Sacrificios rituales europeos

Los ministros de Agricultura de la Unión Europea debaten hoy sobre un tema crucial para judíos y musulmanes: el sacrificio ritual de animales. La cuestión no es baladí: cada año se matan en Europa casi 360 millones de cerdos, bovinos, ovinos y caprinos y más de 4.000 millones de aves. Buena parte de ellos por motivos religiosos: ya se sabe que judíos y musulmanes tienen sus propios rituales de sacrificio, de cuyo estricto cumplimiento depende que la carne sea pura o impura y, por tanto, se pueda o no comer.

Debido a esas connotaciones, estas muertes de animales por prescripción religiosa están exentas del cumplimiento de la ley, salvo las obligatorias normas higiénicas básicas. Pero eso puede cambiar a partir de ahora. La muerte de animales destinados al consumo humano está regulada por una directiva europea que data de 1993. Pero, habida cuenta de los progresos técnicos, las modificaciones de la legislación europea en materia de seguridad alimentaria y los brotes de enfermedades animales que obligan a sacrificios masivos, la Comisión Europea ha elaborado un nuevo reglamento que, entre otras cosas, establece que, a los animales se les aturda “para provocar un estado de inconsciencia y una pérdida de sensibilidad antes de la muerte o en el momento de llevarla a cabo”, con el fin de ahorrarles dolor.

Esto, claro, ha alarmado a judíos y musulmanes. Así, reunidos en Bruselas, los representantes de las comunidades hebreas de Francia, Gran Bretaña, Suiza, Holanda, Bélgica y Chequia han declarado que esta medida es “absolutamente incompatible con las reglas que exigen que el animal esté consciente en el momento de su muerte”. También se muestras contrarios a las condiciones de inmovilización del animal o la obligación de que la persona encargada de llevar a cabo el sacrificio obtenga un certificado europeo.

La primera batalla del asunto que hoy se decide se libró el mes pasado en el Parlamento Europeo. En nombre de la lucha contra “prácticas bárbaras” o “de otros tiempos”, un grupo de diputados, tanto de derecha como de izquierda, se mostraron partidarios de acabar con la exención “religiosa”. El Parlamento votó por excluir “del campo de aplicación del reglamento los acontecimientos culturales, religiosos y tradicionales cuando el respecto de las exigencias de bienestar del animal alteren la naturaleza propia del acontecimiento concernido” (lo que, dicho sea de paso, incluye las corridas de toros y otros “festejos” seculares que se celebran en nuestro país”).

Pero la decisión final queda al albur de los países miembros que, “previa consulta con las autoridades religiosas” y siempre que “el sacrificio tenga lugar en un matadero con licencia”, pueden mantener la exención “religiosa” o derogarla. Eso es lo que tienen que debatir hoy los ministros reunidos en Luxemburgo. Aunque, decidan lo que decidan, no será desde luego, la última de las fricciones en el proceso de adaptación y convivencia de las distintas religiones en la sociedad laica europea.

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