica. Estuvieron llamándome al 004 dos días, colapsando a veces el servicio. A partir de entonces me llovieron entrevistas hasta el 2002 en que fue la última. Un año más tarde, Juan Pablo II cerró la posibilidad diciendo: ¡Ya no se habla más de este tema! Y hasta la fecha no nos han invitado a ninguna entrevista.

  1. Sí, es necesario. ¡Basta ya!
  2. Que a la Iglesia le falta valentía para no quedarse al margen de “las conquistas sociales en igualdad”, para que haya acceso de las mujeres “al diaconado y presbiterado para atender a las comunidades cristianas”.
  3. Me parece criticable que, a partir del momento en que vivimos hay una corriente pastoral en la que prolifera el dar poder de decisión a nivel parroquial a grupos sectarios, como Neocatecumenales y CyL, que están ocupando nuestras parroquias y estamos corriendo el riesgo de quedarnos sin comunidades parroquiales, con lo cual, no vamos a contar con la participación del Pueblo de Dios, según las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

Lola Cabezudo Ibáñez

Dra. En Ciencias Químicas, Profesora de Investigación del CSIC y posteriormente Catedrática de la UCLM. Galardonada con la Medalla de Oro al Mérito en la Investigación y la Docencia 2019. Perteneciente a Profesionales Cristianos.

  1. Absolutamente sí. Es más, si lo hubiéramos difundido años antes, tendríamos nosotras y la misma Iglesia muchos pasos avanzados. Conforme la sociedad ha ido progresando en igualdad más rechina la desigualdad en la iglesia. No obstante, un documento con muchas adhesiones y una manifestación muy numerosa es una herramienta moderna, eficaz para conseguir lo que se exige. ¡Ojala origine un cambio sustancial y no sean necesarias más manifestaciones! Pero si lo fueran allí estaremos todas las que podamos.
  2. Que cuando se adivina la trastienda del Manifiesto, más lamentable es que personas tan valiosas hayan estado subestimadas siempre. Y que la vocación y tenacidad de tales personas las ha hecho seguir trasmitiendo el Evangelio con la máxima fidelidad y con todos los medios a su alcance. Así como el repertorio de temas que necesitan ser considerados de otra manera que la oficial.
  3. No. Salvo el cambiazo que podría experimentar la misa si fueran las mujeres las que diseñaran la participación de los asistentes y las que impregnaran la celebración de pedagogía, sencillez y novedad.

Teresa Pascual Rubio

Integrante de la Red Miriam de Espiritualidad ignaciana femenina.
Soy una de las muchas mujeres creyentes que ha participado en la elaboración y ha suscrito el Manifiesto “Revuelta de mujeres en la Iglesia” de marzo 2020. Vivo en Vallecas. He recibido y agradezco de corazón el don y la tarea de trabajar, educar, aprender y gozar con gente, principalmente mujeres, de este barrio y de Cañada Real Galiana, muchas de ellas en situación de exclusión.
Desde mi seguimiento a Jesús de Nazaret y a su Proyecto de Vida, en una opción de vida religiosa, estoy convencida de la necesidad de unirme a otras muchas mujeres del mundo para, juntas, alzar la voz y visibilizar la gran desigualdad y discriminación que sufrimos las mujeres en la Iglesia. Y apostar así, por una transformación y renovación de la misma, de manera que la dignidad e igualdad sean las señas que la identifiquen.
La historia concreta de mi vida va discurriendo relacionada y enredada con muchas personas y colectivos diversos.
Armonizar la experiencia y el conocimiento de la teología feminista, desde una espiritualidad encarnada y hecha vida en mi condición de mujer, está siendo todo un proceso permanente, lleno de novedad y empoderamiento, que comparto y vivo con otras mujeres. Proceso que me lleva a esta Revuelta en la Iglesia hasta que la igualdad se haga costumbre.


María García Fernández

22 años, Maestra de Educación Primaria especializada en lenguas extranjeras. Participa activamente en la Comunidad de la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada en la Cañada Real. Especialmente comprometida en proyectos con personas migrantes y refugiadas. Apasionada de la fotografía y el diseño gráfico, ha diseñado el logo y los carteles de la Revuelta de mujeres.

  1. En mi opinión era realmente necesario este manifiesto ya que creo que la Iglesia necesita primero de todo reconocer que en muchos aspectos es una institución patriarcal. Y después porque creo que debería tomarse más en serio a las mujeres devolviéndoles la voz y la importancia que durante siglos les ha sido negada. ¿Por qué las mujeres no tienen acceso a todos los ministerios? ¿Por qué la teología feminista no se divulga en las parroquias? ¿Por qué Dios Padre no puede ser también Dios Madre? Creo que estas y muchas otras cuestiones que plantea el manifiesto que hemos creado son preguntas que como Iglesia tenemos que hacernos más pronto que tarde.
  2. Me llama la atención la transversalidad e interseccionalidad del manifiesto ya que no se centra únicamente en denunciar la opresión que como mujeres de Iglesia sufrimos nosotras dentro de la institución, sino que también habla de cuestiones como la feminización de la pobreza, la libertad de las mujeres de vivir una sexualidad libre de culpas y prohibiciones impuestas por una moral sexual creadas por hombres o el reconocimiento de la diversidad familiar.
  3. Siempre hay un margen de mejora en todo, en este caso creo que quizás faltan voces de mujeres de diferentes culturas que hablen en primera persona.