Cuando se nos dice que cerca de 70.000 personas han muerto en la guerra de Gaza, los subrayados marcan falsedades; la primera, que no han muerto, sino que las han matado; la segunda, que no es una guerra, sino un genocidio, como reconoce la propia ONU. “Israel ha cometido genocidio contra los palestinos en Gaza” ha sido la conclusión de la investigación que ha llevado a cabo una Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas, dirigida por Navi Pillay, que presidió el Tribunal Penal Internacional creado a raíz del genocidio en Ruanda y una de las personalidades más respetadas del mundo en este ámbito.
Es difícil mantenerse lúcido y crítico con lo que vienen contándonos medios de todo el mundo, tratando de mantener impune al Estado más impune de la historia moderna.
Apelar a la legítima defensa para justificar el asesinato deliberado y sistemático de trabajadores sanitarios (más de 1.600), de 310 trabajadores de la UNRWA (el mayor número de muertos en la historia de la ONU), de 120 personas pertenecientes a la Academia y más de 250 periodistas, así como miles de cadáveres bajo los escombros de tal devastación, es de un cinismo palmario, aunque ya sabemos que el ejército de Israel maneja baremos en sus manuales de cuántos palestinos valen lo que un israelí.
Se estima que un 80% de los palestinos muertos son civiles y un 70% de los asesinados en viviendas y edificios residenciales eran niños, niñas y mujeres, según datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
La impunidad de Israel es inaudita, pero no difícil de explicar: EEUU en la primera línea de defensa, ahora de una forma más cínica y grosera; una Unión Europea debilitada y crecientemente xenófoba, que se está dejando en Gaza lo poco que le quedaba de unos valores tan pisoteados ya por sus políticas institucionales de doble rasero y por sus agresivas políticas antiinmigración.
Pensemos en los años de plomo del terrorismo en Europa; si la respuesta de los países más castigados hubiese sido masacrar a la población civil de los lugares de donde salían esos terroristas… poco que añadir.
Israel lleva desde 1948 cruzando todas las líneas rojas, nadie, ni siquiera las naciones árabes, ha movido un dedo por el pueblo palestino: expulsados de su territorio, engañados en las “reparticiones” y sometidos a un acoso tanto territorial como de recursos básicos (agua, alimentos e infraestructuras de todo tipo). Ahora la jugada de Israel es ir a por todo: los palestinos no tendrán estado ni territorio viable. La solución final: echar a los gazatíes ya, y seguir cortocircuitando Cisjordania hasta que no quede un territorio palestino unido y comunicado digno de tal denominación.
Gaza no es lo único de lo que hablamos, que ya es mucho e insoportable; hablamos de democracias virando al autoritarismo, hablamos de la quiebra del multilateralismo, de la ONU, hablamos de la ley del más fuerte en cualquier parte, de un patio en el que abundan los abusones. Nos están robando el buen tiempo, el patio y el bocadillo.
Solo nos queda resistir y en la historia no faltan referencias. Siempre es posible vivir con dignidad, con valentía, a pesar de la carga que supone conseguirlo, muchas veces insoportable.
Los cristianos y cristianas tenemos mucho que hacer y que decir; desmontar muchos tinglados pseudoreligiosos, pseudohumanistas. Ser testigos de Jesús de Nazaret compromete a trabajar cuando toca a contracorriente, y parece que es ¡ahora!
