Y cincuenta días de pascua…

En un texto anterior en esta misma cabecera, “Cuarenta días de confinamiento”, reflexionaba a partir del tiempo de desierto de Jesús y vete aquí que ya ha pasado el tiempo previsto y todavía más. Y así estamos en el camino de regreso a la normalidad anterior, lo que en España se ha dado por llamar «nueva normalidad«, cada uno de los estados del mundo encarando la realidad y buscando fórmulas de salida de este desierto temporal de la mejor manera posible para la propia economía, ya sea con o sin acuerdos, llamando a las cosas por su nombre o utilizando eufemismos.

Volviendo a las escrituras, el evangelio de Lucas afirma que, al salir del desierto, Jesús volvió a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo, y que en cada lugar donde iba, enseñaba en la sinagoga, y todos le alababan (cfr. Lc 4,14-15). Ese mismo Espíritu que el día de Pentecostés redefinió la fe para los que estaban escondidos de los judíos y sin entender aun el significado de la resurrección, les dio la esperanza que necesitaban y les animó a salir al mundo en actitud de caridad; infusión de fe, esperanza y amor. El resultado de ello lo conocemos, el mensaje de la Iglesia en estos dos mil años.

Este 2020 será recordado por las (personas) cristianas por el confinamiento obligado y posterior resalir que han coincidido con los tiempos de cuaresma, semana santa y pascua. Este hecho accidental es el que debe llevarnos a preguntarnos, teniendo la mirada en aquel Jesús que enseñaba con palabras y hechos y era alabado por ello, cómo queremos vivir nuestra personal «nueva normalidad», en qué pretendemos ser diferentes: con que ojos la vemos, qué valoramos, qué dejamos de lado y, como fuente y motor de todo, cómo gestionamos el propio ego a partir de ahora.

La fe en Cristo, la esperanza en un futuro mejor y el amor en la acción es la infusión que el Espíritu nos hace en este momento. El cómo expresarlos en nuestra propia lengua de fuego (cfr. Ac 2,3-4) es la parte que nos toca a cada uno y una.

Pentecostés. Foto: Holger Schué
Mosaico de Pentecostés. Foto: Holger Schué

Autoría

  • Sergi Bernabeu

    Educador cristiano, casado. Desde mayo de 2012 escribo el Bloc tunajifunza reflexionando sobre educación, sociedad y teología. Nací en Barcelona pero he tenido la suerte de conocer parte de América Latina y África. En 1996 viví en Paraguay y, desde 2016 tengo segunda casa en Vietnam, donde paso temporadas. La foto es delante de "Nhà Th? Chình Toà ??c M? Vô Nhi?m Nguyên Tôi", catedral Basílica de Notre-Dame de Saigón, actual Ho Chi Minh city.

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