Apertura en Levante

kiril.jpgParece que soplan nuevos vientos en el levante del cristianismo. Por tercera vez en dieciocho meses, el primado elegido para liderar una importante iglesia ortodoxa presenta un perfil favorable al diálogo, tanto entre la iglesia y la sociedad como entre su comunidad religiosa y las otras tradiciones. La ortodoxia de Rumanía está dirigida hoy por el patriarca Daniel, ardiente militante ecuménico, y el nuevo arzobispo Jerónimo de Atenas fue elegido el año pasado frente a un rival partidario de mantener la política de desconfianza de la iglesia helena. A ellos hay que añadir al patriarca Bartolomé I de Constantinopla, que encarna una clara voluntad de apertura ortodoxa. Habrá que concluir que la crispación identitaria no está ya a la orden del día en la ortodoxia.

La elección esta semana de Cirilo I como patriarca de Moscú –y cabeza, por tanto, de la iglesia rusa- parece corroborar esta apreciación. Los 702 miembros del concilio plenario –obispos y delagados del clero, de los religiosos y de los laicos elegidos en cada diócesis-, reunidos esta semana, lo han preferido para suceder a Alexis II frente a Clemente de Kaluga, candidato de los partidarios de un repliegue eclesial hacia los “tradicionales valores rusos”.

Por el contrario, Cirilo, que arrasó en la primera votación con 508 votos frente a los 169 de su rival, es un firme defensor del ecumenismo y de la apertura a Occidente, como ha demostrado hasta ahora en su cargo de presidente del departamento de relaciones exteriores del patriarcado ruso.

Sin embargo, no conviene caer en el mismo error de interpretación que muchos han cometido –están cometiendo- con Obama: la elección de un líder que suscita simpatías fuera de su tierra no significa que este nuevo dirigente vaya a gobernar según los deseos del exterior. El nuevo patriarca de todas las Rusias tendrá que cuidar ante todo los intereses del pueblo que le será confiado a partir del domingo, tanto frente al poder civil como a las otras confesiones. Y tendrá, sobre todo, que procurar conservar la unidad eclesial que tanto le costó conseguir a su predecesor. Tan es así que que, antes de la votación que le eligió el martes pasado, se sintió obligado en su discurso a recordar el viejo eslogan de la iglesia rusa que “ha resistido con éxito la fuerte presión del proselitismo que viene del extranjero”.

Con todo, su profunda y duradera convicción de la necesidad de una apertura permite augurar que Cirilo I será el primer patriarca ruso en reunirse con el papa de una iglesia católica que, a su vez, debe abrirse a Oriente eliminando muchos de los clichés que aún mantenemos sobre los ortodoxos, auténticos hermanos en Cristo.

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