Estaba preparando mi Mecedora para este mes de diciembre a la que había titulado Atrévete a mirar, cuando veo publicada la columna de mi buena amiga Pepa Torres con el mismo titulo y sobre el mismo tema. Es lo que tiene cuando se camina en la misma dirección
Eso me ha hecho replantearme sobre qué escribir y compartir este mes. Pero he decidido no apartarme de lo que ya tenía pensado; quizás dar alguna vuelta, pero acabaré en el mismo lugar. Me explico.
El 16 noviembre pasado Vigo encendió las luces de Navidad, 11 millones de luces que iluminarán la ciudad durante dos meses.
El 28 de noviembre se encendieron casi 12 millones de bombillas que alumbrarán Madrid, no todo por supuesto. El Ayuntamiento nos dice que no nos preocupemos porque “el alumbrado, que traerá numerosas novedades y llegará a más de 230 emplazamientos de los 21 distritos, continuará siendo totalmente respetuoso con la sostenibilidad ambiental a través del uso de las más modernas y eficientes tecnologías, ya que todo el alumbrado, casi 12 millones de bombillas, será tipo led y se priorizará un mayor ahorro energético y la disminución de la contaminación lumínica en los nuevos diseños.”
Pero sí nos preocupamos. Es más, nos indignamos.
El 28 de octubre el diario El Mundo nos recordaba que “unas 1.300 familias de la Cañada Real madrileña, el mayor asentamiento irregular de Europa, han cumplido este mes cuatro años sin luz y afrontan su quinto invierno sin calefacción”. Y añadía que el Papa no entiende que haya gente viviendo sin luz en una ciudad como Madrid. Yo tampoco lo entiendo y estoy segura de que quien lea estas líneas, tampoco.
Estas luces creo que lo que hacen es ocultar realidades que nos resistimos a mirar porque nos molestan, porque no queremos verlas.
Y ahí es donde se enclava el “Atrévete a mirar” de la campaña de la Fundación Luz Casanova que tan espléndidamente nos ha contado Pepa Torres en su última columna y que yo no voy a repetir. Pero sí quiero contar que esta campaña se enclava dentro del proyecto “Luziérnagas”.
¿Se han encontrado Vds. en alguna ocasión con las luciérnagas? Esos insectos pequeños que brillan en la noche y alumbran los lugares más recónditos, que nos ayudan a descubrir lo que la oscuridad oculta. Cuando me contaron el nombre del proyecto me pareció que no podía haber otro más apropiado: las “luziérnagas” que nos ayudan a descubrir, si nos atrevemos a mirar, ese mundo desconocido y doloroso de las mujeres sin hogar. Les animo a que lean la columna de Pepa y sobre todo les animo a que entren y descubran, si se atreven a mirar, el proyecto LuZiérnagas y el trabajo que están haciendo.
Cuando escribo estas líneas acabamos de empezar el Adviento. En las iglesias y en muchas casas, se ha encendido la primera de las cuatro velas que nos llevarán hasta la Navidad. Un camino que nos invita al silencio, al encuentro con nosotras mismas, a compartir, a vivir la verdadera Navidad, a tener presente, atreviéndonos a mirar, a los más pequeños, a los que menos tienen, a aquellos que en estos momentos anhelan vivir en paz…
Que las LuZiérnagas y el pabilo vacilante de la vela ilumine el camino que las luces de neón y de led intentan ocultarnos.
Feliz, solidaria, fraterna Navidad y hasta el próximo año, si Dios quiere.
